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Cuatro meses antes. El interior olía a pieles de venado y arcilla, las esencias provenían de las paredes de lona de cuero que los cobijaban dentro del alavvo de Ráfi—los alavvos eran tipis con postes de armazón circular arqueados hacia dentro manipulados por los vikingos Saami, los cuales sus descendientes habían aprendido a utilizar. El lugar de Ráfi estaba destinado a los consejos y las sesiones espirituales, una sala de convocatorias para humanos y espíritus lo suficientemente grande como para una mesa redonda—sin tablero ni sillas, solo una gran alfombra de pieles descuidada en el centro de la tienda para mayor comodidad—y herramientas de chamanismo como tambores mágicos y tomos que había heredado de sus antepasados. Libros zurcidos que contenían cánticos tradicionales para consultar con las entidades naturales, los Defensores y los muertos. Un puñado de carbones vivos y chispeantes en una bandeja de acero para calentar el refugio portátil y un cuenco con las mismas hojas de color magenta que Calvin había probado esa misma noche. La chamán recibió a sus invitados uno por uno en la sala, la doctora Mulhouse, Cobra, Killgore, Palohueso y Calvin por último. Carol siguió a su amo al interior, él la hizo salir inmediatamente, pero la anciana lo convenció de que la dejara quedarse. El zorro se acurrucó cerca de la bandeja de carbón en silencio.
Una vez que los cinco se sentaron, la discusión llegó rápidamente y Calvin tuvo que seguir con dificultad cada uno de sus puntos. Cobra, con su acento londinense, comenzó hablando del número de bajas en el último mes, el soldado promedio de los Rootstock había tenido problemas
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para adaptarse a la geografía del monte Mowaki y para localizar a los enemigos, ya que las formas del terreno y la flora virgen presentaba un crecimiento descontrolado y desinhibido. Indistinguible sin la presencia del convoy de los Renou y una molestia a la hora de volver a los puestos de control. Estos terrenos sagrados estaban lejos de ser amistosos.
Solo más tarde el muchacho sabría por Randall que el agente Killgore—un emisario británico enviado para ayudar a explorar el monte Mowaki y estudiar las cuestiones diplomáticas de Roanoke para revocar su horrible gobierno con la ayuda de los Rootstocks y apoyado por los Renou—le había salvado la vida a la orilla del río arrastrándolo a este, el río Instauración, una corriente a la que los nativos atribuían propiedades curativas, entre otras cosas, por sus tempestuosas aguas heladas. El mismo curso de agua que había visto fuera de la choza de Palohueso.
Roanoke—la nación bajo régimen—que procedía de la colonia británica del mismo nombre, había vuelto a estar bajo la mirada penetrante de Inglaterra desde que tuvo lugar el Tratado de Unión de 1706 y se formó el Reino Unido. Incluso cuando los Renou expulsaron con éxito a los colonos del monte Mowaki, los que se negaron a abandonar el resto de las tierras fueron demasiados. No tuvieron problemas en crear sus propias reglas y traicionar a la Reina para seguir siendo criminales.
Poco a poco, y década tras década, los nuevos habitantes de Roanoke—la colonia liberada—se desprendieron de sus costumbres y tradiciones británicas para fabricar las suyas. Sus acentos y su lengua materna cambiaron al mezclarse con los nativos para crear nuevas razas.
La matriarca y jefa de la aldea sugirió que se tuvieran en cuenta las orientaciones ya concedidas por su pueblo. Recordó tanto a Mickey como a Cobra que los Defensores del Resplandor, que estaban dispuestos a ayudarles, les observaban de cerca, pero que no tenían ninguna autoridad por el momento hasta que el tribunal tuviera una deliberación positiva. Los Defensores no tenían muchas habilidades útiles en el mundo físico sin este respaldo, y que el contacto con ellos era imposible sin que su gente estuviera viva. Un antiguo pacto de sangre.
