*material protegido por derechos de autor*
Página 1
Sus sentidos despertaron. El apacible sonido del canto de los pájaros silvestres y la fragancia terrosa de las hierbas fue una gran sorpresa para su psique. Recordó entonces qué estaba debajo de la sombra del monte Mowaki, con su follaje inmaculado y criaturas vivientes. Sin embargo, pudo distinguir un sonido de golpes suaves y continuo oculto bajo toda aquella belleza. Algo chocando contra un objeto hueco. Sus ojos se enroscaron para encontrarse con el techo de madera de la pequeña cabaña. El lecho de flores silvestres rojas había desaparecido, reemplazado por una cama de acero. El colchón era una cosa vieja y sucia, y el marco de la cama estaba muy manchado por la corrosión.
Calvin se quedó estupefacto al descubrir que no tenía heridas graves, excepto por un corte profundo en la mejilla que se hizo cuando golpeó la ventana con demasiada fuerza y una rodilla magullada al caer del techo. Se sentó y echó un vistazo alrededor del pequeño refugio de una sola habitación. Una mesita de noche y una taza de té recién hecho a su lado, el té todavía caliente y humeante. Dejó la cama y se paseó inspeccionando los objetos colocados por todo el lugar. Había una estufa de carbón en la esquina y estantes, numerosas cantidades que cubrían por completo dos de las cuatro paredes de la cabaña con botellas de vino verde y frascos de color ámbar con todo tipo de formas.
Página 2
Estos contenían todo tipo de hierbas, muestras, pétalos, semillas, incluso savia de árbol, miel y otras sustancias blandas que no podía reconocer. Las otras dos paredes de la habitación estaban cubiertas de enredaderas, rocas cubiertas de musgo, macetas con brotes, dientes de león, y una variedad de flores silvestres de colores. Descubrió de dónde provenía el constante ruido de golpes suaves. Una gotera que venía de una esquina del techo y aterrizaba en un balde oxidado con hierbas aromáticas, dulces y pasto que crecía de él. Se sentía como un detalle a propósito por parte del dueño del lugar.
Calvin miró por una ventana embarrada con lodo. Podía percibir que era muy temprano en la mañana, una lluvia suave y sigilosa humedecía suavemente los pinos cubiertos de nieve. Árboles de corteza gruesa y largas ramas delgadas que se asemejaban a lanzas de edades doradas. Pudo ver un río que se atravesaba y zigzagueaba, para luego perder su rastro debido a la vegetación y la nieve. ¿Qué tan lejos estaba de Nooktown? Recordó la batalla en el cielo, el granero en llamas, la policía unos cuantos paso detrás de él. Había salido de aquella mala situación, al menos momentáneamente, pero ¿cómo? Regresó a la cama y se sentó en el colchón, tomando la taza caliente entre sus manos y tomando un sorbo ruidoso. Hierbas de limoncillo, concluyó.
Escuchó ruidos provenientes del exterior del porche de la cabaña. Ruidos agudos y chirriantes, pronto comprendió que estaba escuchando los pasos de alguien que se dirigía hacia él. El sonido de la madera hinchada arrancándose del marco de la puerta lo estremeció cuando una figura abrió la entrada de pared a pared.
Lo siguiente que detectó fue una sonrisa torcida. Una sonrisa que identificaría en cualquier lugar con sus dientes frontales perdidos.
“¿Palohueso?”
“Buenos días, chico. ¿Cómo te trata la vida?” El hombre que estaba frente a él no era otro que el renombrado, Randall Haagensen, conocido como Palohueso por toda la comunidad de Nooktown.
Página 3
El hombre había recibido ese apodo después de haber perdido el pie izquierdo a causa de la gangrena debido a sus hábitos de fumar en pipa. Su extremidad había sido reemplazada por una prótesis de madera en forma de bota. Tenía una cara redonda y arrugada y unas barbas de oro blanquecina, su larga melena había comenzado a caerse en la coronilla y también sus dientes. Sabio más allá de sus años y muy adorado. Una figura predominante entre los nativos Renou, siendo uno de ellos, quien mantuvo la paz entre el pueblo de los Renou y el ayuntamiento—respaldado por los militares. Randall, también el mismo hombre que le regaló a su hermano y a él la cachorra de zorro que se había convertido en Carol.
