Consejos de los Proverbios

para vivir mejor

Jesús Briseño Sánchez



INTRODUCCIÓN

 

Así dice la Palabra de Dios: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1.7).

 

Cuando Dios puso a Salomón al frente de la nación israelita, le dijo que pidiera lo que quisiera y le sería concedido. Salomón pidió solamente sabiduría, para poder gobernar al gran pueblo de Dios. Le fue dado conocimiento y sabiduría, como a ningún otro antes o después de él; y con la sabiduría vinieron grandes bendiciones materiales: un reino perdurable, victorias sobre todos sus enemigos, una larga vida e inmensas riquezas (1Reyes 3.5-14).

 

Y como nuestro Dios nos ama y quiere nuestra felicidad, tenemos en el libro de los Proverbios una buena parte de la sabiduría que Salomón recibió. Tal vez nosotros no tengamos que gobernar una gran nación ni luchar contra grandes enemigos, pero sí tenemos que gobernar nuestro ser y enfrentar los desafíos de la vida diaria.

 

Las enseñanzas, las verdades y los consejos morales del libro de los Proverbios, prueban su origen en el Santo Espíritu de Dios, no solo porque son infalibles, sino porque tres mil años después, nos siguen hablando con vigencia, siendo efectivos y aplicables a todos los asuntos importantes de esta vida.

 

1.- CONFIAR EN DIOS

 

Así dice la Palabra de Dios: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3.5-6). La Biblia en Lenguaje Sencillo dice: “Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes. Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo”.

 

Para poder confiar plenamente en Dios, necesitamos primero no depender o apoyarnos en lo mucho que sabemos. Por supuesto que nuestro conocimiento es muy importante, pero no debe de ser nuestra principal guía. El poder de Dios tiene problemas para manifestarse en la vida de personas que se creen muy fuertes y autosuficientes. Y es que generalmente, este tipo de personas no toman en cuenta a Dios en lo que hacen, no lo reconocen.

 

Tomar en cuenta a Dios en tus actividades, no se limita a pedirle su bendición o agradecerle por el trabajo, por ejemplo. Es cerciorarse de que nuestras labores no ofenden a Dios, que no son contrarias a su voluntad. Es dedicarse con amor al trabajo y dejar los resultados en las manos de Dios. Es aceptar la bendición que Dios ha decidido para cada día. Es no afanarse y preocuparse por si tendremos lo necesario, es laborar por el pan de cada día teniendo presente que si Dios alimenta a los pajarillos y viste a las flores, no nos dejará a nosotros sin sus bendiciones (Mateo 6.25-34). Confiar en Dios, en su poder y en su fidelidad, nos ayuda a vivir mejor.

 

Tomar en cuenta a Dios es darle a él la prioridad en todo. Es acomodar nuestras actividades de modo que no perjudiquen nuestra obra espiritual. Si nosotros cumplimos ordenadamente con sus mandamientos, y después nos dedicamos a nuestras actividades, Dios se encargará de prosperarnos: “El altivo de ánimo suscita contiendas; Mas el que confía en Jehová prosperará” (Proverbios 28.25).

 

La clave está en no solo creer en Dios, sino también en confiar en él, en que a su debido tiempo cumplirá sus promesas. Hagamos esto no apoyándonos en nuestra propia prudencia; si creó el mundo y el universo, si nos dio la vida y es el arquitecto de todas las cosas, ¡lo más seguro es que tenga más razón que nosotros!

 

Dice el libro de los Proverbios que el que confía en Dios es bienaventurado (16.20), prosperará (28.25) y será exaltado (29.25). ¿Cree usted en esto? ¿O seguirá dejando a Dios en un segundo lugar?


2.- DOMINARSE A SÍ MISMO

 

Dice la Palabra de Dios: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16.32). La Biblia en Lenguaje Sencillo traduce: “Vale más ser paciente que valiente; vale más dominarse uno mismo que dominar a los demás”.

 

Las personas que no conocen a Dios, le dan una importancia desmedida a la fuerza física y a su manifestación. Es aplaudido aquel que vence a otro a los golpes, e incluso aquel que gana discusiones con furia, alzando la voz, amedrentando e insultando a su oponente. Se ve incluso en la política actual; quien grita y hace escándalos asciende más rápido que aquel que tiene mayor capacidad, más experiencia y mejores propuestas.

 

Sin embargo, Dios nos dice que es mejor aquel que es paciente, que tarda en enojarse. El que se enseñorea de su espíritu, es aquel que gobierna su mente y sujeta sus emociones, para poder dirigir sus palabras y acciones. Cuando no existe autocontrol o dominio propio, las experiencias excitan a nuestras emociones o sentimientos y actuamos instintivamente, sin pensar y reflexionar antes.

 

“El que tarda en airarse es grande de entendimiento; Mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Proverbios 14.29). La clave del autocontrol, está en prepararse de antemano, contener lo más posible la respuesta, y diseñarla según lo que sabemos de la Palabra de Dios. Cuando nos damos el tiempo necesario para reflexionar, estamos mejor capacitados para elegir lo que es más justo, razonable, conveniente y espiritual posible.

 

El dominio propio se reconoce más ante la provocación, pero tiene que ver con más áreas de nuestra vida. Quien gobierna su mente para que esta gobierne sus acciones, no solo soporta la provocación, sino que también vence la tentación del pecado, elimina los malos sentimientos del corazón, evita el desorden en su vida. Quien tiene dominio propio tiene autodisciplina. Se duerme a una hora conveniente y determinada, se levanta temprano, es puntual en su trabajo, es conocido por ordenado, responsable y honesto, es ejemplo para su familia, sus hermanos y sus amistades. Su vida es su sermón y las personas creen en él y en su palabra.

