Cuando parecía que Dios hizo el fuego, no hizo El fuego, sino la Familia de los Fuegos, los fuegos nuevos y los fuegos viejos. Y la más pequeña de todos era esta Brasita, sumamente juguetona. Dios les había dado un lugar donde quedarse a todos, pero ella jugaba y correteaba a los pájaros, prendiendo fuego en la tierra.
Su naturaleza no era ser fuego, sino ser pájaro y Dios se lo concedió y fue pájaro para representar al espíritu del fuego. Si lo ves en el monte, va saltando de acá para allá. Tiene alma de pájaro, tiene su libertad pero sin hacer daño.
Este relato ha sido parte de las memorias en las Sierras de Pocho y transmitido de generación en generación en las familias de la Comunidad La Unión, en la Canchira, la Madre Sierra.
Disponible en Cuentos de la Canchira
Editorial Indígena HEN, 2026.