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También tenía muy claro que la reagrupación de esta alianza con los Rootstocks había sido parte de la petición del Defensor a la aldea. Algo de lo que los nativos aún no estaban seguros debido a las disputas que habían tenido con ellos en el pasado.
Ráfi miró a Calvin con ojos sombríos y procedió a explicarle que se estaba celebrando un juicio extraordinario en el reino espiritual. En el que Krishanu y su hermana Marut estaban solicitando un tipo de inmunidad sin precedentes para Wyatt mientras experimentaba el encarcelamiento. No habló de su alarmante estado, sino de un proceso llamado ‘encarnación de recipiente humano’, durante el cual el alma de su hermano quedaría unida para siempre a un Defensor del Resplandor. Uno que, por lo general, se ofrecería como voluntario para la tarea en cuestión.
“¿Un voluntario? ¿Quién es voluntario?” Preguntó el chico, completamente desconcertado.
“Krishanu, querido muchacho.” La chamán respondió.
“¿Qué . . . qué pasa si el tribunal rechaza la solicitud. ¿Qué pasa con Wyatt?”
“Niño, cuando pasas por delante de alguien en la calle, solo ves una fracción de la capacidad de una forma de vida para seguir adelante y vivir.”
“Vivirá . . . ” Respiró, haciéndose a la idea de que todo iría bien. Sin embargo, su cuerpo fue invadido por escalofríos. No sabía exactamente por qué.
“Krishanu no ha cometido ningún error, lo he visto yo mismo”, afirmó Ráfi. “Pero ten cuidado con lo que puede causarte agonía en el futuro, Calvin. Krishanu, los Defensores o tu hermano no te salvarán de lo que el Cosmos quiere otorgarte. El Cosmos está aquí para probarnos a todos en este viaje y por lo que he visto, esta prueba será mayor para ti que para cualquiera de nosotros.”
Calvin asimiló cada una de sus palabras y ahogó cualquier sentimiento que pudiera subir desde sus entrañas hasta su pecho. Finalmente, asintió con la cabeza.
La Dra. Mulhouse encontró un momento para hablar. Ciertamente, no el mejor. “Hablando de eso, Calvin, conociste al compañero de Cobra, el señor Yuudai. Su avión fue derribado por los
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militares, tú acudiste a su rescate cuando lo viste a él y a su compañero estrellarse en ese granero . . . ”
“¿Cómo lo sabes?” El chico volvió a mirar a Palohueso, que se rio, consecuente con su desconcertada respuesta. Pero el agente Cobra tampoco le encontró la gracia, ¿era este el chico del que había oído hablar todo este tiempo desde su asignación a la misión? Él no fomentaba el secretismo en esta alianza.
“Ráfi y Krishanu te vieron en esa nueva epístola y se pusieron en contacto con los Rootstocks y su líder hace veintitrés años, mucho antes de que tú nacieras. Los Rootstocks comenzaron a realizar una investigación en ese momento. Pero parte de la investigación inicial fue robada por topos del gobierno e incluso ahora, todavía no estamos seguros de lo que se ha recuperado a lo largo de los años. Sin embargo, nuestros compañeros británicos fueron mejores en el seguimiento de estos documentos. El Sr. Yuudai debía entregarme la carta y la foto que te dieron a ti, entregada por su propio equipo de investigación. Era nuestro emisario británico antes del Sr. Killgore, un buen amigo mío. Todavía tengo que saber qué decía la carta para saber qué nos ha traído a todos aquí. Yuudai Uemura y su compañero sabían en ese momento lo que iba a pasar y aun así siguieron con su deber . . . ”
La piel de Calvin tomó el color del papel, evidentemente bajo los efectos de lo que consideraba un cúmulo de responsabilidades que soportar. Primero el Sr. Yuudai, luego Nelson y ahora Wyatt, su vida pendía de un hilo.