 

Quien conquista así su espíritu, es en verdad fuerte y valiente, y vive mucho mejor que aquel que quiere dominar a los demás.


3.- CUIDAR EL LENGUAJE

 

Quien tiene dominio propio, lo muestra en su lengua: “El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad” (Proverbios 13.3). La Palabra de Dios para Todos dice: “Medirse en las palabras es proteger la vida, pero el que habla demasiado termina destruyéndose”. La Biblia Latinoamericana dice “el que vigila sus palabras”.

 

Si alguien logra controlar su lengua, logrará controlar fácilmente todo su cuerpo, y vivirá mejor.

 

Vemos que esta habilidad de hablar bien no se logra automáticamente, no viene sola, ni siquiera con el paso de los años, hay trabajo qué hacer. Es necesario ser un vigilante de lo que decimos. Las palabras tienen un gran poder, sirven para sanar, animar, consolar, amar, elogiar, capacitar, pero también para herir y destruir. Las heridas físicas llegan a cicatrizar, pero las heridas causadas por palabras son casi permanentes. Con palabras podemos hacer vana nuestra fe (Santiago 1.26).

 

La clave de Dios es la misma: deténgase, piense bien lo que va a decir, pese sus palabras, elija las más útiles y luego expréselas con gracia y pureza, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4.6).

 

Otra cosa que ayuda es aprender a no hablar tanto. Entre más palabras diga aumenta la posibilidad de que exprese cosas negativas, falsas o destructivas. “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” (Proverbios 10.19). ¿Le gustaría ser considerado como una persona prudente? Solamente aprenda a refrenar sus labios, a hablar menos.

 

“El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido” (Proverbios 17.27-28). Cuando no frenamos nuestros labios, nos da por intervenir en cualquier conversación, opinar de lo que no sabemos, afirmar lo que no nos consta, juzgar lo que no nos corresponde, exaltar nuestras cualidades, hablar mal del ausente, etc.

 

El buen decir distingue incluso a la mujer que es virtuosa: “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Proverbios 31.26).


4.- GUARDAR EL CORAZÓN

 

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” (Proverbios 4.23). La Biblia en Lenguaje Sencillo traduce: “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida”. La Palabra de Dios para Todos dice: “Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida”.

 

El corazón, nuestra mente, nuestro interior, es donde se atesoran las cosas más importantes de nuestra vida. Es el depósito de nuestro conocimiento, es la fuente de nuestros deseos, la fábrica de nuestras creencias, donde se forma nuestro carácter y se desarrolla todo aquello que afecta a nuestra vida para bien o para mal (ver Mateo 12.35; Mateo 15.19).

 

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo” (Proverbios 23.7). La Biblia de las Américas dice: “pues como piensa dentro de sí, así es”. No podemos saber hasta qué punto nuestros pensamientos nos determinan. En ocasiones, lo que pensamos, lo que decimos y lo que terminamos haciendo, son cosas muy diferentes. La integridad consiste en decir lo que pensamos y hacer lo que decimos.

 

Los fariseos del tiempo de Jesús se vestían muy religiosamente, hacían largas oraciones, pero por dentro estaban llenos de podredumbre. Por eso les ordenaba el Señor: limpia lo de dentro y entonces todo será limpio (leer Mateo 23.25-28). Por eso es muy importante para Dios que guardemos nuestro corazón, porque sin el corazón, todo lo que se haga exteriormente no sirve para nada. En lo que hacemos y decimos, debemos de poner no solo toda la atención, sino sobre todo, todo el corazón.

 

¿Cómo podemos guardar nuestro corazón?: “Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. Dí a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta” (Proverbios 7.2-4). Así como proteges tus ojos ante cualquier aparente amenaza, dedícate a cuidar con diligencia los mandamientos de Dios. Usa tu corazón, tu mente, como una antigua tabla de escritura, escribe en ella la ley de Dios sin que quede espacio alguno. Hazte pariente cercano de la sabiduría y de la verdadera inteligencia.

 

Solo lo bueno puede reemplazar a lo malo, y después del Señor no existe nada más bueno que la eterna y bendita Palabra de Dios, ella es viva y eficaz (Hebreos 4.12). Gracias por su atención a este breve estudio, y que Dios le ayude a vivir mejor.

 

Tonalá, Jalisco – Julio de 2023



¿Qué dice Proverbios sobre…?

 

LA BIBLIA. Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan. (30.5). Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. (7.2-3).

 

EL AMOR. El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas. (10.12). Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece. (27.5-6). En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. (17.17).

 

EL SABIO. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; (3.7). Si fueres sabio, para ti lo serás; Y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo. (9.12). El corazón del sabio hace prudente su boca, Y añade gracia a sus labios. (16.23).

 

LA MENTIRA. El justo aborrece la palabra de mentira; Mas el impío se hace odioso e infame. (13.5). Sabroso es al hombre el pan de mentira; Pero después su boca será llena de cascajo. (20.17). El testigo mentiroso perecerá; Mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho. (21.28).

 

LA ENVIDIA. El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. (14.30). No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo; (23.17). Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? (27.4).

 

EL TRABAJO. ¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; No estará delante de los de baja condición. (22.29). Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida. (24.10). También el que es negligente en su trabajo Es hermano del hombre disipador. (18.9).

 

EL PEREZOSO. El perezoso no ara a causa del invierno; Pedirá, pues, en la siega, y no hallará. (20.4). Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. (6.6-8).

 

EL DILIGENTE. Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza. (21.5). El indolente ni aun asará lo que ha cazado; Pero haber precioso del hombre es la diligencia. (12.27). Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños; (27.23).