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Las paredes humeaban calientes, el humo estancado escapaba perezosamente por debajo de la puerta de la celda de acero cromado. No había espacio para que la luz del sol brillara, excepto por algunas fisuras en los lados superiores de cada pared decadente. A medio camino bajo tierra, atrapado en la penumbra. Los rayos se filtraban en forma de arañas radiantes y espectros de color tamizados en los sofocantes y encharcados suelos de baldosas. Patrones estelares de beige y gris. Sentía las extremidades y la parte superior de la espalda entumecidas, como si una colonia entera de hormigas hubiera invadido su cuerpo, arrastrándose bajo su piel sudorosa. Una gota de sudor salado quedó atrapada en sus pestañas y por sobre su párpado inferior, ardió. Vomitó. Wyatt parpadeó apresuradamente con el ceño fruncido, la caldera de carbón en el vientre de la celda llevaba ya unos minutos cocinándolo. La escotilla del calentador estaba abierta de par en par.
¿Cuál era la intención de estos calentadores de agua incorporados a las celdas? Forzar la deshidratación de sus víctimas, además de las cómodas duchas calientes para los cadetes y otras comodidades en los pisos de arriba.
Jadeó con un sabor asqueroso en la boca, le habían encadenado por los tobillos. Sus cadenas hacían palanca en el techo de ladrillo raspado y marcado por rasguños, mientras que sus manos habían sido esposadas a la rejilla de la alcantarilla que recogía toda la humedad de la habitación. Sus discos vertebrales fijos habían acabado cediendo a la gravedad tras un mes y medio de tortura
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cervical. La agonía y el tormento, insoportables. Solo llevaba su ropa interior empapada de sudor. El sudor goteaba desde su tupida barba hasta su escaso cuero cabelludo.
No mucho después de los primeros días de un estéril interrogatorio en el departamento de policía, Jesse Mcallister había recibido la orden de los Visitantes de llevar a Wyatt al Fuerte Yggdrasill. Una fortaleza militar situada cerca de las pistas de aterrizaje de Nooktown, hangares rodeados de colinas, una instalación anticuada con propósitos poco claros dados al público, excepto la justificación obvia del valor detallado de la carga y el control de las condiciones sobre dichos productos. Solo un montón de palabras escogidas a mano para ocultar la obsesión del gobierno como bestias de la soberanía. Yggdrasill—llamado así por el inmenso árbol mítico de la cosmología nórdica—donde Wyatt fue retenido como rehén bajo primitivos y brutales dispositivos de tortura y expuesto a un hambre extrema, había sido habitado por militares durante siglos, desde la época en que la estructura formara parte del primer puñado de fortalezas construidas y diseñadas nada menos que por la reina Isabel I, allá por el final del siglo XVI. Roanoke—originalmente una colonia inglesa asentada en 1585, como un pequeño trozo de tierra descubierto accidentalmente por Sir Humphrey Gilbert mientras se perdía en el mar de camino a Inglaterra—fue abandonada por el regimiento de la Reina poco después de la construcción de las dispersas fortificaciones debido a las acaloradas discusiones con el pueblo Renou que la habitaba, quienes procedían de los vikingos Sami asentados desde la Edad de Piedra. Los sabios habitantes Renou habían afirmado que el suelo estaba consagrado por apariciones—antes de cualquier altercado con los colonos—que les habían advertido desde el principio de los tiempos sobre lo que estas entidades llamaban ‘La Garra de los Hombres Modernos’. O el auge antes de la perdición. Una desgracia cósmica.
El Fuerte Yggdrasill, aunque arcaico, era toda una concepción. 4,5 acres y seis puertas adamantinas. Un pabellón exterior y otro interior rodeados de muros de piedra astillada, marcos de roble ennegrecido y herrajes fijados con pernos de horquilla. Más esqueletos de madera dura y ladrillos refractarios para los edificios del recinto. Techos de dos aguas y ventanas inglesas con cerchas blancas. Cada edificio tenía tres pisos, que incluían las dependencias para los miembros
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del servicio militar y de inteligencia. Oficinas, salas de pruebas y de investigación. Y también una cafetería.
El alguna vez taxista, en su delirio—o más bien no—observó de arriba abajo como salían pequeñas esferas de luz de las paredes calientes desde todos los puntos de la aislada celda. Su visión estaba nublada por el desmayo y el vapor, pero pronto sus oídos captaron susurros y murmullos. Hasta que estos se convirtieron en un concierto de voces, como si estuviera a la mitad del mar. Wyatt miró a su alrededor desorientado, mientras intentaba descifrar cómo tales esferas de luz tan diminutas podían producir tales ruidos sin alertar a ninguno de los guardias en el exterior.
