Declaraciones del Nuevo Testamento
en la Deidad de Cristo
Por Jesús Briseño Sánchez
en la Deidad de Cristo
Por Jesús Briseño Sánchez
El Nuevo Testamento, como la revelación plena y definitiva de Dios, es aun más abundante y claro al declarar sobre la divinidad de Jesucristo.
Juan 1.1, 14 El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, inicia su Evangelio así: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.
Las primeras tres palabras nos recuerdan a Génesis 1.1; en ese principio remoto, antes de todas las cosas, el Verbo ya era. Esto nos habla de la pre-existencia y la eternidad del Cristo (corroborar en Juan 8.58; Miqueas 5.2; Hebreos 13.8 y Colosenses 1.17).
R. C. Sproul comenta: “En este muy notable pasaje, el logos es, por una parte, caracterizado a distinción de Dios (era con Dios) y luego es identificado con Dios (era Dios). Difiere del Padre como persona pero es uno con el Padre en esencia”.
Más que decir que el Verbo era Dios, según el griego original, kai Theos en ho Logos, dice literalmente: “y Dios era el Verbo”. Así lo vierte fielmente la Biblia de Jünemann, y la Biblia Textual dice: “y DIOS era el Logos”. El apóstol Juan antepone el predicado al sujeto para enfatizar la cualidad divina del Verbo.
Todas las versiones de la Biblia traducen bien este versículo, salvo la Traducción del Nuevo Mundo, inventada por los Testigos de Jehová, que añade la palabra “un”. (Con ello, los Testigos de Jehová se convierten, sin quererlo, en politeístas, pues creen que Jesús es un dios aparte de Jehová).
El argumento de la Sociedad Watchtower para incrustar esta palabra (un), es que en el texto del versículo en griego, las dos veces que aparece la palabra Dios son diferentes. La primera vez (estaba con Dios), el griego dice ton Theon, con artículo determinado. Pero la segunda vez (era Dios), aparece solo Theos, sin el artículo. Por lo tanto, dicen ellos, no se trata del mismo Dios; el vocablo que lleva artículo es Dios, pero el que no lo lleva es un dios de categoría inferior.
Veamos qué dicen los expertos en griego. H. E. Dana y Julius R. Mantey, en su libro Un Manual de la Gramática del Griego del Nuevo Testamento, dicen: “Algunas veces, con un nombre que el contexto comprueba ser definido, el artículo no se usa. Esto hace que la fuerza recaiga sobre el aspecto cualitativo del nombre en lugar de su sola identidad. Un pensamiento puede concebirse desde dos puntos de vista: 1) identidad, y 2) cualidad”.
Entendiendo esto, la ‘falta’ del artículo en la oración en el texto griego, no tiene por objeto minimizar la deidad de Cristo, sino que al contrario, posee la intención de enfatizarla, según el propósito del escritor inspirado.
Ahora, suponiendo que fuera cierto que todas las veces que en el Nuevo Testamento aparece la palabra Dios sin el artículo determinado, puede o ha de traducirse “un Dios”, veamos qué sucede en otros textos, donde aparece así, sin artículo:
“…el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de un Dios” (Mateo 4.4)
“…los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de un Dios” (Mateo 5.9)
“…menospreciará al otro. No podéis servir a un Dios y a las riquezas” (Mateo 6.24)
“…cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de un Dios” (Lucas 1.35)
Haga usted lo mismo, además, en Lucas 1.78; 2.14, 40; 20.38; Juan 1.6, 12, 18; 16.30; Romanos 8.8, 33; 1Corintios 1.1; 2Corintios 1.21; Gálatas 1.3; 2.19, y verá la ridícula consecuencia de esta perversa argucia gramatical.
Será necesario en este estudio referirnos constantemente a la Sociedad Watchtower, a su Biblia falsa, así como a los resultados absurdos de su pésima gramática y traducción.
Romanos 9.5 De la misma manera, el apóstol Pablo, refiriéndose a los israelitas, dice: “De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”.
El erudito bíblico Charles Hodge comenta: “Pablo... declara que Cristo, quien, según lo que acababa de decir, era, en cuanto a su naturaleza humana o como un ser humano, un descendiente de los israelitas, es, en otro aspecto, el Dios supremo o el Dios que está sobre todo, y que es bendito para siempre... Este pasaje, entonces, presenta a Cristo como Dios en el más alto sentido de la palabra”.
Nuevamente los creadores de la Traducción del Nuevo Mundo, añaden una pequeña palabra que cambia todo el sentido de la frase, su falsificación dice: “a quienes pertenecen los antepasados y de quienes [provino] el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, [sea] bendito para siempre. Amén”.