“B—bien . . . ? No, espera. ¡¿Cómo diablos llegué aquí?!”
“Te encontré dormitando mientras todo se hacía añicos. No te preocupes chico, no tengo nada contra ti.” Randall cerró la puerta detrás de él. “Pero si yo fuera tú, de ahora en adelante iría con cuidado. No estás cubriendo tus huellas tan bien jugando al espía.”
“Yo . . .” Calvin vaciló. “No estaba pensando. ¿Qué pasó con la policía?”
“Yo diría que no son los más efectivos resolviendo ese tipo de líos.” Él se encogió de hombros. “No te vieron escurrirte al entrar o salir. Encontraron los cuerpos de los dos sospechosos y eso fue suficiente para las alegres casacas azules.”
“. . . ¿Me viste?”
“Ni siquiera mi exesposa podría vencerte en una carrera. Pero dejar ese auto a la vista podría haberte costado la vida, todavía está bajo investigación . . .” Se acercó a la estufa, sirvió su taza de té más un cuenco de nueces y le ofreció al niño un poco después de machacar un puñado con sus muelas. “Para cuando el granero estaba colapsando, ya te estaba esperando en el campo de flores. Nos escondimos hasta que la policía reunió todas las pruebas necesarias. Los militares llegaron a la escena demasiado tarde. De lo contrario, estarías en un montón de aprietos.” Palohueso bebió el último trago del líquido caliente y se golpeó la cara con una mano sudorosa.
“Las cosas podrían haber terminado bastante mal . . .” El chico meditó. “Gracias.”
Página 4
“De nada, chico. Pero intenta desmayarte en algún otro lugar, mi espalda no puede dar otro paseo a cuestas. No tengo muchos dedos de los pies, ¿sabes?”
“Te lo pagaré de alguna forma.” Calvin asintió. “Sin lugar a duda.”
“Yo diría que tienes las manos llenas.” Palohueso se burló. Para luego revelar el sobre y fotografía al chico que se le había confiado dentro del granero quemado.
“¿¡Leíste eso!?”
“¿Por qué me tomas? ¡Estás viendo a un hombre de principios!” El viejo de la bota de madera colocó tanto el sobre—de hecho aún sellado—como la foto del árbol en la mesita de noche y luego suavizó las solapas de su abrigo. “¡Has conseguido un fino abeto Noruego!”
“¿Qué? Oh, ¿el nombre del árbol?”
“Correcto . . . Pero bueno, solo digo que te estás metiendo en situaciones que ponen en peligro tu vida y no comprendes completamente la causa. Jesse Mcallister no está contento contigo, ¿lo sabías? Escuché a sus hombres murmurar al respecto.”
“Jesse no podría importarme menos en estos momentos . . .” Calvin refunfuñó. “Esto es mucho más grande . . . que yo desafiándolo, hay todo un gobierno detrás de él y muchos en nuestra posición, pero esta gente . . . estos Rootstocks buscaban a una mujer en el pueblo, arriesgando sus propias vidas. Ella debe tener un gran significado para ellos.” Calvin frunció el ceño. “Su nombre, no puedo recordarlo.”
“¿Sra. Mulhouse?” Randall lo miró con curiosidad.
“¿Cómo lo sabes?”
“Está escrito en la parte posterior de la fotografía.” El chico tenía que verlo por sí mismo, tomó la imagen y le dio la vuelta. Ahí estaba, escrito a mano. Sobre él, la insignia amarilla de los Rootstocks con su poderoso martillo de guerra.
Página 5
“No conozco a nadie con ese nombre.” Se frotó la nuca.
“Lo mismo digo yo.” Palohueso asintió. “Ten en cuenta que conozco a todos en este agujero de mierda.”
“Quizás se equivocaron. El nombre o . . . el lugar . . . ?” Trazó una esquina de la imagen con descontento. “¿Quién eras tú de todos modos . . . ?” Habló, refiriéndose al hombre asiático con acento británico que se había sacrificado por cualquiera que fuera su misión.