“No debemos perder tiempo . . . antes de que el Cosmos cambie de opinión . . . ” Una voz susurró, provocando un debate entre sus compañeros.
“No, esto nos llevará a la ruina. Está lejos de nuestra jurisdicción.”
“El destino es el destino. No necesitamos un tribunal para esto. Nuestra función como Defensores del Resplandor es velar por los afines al gran orden orgánico.”
“El Cosmos no comete errores, ¿verdad? Ella ha llamado nuestra atención sobre esta situación. No podemos ignorar sus deseos.”
“¿Es esto realmente lo que quiere? Si es que interferir con las fuerzas supremas es lo que estamos haciendo ahora, entonces los habitantes Renou . . . ”
“¡Silencio! Guarda tus palabras para el tribunal. El humano está escuchando . . . ”
“¿Deberíamos hacernos presente físicamente a la sesión? ¿Será este humano un problema?”
“Seguramente encontrará su camino hacia la tumba antes de que expire el juicio, no dejes que Krishanu sepa que he dicho eso, en este momento Marut no puede contener la ira de su gemelo ella misma.”
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Como si alguien hubiera encendido la luz de un plano de existencia oculto, Wyatt pudo ver de repente lo que no se podía ver. Un macabro enjambre de apariciones se había concentrado a su alrededor. El mismo suceso del que había sido testigo fuera de los pastos de Nooktown. Sin embargo, ahora podía distinguir su verdadera forma con sus propios ojos y no a través de los velos de la oscuridad. Cuernos caducos de todos los tamaños, enmarañados y retorcidos. De material de color marfil y cuencas oculares vacías, vestidos con batas de patrones sublimes. Algunos con colores que él sabía que no existían. Sus estructuras óseas, sin embargo, se asemejaban a las de las personas, inigualables a veces, pero con cabezas semicónicas. Carcasas anchas, estrechas y de huesos gordos, pero sin mandíbulas.
Wyatt no prestó atención en su agonía. Cuestionar su juicio era algo que se negaba a hacer en un estado tan avanzado de sufrimiento. Sin embargo, no podía desestimar cómo estos espectros habían plagado su razonamiento desde el momento de su llegada.
“Hagan un poco de espacio para el resto de nosotros, ¿quieren? El tribunal entrará en la sesión en cualquier momento, almas rencillosas.” Los murmullos y los susurros volvieron a aparecer cuando otro de los suyos se abrió paso hacia el prisionero. Este espectro, en particular, estaba rodeado de chispas flotantes. Brillaba como una nebulosa dorada y sus cuernos de ciervo parecían los de un sauce sin hojas.
“¡Krishanu! Gemelo mío, ¡espera!” A lo lejos seguía un pequeño reflejo enmarcado del recién llegado. Una hembra rodeada de chorros de céfiros y que brillaba como una gema de zafiro.
“¡Marut! Ayúdame a apagar el fuego.” Su hermano gemelo, Krishanu, llamó con el mayor sentimiento de desafío. “No mostraremos ninguna cortesía a estos espíritus partidarios. Estoy tremendamente decepcionado por cómo nuestro título de Defensores del Resplandor ha caído por intereses personales.”
Su hermana respondió con una suave inclinación de cabeza y apagó el fuego del interior del dispositivo de tortura con un movimiento de sus huesudas manos. A continuación, su gemelo miró
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las piernas encadenadas de Wyatt con una mirada desagradable, quemando las voluminosas cadenas con llamas sagradas.
El debilitado cuerpo de Wyatt cayó al suelo de golpe, y aquel golpe lo devolvió a una realidad agitada. Miró a su alrededor, con el costado, presionado contra el suelo húmedo y encorvando las piernas por el dolor. Sobresaltado, como si semanas de tortura le hubieran impedido a su mente comprender plenamente su entorno.
“Tú . . . tú . . . ” fue la única palabra que salió de una boca llena de galimatías mientras evaluaba los rasgos de Krishanu.
“Quédate donde estás, humano. Necesitarás descansar para lo que pueda venir . . . ” El fantasma respondió, antes de mirar al resto de los observadores espectrales. De repente, todos ellos se desvanecieron y el prisionero esperó lo inesperado.
Las paredes se extendían hasta formar una sala de codos, aparentemente infinita desde cualquier punto de aquel nuevo espacio místico hecho de blancura y pilares de luz. En su centro apareció una mesa de juez de tribunal circular con tonos de mármol, una torre con cinco asientos con reposabrazos de complejo diseño. Dos sillas por encima y tres por debajo. Este extraño mueble en forma de torreta estaba rodeado por un sinfín de filas de asientos para los que iban a presenciar el extraordinario juicio, junto con el palco del jurado. En un instante, las filas se llenaron de espectadores. El fantasma, en compañía de su hermana gemela, se alzaban entre los observadores y la torre de asientos vacía que pertenecía a los grandes jueces. Un espacio en forma de anillo en el que los implicados en el caso podían recorrer toda la sala, buscando el apoyo del jurado.
