Cuando el campo está más solo,
y la casa, en paz, abierta,
aparece por la puerta,
muy si señor, el chingolo.
Viene en busca de una miga
o una paja de la escoba,
que, ciertamente, no roba,
porque la gente es su amiga.
Salta, confiado, al umbral,
y solicita permiso,
con un gritito conciso
como pizca de cristal.
***
En el silencio y la paz
de una estudiosa mañana,
se asoma a la escuela aldeana
como anunciado solaz.
Curí... curí... Y desde el seto
que trenza su verde cinta,
trae, en fragancias de quinta,
la tentación del asueto.
O en el patio de la escuela,
su saltito impertinente,
parece que eternamente
va jugando a la rayuela.
Chingolito de mi vida,
que fuiste mi compañero
en el tiempo placentero
de la inocencia florida.
Quién me diera, sin retardo,
volver a aquella delicia,
como en la estación propicia
le vuelve la flora al cardo.
Leopoldo Lugones
tomado de Páginas con Córdoba, de Blanca Di Tella de Uriarte, editado por Aique en 1989.
QRLIJ-mayo 2025