Palohueso se dio cuenta y sugirió al grupo un rápido descanso. Pero el chico insistió en que estaba bien continuar, ya había tenido esta conversación con Randall antes de salir del pueblo. Calvin se había mantenido firme entonces y eso era lo que quedaba por hacer ahora. El viejo sabía exactamente a dónde ir la noche del combate aéreo—él había estado allí para cuestionar sus acciones después de eso. Y le trajo sabias palabras para afrontar el reto. El chico reflexionó ante ellas durante un segundo. “Esperen un momento. Si Krishanu ha visto todos los futuros posibles,
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eso significa que tenemos todas las conclusiones, pero no exactamente cómo llegar a ellas. ¿Correcto?”
“Correcto.”
“Por eso no sabes lo que contiene la carta.”
“Exactamente.” La Dra. Mulhouse sonrió, reconociendo su astucia. “Espero que no te importe . . . Calvin. Pero la tengo aquí. Mis hombres encontraron la carta entre sus posesiones.” Dijo, sacando de un bolsillo el sobre cerrado y la foto del arbolito. El chico negó con la cabeza. “La leeré cuando hayamos terminado aquí. Además, Ráfi y los Renou fueron muy buenos aliados cuando la nueva epístola entró en contacto con Krishanu. Tanto Ráfi como Krishanu compartieron todo lo que necesitábamos saber para hacer posible el brillante futuro de Roanoke. Lamentablemente, puede que hayamos ido demasiado lejos al intentar hacerlo realidad. Como líder ahora, debo asumir lo que se ha hecho en el pasado como mi responsabilidad también.”
“Doctora, debo preguntar—”
“Puedes llamarme Mickey. Seremos aliados a partir de ahora. Debemos actuar así, Calvin.” Le tendió la mano con un suave apretón. “La alianza estaba desgarrada hasta hace muy poco. Krishanu pensó que era conveniente tener sangre nueva en la primera línea.” Se rio, pero enderezó la cara para que la vieran todos sus socios. “Te prometo que no te fallaremos.”
El consejo terminó en ese momento, ya que dormir bien sería esencial para todos los soldados y cada guía en servicio al día siguiente. Al salir del alavvo de Ráfi, el muchacho capto a Cobra pidiendo a Mickey una reunión privada, visiblemente contrariado. Los vio pasearse hacia el otro lado del campamento.
Carol y él se quedaron junto a la hoguera mientras los aldeanos se acostaban y un pequeño grupo de soldados se preparaba para vigilar. Palohueso encontró un asiento junto a la hoguera, bebió agua de una cantimplora y le preguntó al niño si sentía hambre, sacó una hogaza de su bolsa
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envuelta en papel de aluminio. Partió el pan, del que salieron mantequilla derretida, queso y trozos de cebolletas. Randall sonrió cuando los ojos del niño se iluminaron.
Ni hablar, se comió el pan en pocos bocados. De vez en cuando lanzaba trozos a Carol, que estaba tan salvajemente hambrienta que le mordió los dedos dos veces y tuvo que vendar algunos de ellos luego de aquello. Charló con el viejo durante una hora más o menos antes de dar por terminada la noche.
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La niebla de la mañana anterior había descendido desde la cima de la montaña, cubriendo las colinas onduladas por encima y por debajo del campamento. Ningún pájaro cantaba o graznaba mientras el sol ascendía y los alrededores se volvían repentinamente inmóviles y silenciosos. Tras percibir lo que sea que aquello fuera, los guardias Rootstock cargaron munición y enviaron un pequeño grupo para aventurarse en el bosque. Iluminaron su camino con linternas de queroseno, sin oír nada más que sus respiraciones, formando nubes calientes en el frío. Pero el relincho de los caballos llegó a sus oídos. Distante, pero cada vez más fuerte.
Calvin se despertó al sonido de disparos y salió a tropezones de un pequeño alavvo prestado mirando a la derecha e izquierda. Los nativos y los soldados Rootstock se tambaleaban ante el ruido de los mortíferos proyectiles en busca de refugio, mientras los envolvía una niebla que atontaba. Los rebeldes se arrastraban tras las rocas, con las armas en mano, intentando descifrar de dónde saldría su atacante. Calvin oyó el rebote de las balas en los árboles, bajó la cabeza y no encontró señales de Carol. Se metió dos dedos en la boca y silbó. Su corazón se aceleraba por cada minuto sin ella.
