Yo me llamaba Suquía:
este nombre me quitaron.
Que de nuevo me lo den,
que así quiero ser llamado.
Suelo llorar en las tardes
esta agua mía llevando.
Entre lágrimas a veces,
entre lágrimas resbalo.
Y es que lloro el nombre mío,
el nombre que me quitaron.
Sauces que a mi orilla visten
entre rumorosos álamos,
saben decir todavía
el nombre con que me llamo
en las lenguas de sus hojas,
toda de murmullos claros.
Los álamos, cielo arriba;
los sauces corriendo abajo
dicen: Suquía... Suquía...
Suquía el viento del campo.
Pero devolvedme el nombre,
el nombre que me han quitado:
que quien lleva nombre necio
no ha de hacer de amor milagros.
de Arturo Capdevila, tomado del libro de lectura
Córdoba de las campanas, de Lidia Beatriz Ferreyra, editado en 1989.
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QRLIJ-Octubre 2025