Fue una apertura anticipada de la ceremonia cuando los cinco grandes jueces entraron en los tribunales espirituales. Una cruda sinfonía de tambores con un coro que parecía venir particularmente de ninguna parte, excepto del pálido techo desde el que más seres podían observar el camino desde una cúpula invertida. Los cinco grandes jueces—la autoridad en este reino—eran seres colectivos que compartían muchas similitudes encarnadas con los que les rodeaban en la sala infinita, huesudos, con cabezas espinosas y ojos vacíos. Sin embargo, sus carnes
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frías eran extrañamente esbeltas y más altas que cualquier criatura que Wyatt hubiera visto, de tres metros de largo como mínimo. Podía ver las obras de todo ello como una proyección a través de sus ojos dentro de la celda de la prisión. Todavía esposado y agachado en el suelo.
Las cinco opulentas criaturas cayeron para tomar asiento, sus largas vestimentas se acomodaron lentamente como si el lugar careciera de gravedad. Sin mediar palabra, procedieron a centrar su atención en los gemelos fantasma. Marut y su hermano bajaron rápidamente sus miradas en señal de reverencia, con notable respeto. Los Cinco Poseedores de la Iluminación, o lo que es lo mismo, los cinco grandes jueces, estaban compuestos por un único espíritu dividido en cinco. De nombre Gurdaat—todos ellos una parte sensible de ese espíritu colectivo—se sentaban en todos los asientos elevados por la torreta.
“Krishanu, La Llama. Has pospuesto este juicio en varias ocasiones . . . ” afirmó Gurdaat con rasgos estoicos. “Incluso cuando fuiste tú quien nos convocó en primer lugar, es inequívoco para todos en esta sala que incluso tú dudabas de los resultados de lo que llamabas una nueva epístola del Cosmos. Dime, ¿qué ha trascendido? ¿Por qué has cambiado de opinión?”
“Queridos compañeros Defensores.” El gemelo de Marut comenzó. “Y queridos grandes jueces, los Cinco Poseedores de la Iluminación. Mis convicciones no han flaqueado, ni un solo día. Pero soy consciente de que este juicio no tendría razón de ser si no viniera preparado para ello. O mejor dicho, recordarles a todos que nuestro único propósito en este mundo era y es luchar contra ‘La Garra de los Hombres Modernos.’”
“Prosigue,” respondió Gurdaat. Una reacción plana, pero aun así humildemente esperada por el fantasma.
“Llevamos unos cuantos siglos operando con poca guía del gran orden orgánico. Perdimos contra ‘La Garra de los Hombres Modernos’, pero nunca nos recuperamos. Nos hemos extraviado porque seguimos siendo perdedores de esa batalla. Creo que esta nueva epístola que me han otorgado pide nuestra atención, una nueva batalla contra Roanoke, su gobierno y sus fuerzas militares.”
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“Krishanu, La Llama, sigues hablando de una nueva epístola, pero según nuestros funcionarios, eres el único Defensor del Resplandor que la ha visto. Tal vez tenga que recordarte que una epístola verdadera se muestra a todas las criaturas del mundo salvaje sin excepciones. Animales, entidades naturales y todos los seres espirituales forjados sin recipientes humanos. ¿Puedes aclarar tus intenciones?”
“Mis buenas intenciones permanecen intactas, me conoces bien. Creo que es hora de que comparta mis pensamientos sobre las evidentes contradicciones de mi declaración. Creo que la nueva epístola ha llegado a los animales y las entidades naturales sin complicaciones, y también creo que soy el único Defensor del Resplandor que ha recibido tan buenos augurios para entregarla a mis compañeros. No porque no sean dignos, sino porque esta misión no tendrá éxito si todos nos sentimos cómodos esperando que el Cosmos actúe solo. Creer en lo que no todos podemos ver. Puede parecer ridículo. . . ” El gemelo de Marut reflexionó para hacer mejor uso de sus palabras, “pero a todos nos falta aprender lo que significa verdaderamente ‘La Garra de los Hombres Modernos’, para que sea derrotado.”
“¿Sugieres que encontremos la disciplina interior a manos de un mortal de tu elección?” Preguntó Gurdaat, notablemente desconcertado por las palabras de Krishanu, simpatizando con la muchedumbre molesta.
“Wyatt Elsner, el humano que está aquí ante tus ojos, no es un profeta, sino una herramienta a pesar de sus controvertidos orígenes. A lo que me refiero es que él no está bajo su mirada escrutadora por mi culpa este día. El Cosmos hizo su elección, pero necesita que alcancemos el mejor escenario posible una vez en el campo de batalla. ¿Cómo puede nuestra comunidad no ver que esto no es una narrativa hecha por el hombre?”