Se oyó el sonido de pies arrastrándose bajo las ramas rotas y una repentina ráfaga de armas automáticas. Calvin apretó la cara contra el suelo, conteniendo la respiración, y sus dedos se entrelazaron sobre su cabeza. Una docena de figuras entraron corriendo en el campamento, fuertemente armadas, y comenzó el caos. Ambos bandos devolvieron los disparos y los casquillos de los proyectiles cayeron como saltamontes dorados.
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El chico apretó los ojos ante los ensordecedores ruidos de la guerra. Sabía que debía haber perdido el arma de Edna en algún momento entre la huida del grupo de caza y el momento en que Cobra lo rescató porque no podía encontrarla. Sin duda, el peor momento para darse cuenta, ¿por qué era él tan inútil?
Se encontró con la mirada de un militar que tropezó con él, y mientras se esforzaba por encontrar su arma, el chico enterró sus dedos en el suelo para arrojarle barro a la cara. Aprovechando la ocasión, un aldeano le corto la garganta al hombre con su cuchillo tallado de hueso de venado justo antes de ser derribado él mismo. El niño corrió como una oveja perdida. El zumbido de las balas que pasaban alimentó su adrenalina, eludió a otro militar que intentó alcanzarle el brazo y corrió tras él. Desconcertado, el chico capto a Carol corriendo en su dirección, encontrando un hueco entre sus piernas para saltar sobre el enemigo que lo perseguía. Carol le hundió los dientes en la mano y él se echó a gritar, intentó sacudírsela de encima sin éxito. Calvin se apresuró a llamarla antes de que algún enemigo intentara patearla con sus botas de combate. Ella corrió tras el chico y lo siguió fuera del campamento, había bajas sin alguna duda. Muchos de ellos de ambos bandos, caídos en un charco de su sangre. Y cuando parecía que estaba rodeado por la caballería militar a punta de pistola, la oyó gritar su nombre.
“¡CALVIN!”
El chico giró sobre sus talones y el impacto del agarre de Mickey a su costado le hizo perder el aire, ella estaba montando un semental a toda velocidad. Inclinó su cuerpo para subirlo al asiento de la parte delantera. El ruido de su rifle fue lo siguiente, el gemido de los animales y su montura acelerando al pasar los jinetes con increíble rapidez. Sintió el viento en la cara y descubrió que las riendas rebotaba con el movimiento del caballo, la tomo en un intento de sujetarse a algo. Perdiendo por completo la pista de su zorro.
“Buena idea, ¡tú diriges el camino!” Mickey se rio.
“¡¿Q—Qué?!” Se inquietó, manteniendo la vista en los árboles que tenía por delante. Cuidar de los caballos de los leñadores años atrás había resultado útil en ese instante.
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“¡Lo estás haciendo muy bien!”
“¡Bueno, que me condenen si no lo hago!”
Se adentraron al galope en los bosques mientras Mickey abatía a un enemigo tras otro con su rifle. El escenario mostraba una matanza—quitando vidas al azar, guiados únicamente por los colores de su facción. Una vez pasados todos ellos, no había señales de que se hubiera producido más combates.
Pero Mickey recargó municiones tirando un cinturón brillante mágnum dentro en la recámara del rifle. Luego dijo, “Prepárate, Trueno. Estarán aquí en cualquier momento.”
Calvin ladeó la cabeza, “¿Quién es Trueno?”
Sonrió y dio una palmada en el lomo del semental negro. “¡Este chico malo ha llevado a toda una generación Renou! El cargador más rápido de todos.”
Un desagradable chisporroteo inundó de repente la arboleda, resonando violentamente a medida que se movían. Intensificándose, desbocándose como un instrumento desafinado. Los esperados enemigos hicieron por fin su entrada, los Visitantes, con sus ropas negras de invierno y sus máscaras, acelerando desde atrás con los horrendos estruendos de sus enormes motocicletas amalgamadas.