La palabra “sea” no aparece en ninguna versión de la Biblia, en ningún manuscrito griego, ni siquiera en el elaborado por la Sociedad Watchtower, el interlineal en inglés Emphatic Diaglott. Traduciendo al español lo que dice esta última, resultaría así: “…y de quien el Ungido según la carne, siendo sobre todo Dios, digno de alabanza por los siglos. Que así sea”. A su interlineal le añaden la palabra ‘be’ (sea) en el margen, y a su Traducción del Nuevo Mundo se la añaden en el mismo texto.
Además, acerca de los dos puntos después de la palabra carne, nuestro hermano Bill H. Reeves comenta: “Por medio del uso de signos de puntuación, su versión cambia el sentido, haciendo una división entre Cristo y Dios. Su versión da a entender que Cristo provino según la carne, y que Dios que está sobre todos sea bendito, como si Cristo no era Dios. Debe notarse que su Interlineal no sigue la misma puntuación. No pone dos puntos después de la palabra, “carne” (cosa que hace separación de sentido), sino una coma (cosa que indica que algo adicional a lo anterior se agrega), como es correcto. Es un cambio muy sutil, pero logra su propósito”.
Los guías del Atalaya afirman que intercalan palabras en el texto para hacer más claro el sentido. Sin embargo, sus interpolaciones no aclaran, sino que modifican y alteran totalmente el sentido y significado del texto sagrado.
Según el apóstol Pablo, en su naturaleza como humano, Cristo desciende de los judíos pero, en su naturaleza espiritual, es el Dios sobre todo el universo, sobre todas las cosas, incluso sobre los judíos que lo rechazaron y sobre sus criaturas que lo rechazan hoy en día.
Colosenses 1.15 A los colosenses, el mismo Pablo les dice: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”.
Cristo es la imagen de Dios (2Corintios 4.4) y la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1.3). La palabra griega eikon, no trata de una mera semejanza que indique parecido, sino que supone un modelo, prototipo o arquetipo del cual la imagen es tomada y se deriva. John MacArthur comenta: “La palabra griega que se traduce "imagen" es eikôn, del cual se deriva la palabra "icono". Significa "copia" o "semejanza". Jesucristo es la imagen perfecta y la semejanza idéntica de Dios, lo cual significa que Él es Dios y posee todos los atributos de Dios (Flp 2:6; Jn 1:14; Jn 14:9), lo cual ha sido así desde toda la eternidad y hasta toda la eternidad. Al describir de esta manera a Jesús, Pablo recalca que Él es tanto la representación como la manifestación de Dios”.
Como F. F. Bruce bien explica: “Las palabras que pronunció, las obras que realizó, la vida que vivió, la persona que era: todos estos elementos revelaron al Padre invisible. Él es, en las palabras de Pablo, la visible 'imagen del Dios invisible'”. En la persona de Jesús, pues, se ha dado a conocer al Dios invisible (Juan 1.18).
El término primogénito (heb. bekor, gr. prototokos) en la Biblia se usa en dos sentidos: el literal, como el primer nacido (Mateo 1.25), o figuradamente, indicando preeminencia en posición o jerarquía. En este segundo sentido, Israel es llamado el primogénito de Dios (Éxodo 4.22) aunque no era el primer pueblo creado, David es el primogénito de los reyes (Salmos 89.27) aunque no era el primer rey en existir, y Jesús es el Primogénito, o sea, el Señor de toda la creación (cp. Colosenses 1.18). Si es verdad que Cristo es el Creador de todas las cosas (Colosenses 1.16), no podría haberse creado a sí mismo, ni ser creado por otro (leer con atención Isaías 43.10).
Colosenses 2.9 En esta misma epístola, hablando del Hijo, Pablo afirma: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.
El comentarista Richard Lenski afirma: “La plenitud de la Deidad, por supuesto, nunca puede ser dividida. Donde quiera que esta more, mora ‘todo’ lo de esta. La división es impensable. Cristo no podría tener omnipotencia, por ejemplo, sin tener `toda la plenitud de la Deidad’”.
La palabra ‘habita’ es traducción del griego katoikeo, que indica una morada fija, permanente. Que en Jesús habita (tiempo presente) toda la plenitud de la Deidad, es prueba de que era Dios en persona. Si en Jesús no habitaba toda la plenitud de la Deidad, entonces ni su encarnación ni su sacrificio significarían gran cosa, y no habría perdón de pecados ni redención eterna. Pero Cristo es “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1.14).
Deseando disminuir el peso glorioso de este texto, la Sociedad Watchtower lo traduce así: “porque en él mora corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina”. No es, dicen, la Deidad, sino solo una cualidad. (Como si ignoraran, de paso, que la cualidad de algo se dirige esencialmente a lo que ese algo es).