“Míralo de esta manera, chico, algunas cosas están mejor enterradas y no declaradas. ¿Por qué meterse en todo ese lío?”
“Yo . . . Supongo que sí . . .”
Alguien llamó a la puerta.
“¡Ah! ¡Tu chaperón está aquí!” Palohueso tiró de su bota de madera con fuerza y la arrastró hasta la puerta para encontrarse con su visitante.
“¡Calvin, por Dios! Me tenías preocupado por un momento. ¿Estás bien?” Nelson, sudoroso y con la cara roja, entró corriendo y con una correa atada al torso de Carol. “¡Mírate! ¡¿Qué has estado haciendo?!” Calvin encontró la mirada de su amigo con culpa y silencio. Su compañera zorro tampoco se veía feliz, arrastrada sobre su trasero toda la mañana. “Randall, ¿cómo puedo darte las gracias? Estaba desconcertado cuando recibí tu nota. ¡He estado buscando al chico desde que sonaron las alarmas!”
“¡No hay problema, amigo! Puedes compensarme más tarde con uno de tus deliciosos tazones de frijoles pintos en el bar. Los he estado deseando desde la semana pasada.”
“¡Dalo por hecho!” Nelson volvió a mirar al adolescente. “¿Nos vamos?”
Página 6
“Por supuesto . . . gracias por cuidar de Carol por mí.” Calvin suspiró, se puso las botas, tomó el sobre de la mesita de noche y se dirigió a la puerta, no sin antes mostrar su respeto a Palohueso con un rígido apretón de manos.
Salieron de la pequeña cabaña de Palohueso y se dirigieron cojeando hacia el pueblo, uno herido y el otro demasiado fuera de forma. Carol, ahora desatada, siguió sus sombras y aleteó sus orejas ante la llamada de otras criaturas. El camino de tierra seguía el río que había visto a través de la ventana de la cabaña, el lecho del río se hizo más denso y las corrientes indomables. El agua cristalina se reflejaba en los bosques compactos de los pinos, y el chico vio un cardumen de truchas marrones nadando río arriba. Frotándose contra las piedras para subir las aguas. Muy pronto, el río los llevó hacia un puente de piedra que había sido construido como una entrada rápida a los campos de flores silvestres de Nooktown hace décadas. El refugio no estaba tan lejos de la escena de la catástrofe para la suerte del chico. De lo contrario, Randall nunca lo habría sacado de apuros. Entonces Calvin encontró el momento adecuado para hablar sobre lo ocurrido anoche. La policía, el avión de guerra sobre el pueblo y el intento de rescate fallido en el incendio. Los Rootstocks, la carta y el retoño de abeto Noruego. Mientras caminaban de regreso al pueblo, esperaba que Nelson le hiciera todo tipo de preguntas, pero podría haber sentido la inquietud del chico, ya que tampoco era un ávido narrador.
Los distritos comerciales estaban adornados con banderas de colores y adornos que colgaban de las farolas. Los lugareños oficiosos vendían gulash escaldado, jugosa carne de venado, nueces saladas y bellotas, dulces horneados, bombones, caramelo y piruletas de caramelo, y así sucesivamente. Los niños jugaban con aviones de madera, espadas y figuras femeninas con pelo de paja. La transmisión se llevaría a cabo esta noche a las 09:00 P.M., se esperaba que todos sintonizaran antes de eso. El circo que Jesse Mcallister estaba llevando a cabo era una aberración, todo sucediendo ante sus inquietos ojos.
Página 7
Calvin Elsner—un alma oportuna cuando se trataba de trabajar en el aeródromo—sabía que asistir al trabajo era clave para mantener a raya a las autoridades, en caso de que alguien se pusiera al día con sus recientes acciones.
Arrojó nieve un billón de veces, cayó sobre su trasero muchas veces, como de costumbre, se alejó en varias ocasiones para esos bimotores que descendían sobre él y en la pista.