“¿Qué demonios son esos?” Los ojos de Calvin se ensancharon.
“¡Monoruedas! Tres de ellos tras nosotros. El gobierno exhibió un prototipo final durante un par de años antes de utilizarlos finalmente contra nosotros.”
“¿Te refieres a la Exposición Pegasus?”
“¡Ahí tienes!” Ella sonrió.
Los tres vehículos de persecución llevaban dos soldados cada uno. Un conductor se sentaba dentro de un anillo vertical y un tirador con un mosquete automático se situaba en la parte interior
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de dicho anillo vertical, justo detrás del conductor. Los tiradores debían agarrarse a un manillar en la parte interior del anillo y abrir fuego con el otro.
Mickey agarró la correa del caballo durante un breve instante e instó a Trueno a lanzarse hacia delante. Por suerte, los desniveles del terreno y los obstáculos mantenían a los Visitantes a una distancia algo segura, pero no lo suficiente como para que no descargaran contra ellos. Los proyectiles se estrellaron contra el polvo, arrancando también trozos de lo que se interponía en su camino. Frondas, cortezas de árboles, enredaderas, rocas y ramitas, levantando nubes de tierra.
La líder rebelde sacó a relucir un arnés metido en una de sus bolsas del cinturón y se lo abrochó a la cintura. Aseguró el extremo de una cuerda corta hecha a mano al asiento y se ató con ella. Metió el pie derecho en uno de los estribos de la silla con Trueno todavía en movimiento. Su rodilla izquierda se apoyó en el lomo del semental, espalda con espalda con Calvin.
“¡Woah! ¿Qué estás haciendo?” Él jadeó, dándose cuenta de que ella se estaba preparando para devolver el fuego.
“¡Tus ojos al frente, Calvin!”
Mickey disparó a la rueda de goma carnosa del vehículo enemigo más cercano, pero el material parecía ser a prueba de balas. “Ruedas nuevas, ¿eh?” Se burló. “¿Qué más? Veamos . . . ” La Dra. Mulhouse observó a través de la mira delantera y trasera de su arma, escaneando el motor de la motocicleta. Pero rápidamente cambió de opinión para apuntar a la mano del artillero, con los dedos enredados en el manillar. El conductor activó una serie de anillos de alta velocidad unidos a la motocicleta para protegerse, pero la maquinaria no fue lo suficientemente rápida, terminó por pulverizar dos de sus dedos y cayó, rodando sobre la mugre. El chico vio cómo se levantaba de un salto como si nada, aun sosteniendo su pistola con la otra mano, los persiguió, pero no era rival con solo dos pies. Entonces vio a Mickey disparar al conductor mientras intentaba sincronizar los anillos de protección con sumo cuidado. Disparó tres veces, pero falló, luego se centró y le dio dos veces en el pecho con poco efecto, y finalmente en el cráneo con un disparo limpio y un fuerte
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estallido. La monorueda desbocada chocó con los otros dos vehículos en persecución mientras seguían al caballo por un estrecho sendero. Y eso fue todo, se fueron con la distancia.
“¿Los visitantes son superhumanos o qué?”
“¡Son humanos normales como tú y yo! Pero los militares de Roanoke potencian sus órganos con infusiones de plantas y cócteles de drogas, ¡incluso después de un impacto mortal, sus cuerpos funcionan perfectamente durante más de un par de horas! Siguen siendo imperfectos, pero si se les da la oportunidad, ¡pueden matar casi cualquier cosa!” La Dra. Mulhouse tomó las riendas una vez más, salió del sendero del bosque y procedió a tomar un atajo para volver al campamento. Buscó algo más en sus bolsas y sacó un tallo lleno de las anteriores hojas magenta con puntos azules. “Esto. Esto es lo que buscan . . . ”
FIN DEL CAPÍTULO #17