El zorro dañineaba mucho, por ejemplo, robaba pollos y gallinas en el vecindario. Cansados de la situación, a algunos animales se les ocurrió asustarlo prendiéndole fuego en la punta de la cola.
El zorro empezó a correr como loco buscando un lugar para apagar el fuego. Y lo primero que se le ocurrió fue zambullirse en una parva de alfalfa, porque ahí tenía una madriguera. Entonces, todos, desesperados, comenzaron a gritarle:
—¡A la izquierda, zorro, a la izquierda! —porque se iba derecho a revolcarse a la parva de alfalfa. Y pudo apagar el fuego, nomás, pero les ha quemado toda la parva de alfalfa. Entonces, por hacerle ese mal al zorro, los animales se quedaron sin alfalfa.
tomado del libro «Los estantes de la memoria. Cuentos y leyendas desde Sinsacate», editado por Patricia Rionda, Mariano Brinnand, Pablo Rosalía, Ángeles Cancela y María Rosa Ponce. El relato elegido fue narrado por Mara Arias, del paraje San Pablo.
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QRLIJ-octubre 2024