Bajo el granizo y el viento, recogiendo y leyendo las caras de sus compañeros de trabajo, pero sin registrar ninguna amenaza en particular. Sin embargo, se sentía mareado debido a sus niveles discordantes de ansiedad recientemente desarrollados. Vomitó sobre la nieve cruda y siguió arando, abrochándose la chaqueta y escondiéndose bajo la capucha. Edna lo estreso a regaños hasta el final.
Más tarde, ese mismo día, el chico y la zorra regresaron a Booze Bucket Bar, como lo hacían todos los atardeceres despachados unas horas antes para la transmisión de esa noche. Cada evento crucial estaba servido sobre la mesa para ser estudiado de punto A, a punto B, a punto C. El nombre de su padre en la Lista Roja, las apariciones cantantes en las aguas termales, la alerta de medianoche que tenía que llevarlo directamente a los Rootstocks. Todo en menos de veinticuatro horas, pero no encontró ninguna conexión entre ellos, excepto por el hecho de que todo le estaba sucediendo a él y solo a él. Demasiado absorto en estos eventos para planificar su próximo movimiento.
Las avenidas eran un revoltijo de vendedores ambulantes de chucherías al anochecer, y los ojos curiosos eran su objetivo inmediato. Entre las actividades recreativas se encontraban carruseles, paseos en trineo, lanzamiento de lazo, juegos de disparos, juegos de pelota, rompecabezas y competencias de saltar cuerda. Había algo para todos y, sin embargo, eso no le hacía sentir menos enfermo. Había muerto gente, traidores o no, los Rootstocks seguían siendo ciudadanos legítimos.
Página 8
A las 08:30 P.M., los postres eran imprescindibles, nueces endulzadas en conos de papel, principalmente castaña de cajú, almendras, decoradas con moras. O uno de los muchos aperitivos tradicionales de Roanoke, natillas de mantequilla de maní. Dulce y mantecoso. Calvin se abrió paso hasta el mostrador de la taberna, incluso con la ausencia de Wyatt, el lugar aún conservaba su encanto, la recopilación de fotografías se había mantenido intacta, pero ennegrecida y deteriorada. Esta noche no había butacas o pasillos vacíos. Los que no tenían mesa aguardaban muy entusiasmados. La multitud encontraba formas de entretenerse mientras devoraban platos familiares enteros y bebían mucho alcohol. Calvin procedió a sentarse en la parte superior del mostrador, como habían hecho algunos clientes, mientras Carol se acostó en algún lugar debajo de sus pies. Se volvió hacia Nelson y sus ayudantes, que francamente parecían confundidos en ese mismo instante.
“¡Oye! ¿Alguna noticia?” Calvin le gritó a Nelson, el ruido de la multitud se tragó sus palabras por completo.
“Hmm. . . ¿qué?” Nelson parecía un poco desinteresado mientras servía unos tragos.
“¿Alguna noticia sobre la transmisión?” Lo intentó por segunda vez.
“Oh. Aún no. Pero algo me dice que algunos de nosotros estamos pasando la noche . . .” Nelson se removió el bigote y el chico miró a la congregación, pronto vio a Jesse Mcallister y sus lacayos sentados en el último puesto del restaurante de la izquierda. Listo y dispuesto a pintar el pueblo de rojo.
El chico no cedió a su paranoia y cenó una jarra de su bebida favorita con frijoles pintos. Guardó las sobras para Carol y colocó el plato en el suelo donde ella no mordería accidentalmente la pierna de alguien. La gente iba y venía, pero el lugar permanecía a su máxima capacidad. La radiofrecuencia estaba en el objetivo mientras todos esperaban que comenzara la transmisión. Mientras tanto, era solo música.
Página 9
De repente, la melodía bebop desapareció a mitad de camino para ser reemplazada por ruidos estáticos. Un sonido chirriante recorrió los amplificadores estereofónicos, lo suficientemente fuerte y penetrante como para que todos se taparan los oídos, por el amor de Dios. El aparato se quedó en silencio durante un par de segundos, para luego llenar el vacío con la voz de un hombre demasiado entusiasta. Nunca era tarde para una pausa comercial.