“Ya veo . . . ” El juez se volvió hacia sus otras cuatro partes, leyendo sus expresiones brevemente antes de continuar: “¿Qué es exactamente lo que el Cosmos nos ha encargado para esta búsqueda?”
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“El gran orden orgánica ha pedido a mi hermano que recupere una autorización de inmunidad para este hombre,” habló Marut, con sus brazos ondulados trazados con venas lilas, mientras presionaba firmemente las palmas de las manos una contra otra. “Sabemos que este tipo de autorizaciones se conceden . . . apenas a nadie. Pero Krishanu y yo estamos seguros de que permitir a Wyatt las armas instruidas producirá cambios mucho más visibles. Estos cambios funcionarán a nuestro favor y restaurarán algo de orden. Suficiente tiempo para recoger más epístolas, si podemos romper colectivamente el hielo con el Cosmos una vez más, entonces no tendremos que esperar otros tres siglos y medio. Nuestro máximo enemigo no es la propia Roanoke, sino su nueva división de mercenarios primitivos, conocidos como los Visitantes y sus titiriteros. Puede que nuestros viejos enemigos hayan fallecido hace tiempo, pero los nuevos han heredado ‘La Garra de los Hombres Modernos’ por el que luchamos desesperadamente desde entonces.”
Gurdaat dirigió a los gemelos una mirada severa, pero absorta. Descifrar en qué se había convertido el gran orden orgánico era un enigma para todos los Defensores del Resplandor, incluso para los que estaban por encima para dirigir el resto en el frente. El juez de la multiplicidad finalmente supo qué pregunta era la siguiente. “Marut, El Viento, ¿has experimentado de primera mano la gracia de esta epístola enigmática de la que habla tu hermano? Confío en que alguien como tú pueda exponer este caso de forma mucho más conciliadora.”
Marut enderezó la espalda y dio un paso adelante, “Gurdaat, es un hecho que por nuestra condición de gemelos nos tejemos con la misma frecuencia, pero debo aclarar que el mensaje iba dirigido a él, no a mí. Deseo que todos ustedes entiendan . . . ”
La inmaculada puerta de aleación de la celda de tortura se abrió a través de las nubes restantes de niebla abrasadora, y la proyección conjurada de la sala desapareció de la vista de Wyatt en un suspiro.
Entró una figura uniformada. Era Jesse Mcallister con un apretado agarre en su arma de seis tiros. Escoltado por un par de soldados de baja estatura que apenas podían seguirle el ritmo y su
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atropello. Con un rápido movimiento, el Comandante en Jefe y Alcalde de Nooktown tomo al mayor de los hermanos Elsner por el cuello y lo abofeteó con la cacha de su arma.
Jesse se dio cuenta entonces que el fuego de la caldera de agua estaba apagado desde hacía tiempo. Salió de la celda y disparó a los guardias de turno al otro lado de la pared. Luego volvió mucho más furioso que antes, cortando el aire por segunda vez y clavándole sus uñas enguantadas.
El rubio silbo, entonces, “¿Adónde se fue tu insignificante hermanito?” Su furia contenida y su impaciencia se desprendían de su voz. “La alimaña huyó hacia el bosque con su pestilente mascota, mis hombres no lo encuentran . . . No creo que tú y tu pedazo de mierda de hermano sepan el lío en el que estoy por ustedes ratas sucias. Los Visitantes son capaces de CUALQUIER cosa, y ahora me veo obligado a mostrarles el último informe de mis hombres.”
Jesse lo soltó. Jugando con el cañón de su arma, de arriba a abajo, mientras el prisionero con la cara ensangrentada jadeaba en busca de aire. El dolor, extremadamente absorbente mientras no podía calcular del todo la indignación del Comandante en Jefe.
“Sé que la Comunidad Renou intentó ayudarte antes de que pudieras poner un pie en Nooktown. Ordené a mis hombres que buscaran a Palohueso antes de que llegaras, pero resultó que fue el primero en desaparecer . . . ” Suspiró. “También encontramos los pastos de los Renou completamente desiertos. Supongo que hoy en día es pedir demasiado el confiar en la gente. ¿Verdad?” Se burló, acurrucándose a su lado. Presionando la boca del arma en la nariz de Wyatt. “Mis hombres te torturarán hasta que me digas dónde demonios se esconde todo el mundo. O hasta que mueras. Lo que ocurra primero . . .” Volvió a mirar a sus soldados, “Empecemos por arrancarte las uñas, ¿te parece?”
FIN DEL CAPÍTULO #13