Son tan cínicos en sus propósitos, que en su revista Atalaya de marzo 1 de 1963, justificaron esta versión diciendo que: “La manera en que estas dos palabras han sido traducidas en la Traducción del Nuevo Mundo ha hecho surgir la acusación de que los del Comité de Traducción de la Biblia del Nuevo Mundo permitieron que sus creencias religiosas influyeran en ellos. Esta acusación es cierta, mas no lo hicieron incorrecta o indebidamente. El significado que ha de darse a estas dos palabras griegas depende de lo que la entera Biblia dice con respecto a Jehová Dios y Jesucristo”.
Esta parece más la excusa o justificación de un ladrón confeso que una razón legítima. Reconocen que las creencias religiosas influyeron en sus traductores. Reconocen que no traducen científicamente según el sentido original del idioma, sino que su traducción ha de estar sujeta a sus creencias preconcebidas.
El vocablo en cuestión es theotes, y significa, según el erudito Thayer: “deidad, el estado de ser Dios, Divinidad”. A final de cuentas, en las notas a pie de página de la Traducción del Nuevo Mundo, ellos así lo reconocen: “‘Cualidad divina’ Lit.: ‘divinidad’. Gr.: the- ó·te·tos; lat.: di·vi·ni·tá·tis”.
1Timoteo 3.16 Igualmente dice Pablo: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria” .
¿Quién ascendió al cielo en gloria, después de haber sido encarnado, justificado (o vindicado, Romanos 1.4), predicado a los gentiles y creído en el mundo? Jesús de Nazaret y, según Pablo, Dios mismo.
Algunas versiones modernas, surgidas de manuscritos más nuevos, no dicen “Dios”, sino solamente: “Él fue manifestado en la carne”. Pero aun así, si fue manifestado en la carne, se habla de un ser con existencia previa, que se manifestó como un ser mortal. Además, ¿de qué hombre común se pueden decir las cosas que el texto afirma? Ni siquiera pueden aplicarse al Padre o al Espíritu Santo. Es el Verbo Eterno de Dios el que fue hecho carne (Juan 1.14), hecho semejante a los hombres (Filipenses 2.7), muerto en la carne (1Pedro 3.18), por ser así necesario (Hebreos 2.14).
Charles Spurgeon argumenta con mucho ingenio y con mucha razón: “…si el texto no dice que Dios fue manifestado en la carne, ¿quién dice, entonces, que fue? Fue un hombre, o un ángel, o un demonio. ¿Nos dice que un hombre fue manifestado en la carne? Con seguridad no puede ser ésta la enseñanza, porque todo hombre es manifestado en la carne, y no hay sentido al hacer tal afirmación referente a un mero hombre y luego llamarle un misterio. ¿Fue, entonces, un ángel? Pero ¿qué ángel se ha manifestado nunca en la carne? Y si lo fue, ¿sería por cierto, un misterio que hubiera sido visto de los ángeles? ¿Es una maravilla para un ángel ver a otro ángel? ¿Podrá ser que el demonio fuera manifestado en la carne? Si es así, él ha sido recibido arriba en gloria, lo que esperamos no habrá sucedido. Por lo tanto, si el que fue manifestado en la carne no fue un hombre, ni un ángel, ni un demonio, con seguridad debe haber sido Dios; y así, si la palabra no está allí, debe estar el sentido, o hay un contrasentido. Creemos que si la crítica pasara el texto por un molino, no sacaría ni más ni menos que el sentido expresado en nuestra magnífica versión antigua: “Dios fue manifestado en carne”.
Tito 2.13 Asimismo escribe Pablo, ahora a Tito: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.
Jesucristo es nuestro gran Dios y Salvador, según el texto griego original.
Nuevamente, la Traducción del Nuevo Mundo introduce una palabra, el artículo ‘del’, que cambia todo el sentido a la frase: “mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y de[l] Salvador nuestro, Cristo Jesús”. Sin embargo, en el griego hay un solo artículo, por lo tanto ambos títulos o palabras (Dios y Salvador), son predicados de la misma persona: Jesucristo.
Es el mismo caso del apóstol Pedro quien dice: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra” (2Pedro 1.1). La Sociedad Watchtower introduce el mismo artículo ‘del’ para producir engañosamente la misma distinción entre Dios y Salvador. Su perversión dice: “Simón Pedro, esclavo y apóstol de Jesucristo, a los que han obtenido una fe, tenida en igualdad de privilegio con la nuestra, por la justicia de nuestro Dios y de[l] Salvador Jesucristo”.
(En ambos textos colocan una ‘l’ entre corchetes, para fingir que solo añaden esa letra, pero en realidad han añadido toda la palabra).