“Hola, conciudadanos de Roanoke, ¡este anuncio es presentado por Old Ronnie's Cola! ¡Old Ronnie's, el sabor de la vida!” Otro ruido de frecuencia se reprodujo en bucle. Y se detuvo. La voz de otro hombre tomó su lugar.
“Buenas noches, queridos conciudadanos de Roanoke, el siguiente mensaje es imperativo para la seguridad nacional, entregado por el Gobierno de Roanoke, la Milicia de Roanoke y la Gran Universidad de Bartleby. Conciudadanos de Roanoke, los siguientes asuntos a discutir no deben ser tratados con indiferencia. Las medidas tomadas por este gobierno tienen como único propósito de proporcionar igualdad a toda la comunidad, pero debemos aclarar que esto solo es posible a través de ciertas renuncias.” El portavoz pasó la página de su guion. “Se nos ha llamado la atención que una ciudadana, alguna vez digna exalumna de esta prestigiosa Universidad, ha violado varias leyes estatales para ejecutar, con una nueva agenda, el movimiento Rootstocks que hoy nos aterroriza a todos. Poseedor de un Máster en Medicina Pediátrica. Doctora Mickey Mulhouse. De sexo femenino, treinta y seis años, rubia, con rasgos de frente y mandíbula estrecha, ha sido confirmada como desaparecida días antes de su juicio en la Corte Suprema. Nuestras fuentes han confirmado que ha huido a algún lugar cercano al pueblo de Nooktown, cerca de la frontera noreste con Noruega. Queridos conciudadanos del pequeño pueblo de Nooktown, esta es su oportunidad de demostrarle a su país de que están hechos. A través de este mensaje, promovemos su participación en la caza de la traidora, la Dra. Mickey Mulhouse con la esperanza de que sea devuelta a la custodia. Sin embargo, se ha comprobado que esta mujer ha perpetrado movimientos peligrosos que provocaron revueltas en todo el país. Si su muerte es necesaria al momento de su captura, definitivamente aprobamos esas acciones.”
Página 10
El hombre se aclaró la garganta. “Conciudadanos de Nooktown, desde este punto, es su única y firme decisión detener a esta mujer a toda costa, que será el motor para obtener un nuevo mañana. Permítanos asegurarle que sus esfuerzos no pasarán desapercibidos, ya que quien lleve a esta mujer ante la justicia saldrá con altas recompensas dignas de su atención, como pasaportes gratuitos para dos familias enteras con vencimiento indefinido, bienes mensuales para un año completo y 350 roakos—equivalente a $7.80 dólares estadounidenses—para su nuevo futuro fuera del país. Si está interesado, informe al departamento de policía local y alístese en nuestro grupo de caza al final de este mensaje. Se pueden responder a todas sus preguntas en la sección de inscripción de la estación de policía. ¡Qué tengan una feliz noche!”
“¡Hola, conciudadanos de Roanoke, este anuncio fue presentado por Old Ronnie's Cola! ¡Old Ronnie's, el sabor de la vida!”
La radio volvió a la música, pero los clientes se miraban como si les acabaran de decir que la gran noche había terminado. Y ciertamente, había terminado. Antes de que alguien pudiera registrar la fuente de la conmoción, el pánico hizo que la multitud empujara hacia la salida. La multitud gritó, golpeó, pisoteó y maldijo. Calvin levantó a Carol de debajo de él, envolvió sus brazos alrededor de su pecho y la puso sobre el mostrador mientras ella gruñía a las masas enredadas. Se apartó del borde del mueble antes de que pudieran tirarlo al suelo como tantos otros. Fuera lo que fuera, también llegó a las calles. Solo pudo mirar con horror cuándo se encontró con la grotesca sonrisa de Jesse Mcallister. La comprensión lo golpeó con furia. El destinatario de la carta de los Rootstocks que llevaba no era otra que la Sra. Mulhouse que todo el mundo estaba cazando. La Dra. Mickey Mulhouse, que ahora dirigía la agenda de los Rootstocks, y que técnicamente pasaba de visita por un pueblo listo para volarle los sesos.
FIN DEL CAPÍTULO #7