El erudito en griego A. T. Robertson, lo explica así: “el único artículo (tou) con theou y sötëros demanda precisamente como con tou kuriou hëmön kai sötëros Iësou Christou (de nuestro Señor y Salvador Jesucristo), una persona, no dos”. Robertson llama la atención al hecho de que, en varios pasajes de la misma carta de Pedro, la Traducción del Nuevo Mundo traduce correctamente Señor y Salvador, pero aquí inventan un artículo por así convenir a sus creencias.
Testimonio igual da el comentarista John MacArthur quien dice: “La construcción griega solo tiene un artículo antes de esta frase, así que toda la frase se refiere a la misma persona. De esta manera, Pedro identifica a Jesucristo como Salvador y Dios al mismo tiempo”.
Hebreos 1.8 El escritor a los hebreos se refiere a una profecía divina respecto a Jesús: “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino”. (Ver Salmos 45.6).
En este pasaje, los Testigos de Jehová cometen uno de sus yerros más absurdos. Su perversión del Nuevo Mundo dice: “Pero respecto al Hijo: “Dios es tu trono para siempre jamás, y [el] cetro de tu reino es el cetro de rectitud”. No encontrando mejor forma de evitar la sencilla declaración de que el Hijo es Dios, terminan por decir, ridículamente, que Dios ¡es el trono del Hijo! Luego Jesucristo es rey, tiene el cetro real y además, Dios es su sentadero (y esto ¡por el siglo del siglo!), según los Testigos.
Más que una simple tergiversación, esto es una repugnante blasfemia. Cabe la pregunta: ¿Quién es superior: el rey o la silla donde se sienta? La verdad es que aquí Dios mismo declara que Cristo Jesús es Dios y reina para siempre.
¿De dónde toman los Testigos de Jehová esta frase para su Traducción del Nuevo Mundo en español? Pues el Emphatic Diaglott, el interlineal griego-inglés en que presumen basarse, traduce esta frase correctamente. Dice: “But to the Son: Thy throne o God is for the Ages”, que en español sería “Pero al Hijo: Tu trono, oh Dios, por las edades”. ¿Se da cuenta de la malicia de esta moderna sociedad religiosa?
1Juan 5.20 Volviendo con el apóstol Juan, leemos: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”.
Juan termina su carta dando la conclusión al principio de ella, donde había dicho: “porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1Juan 1.2). Aquella vida eterna estaba con el Padre y se nos manifestó (Juan habla como testigo presencial). Ahora dice: estamos en el Hijo, en el verdadero Dios y la vida eterna.
Aquí cabe hacer notar, que la Traducción del Nuevo Mundo vierte correctamente este pasaje (1Juan 5.20), pero ellos afirman que se está hablando del Padre, y no del Hijo.
El interlineal de Westcott y Hort, que los Testigos de Jehová ven con buenos ojos, dice: “Hemos sabido pero que el Hijo de el Dios ha venido y ha dado a nosotros percepción mental para que estamos conociendo a el Verdadero y estamos siendo en el Verdadero en el Hijo de él Jesús Ungido Este está siendo el Verdadero Dios y vida eterna”. Haciendo una lectura normal, así como traducen todas las versiones de la Biblia, Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna. Lo natural en gramática es que la palabra ‘este’ se refiera al último mencionado, el antecedente inmediato; debe existir una razón de peso para que esa palabra se refiera al antecedente remoto. En este caso, si la palabra ‘este’ se refiriera al Padre, entonces Juan está concluyendo su carta dándole importancia crucial a algo que todos ya sabemos: que Dios es el verdadero Dios.
Juan 20.28 El testimonio, reconocimiento y reverencia de uno que dudaba: “Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”.
John Stott comenta: “Tomás, sobrecogido de asombro, grita: '¡Señor mío y Dios mío!' Jesús acepta los títulos. Reprende a Tomás por su incredulidad, pero no por su adoración”.
Algunos Testigos de Jehová de poco conocimiento, dicen que aquí Tomás no está dándole estos títulos divinos a Jesús, sino que está exclamando solo una expresión de asombro. Esto no es posible, porque los judíos no hacían eso que en nuestra cultura es tan común, de mencionar así en vano el nombre de Dios. De haber sido así, Jesús lo habría reprendido. En lugar de esto, Jesús mismo nos explica el significado de esa declaración: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20.29). ¿Acaso Cristo también entendió mal? Si usted, amable lector, es de los que aún dudan, crea por medio del convencimiento y confesión de fe de este testigo presencial.
Concluimos entonces, que el Nuevo Testamento, así como el Antiguo, proclama y afirma, sin lugar a dudas, la divinidad de Cristo.
Capítulo 2 de mi sencillo libro
"La Deidad de Cristo"
Capítulo 1: La Voz de la Profecía
Capítulo 3: La Adoración de Cristo