Teniendo en cuenta que hoy día, sigue existiendo aversión considerable de la sociedad hacia el ejercicio del trabajo sexual - percibido como aquel oficio indignante al que se ha debido llegar como última opción para escapar de la precarización absoluta - La Asociación el Arka, en aras de crear un espacio para abordar temáticas que fomenten transformación social, reúne diversas opiniones desde la perspectiva de personas con y sin discapacidad en Colombia, que, interesadas en conocer, debatir y orientar, deciden participar. ¿De qué manera lo percibimos desde nuestra subjetividad? ¿Estamos o no de acuerdo con dichas prácticas?
Entendiendo la prostitución como toda actividad en la cual “mujeres, homosexuales, personas transgénero [y hombres] reciben remuneración, ya sea por medios verbales o no verbales a cambio de servicios sexuales concretos dentro de un espacio público, privado o comercial, en el caso específico de Colombia, este ejercicio está dentro de los trabajos no reglamentados desde el marco jurídico, en el sentido que La constitución Colombiana no lo prohíbe, pero tampoco la avala completamente. A su vez, la corte constitucional insiste en que debe respetarse.
Wendy Lazzo y Daniela Mosquera, maestras en formación de la Universidad Pedagógica Nacional, aseguran que están de acuerdo con el ejercicio de trabajo sexual, siempre y cuando se tenga en cuenta la garantía de parámetros como la orientación y los chequeos médicos en cuanto a métodos de planificación y protección para enfermedades de transmisión sexual, del mismo modo, aquellas personas que alguna vez solicitan servicios sexuales deberían cumplir con determinadas reglas y obligaciones, como por ejemplo, no agredir a las trabajadoras, o estar libres de ETS[1], pagar el precio justo, entre otros factores.
Por su parte, Orlando Andrés cano, ambientalista, líder social, estudiante de ciencias políticas de la UNAD, quien dice conocer directamente a trabajadoras sexuales, reflexiona sobre la informalidad de esta actividad en el país. “sus ingresos dependen de lo que puedan producir a diario”. (…) En muchos de estos lugares no cumplen con condiciones de higiene y salubridad adecuada. A su opinión se adhiere Sergio Coba, y Mariana Romero. Por otro lado, Juan Guillermo González desde Rionegro Antioquia, abogado especialista en derecho, mencionando la Sentencia T 629 de 2010[2] nos invita a reflexionar sobre la falta de consciencia, control y vigilancia, haciendo hincapié en que este trabajo debe resignificarse.[3]
Para Jennifer Rivera, estudiante de comunicación, una trabajadora sexual es, una “berraca”, en el sentido que se expone a un sinfín de peligros, por tanto, nadie debería tener el criterio suficiente para juzgarles, por su parte, Leandro Cely, psicólogo, asegura que el trabajo sexual debe sacarse del tabú y prejuicio social en que se encuentra, sostiene que las personas que lo ejercen deben acceder a capacitación en DDHH, salud sexual y reproductiva, educación integral de calidad, puesto que aún son blanco de violencia, de ese modo sugiere que, tanto quien ejerce como quien acude a los servicios sexuales, debe ser orientado y educado al respecto.
Para algunos integrantes del grupo, quienes no están de ninguna manera a favor de la prostitución… el hecho de tomar la decisión de ejercerla es producto del “desespero” asegura Leidy Jiménez desde la ciudad de Tunja, quien plantea que el trabajo sexual conlleva vender el cuerpo y perder la dignidad, manifiesta en sus términos que, hoy en día la persona que no estudia es porque no quiere, ya que, según su criterio, siempre hay una alternativa antes de llegar al extremo de prostituirse. A su opinión se adhieren John Grisales e Ivonne Álvarez, quienes agregan que estas trabajadoras deberían valorarse más, buscar ser independientes, a través del emprendimiento, ya que hay mucho hombre sucio. Con respecto a esto, John sugiere que la trabajadora sexual no debería oponer resistencia y no debería exigir quien debe ser su cliente, esto para evitar más violencia, ya que los hombres que las frecuentan suelen ser mayores, pervertidos y/o agresivos.
Debería analizarse el hecho de que hay personas que siguen siendo señaladas por dedicarse a esta profesión, al no involucrarse en una relación afectiva tradicional, ejerciendo su sexualidad de forma libre. Esto conlleva también al estigma social de la hipersexualización de muchos otros, para seguir restándole convencionalmente dignidad a esta actividad. Complementa Leandro.
Para Estefanía Cubillos, periodista colombiana radicada en Panamá, existen otros escenarios respecto del trabajo sexual, cuestiona seriamente el argumento donde se sostiene que se ejerce esta labor por falta de educación, dado que, algunas veces, incluso en el ámbito académico, administrativo e institucional también se ejerce esta labor sexual por personas educadas con determinados propósitos, como obtener beneficios académicos y laborales. Por su parte, María Camila López, estudiante de derecho en Bogotá, rebate la frase quien no estudia es porque no quiere, invitando a no pensar a la ligera que la educación ya es un derecho garantizado para todos.
De oro lado, en otra opinión de Leandro, tenemos que el sexo, es una suerte de subjetividad de la ética de cada individuo y de las instituciones que le rigen, jerarquizadas en sistemas de valores, tal cual como la infidelidad. Daniel, otro integrante del grupo, asume que el trabajo sexual no debe ser una profesión, pues “si la mujer se entrega a su pareja es muy distinto a que lo haga por un interés económico”; sugiriendo cierto valor agregado al sexo asumido en términos reproductivos o practicado en romances hetero-normativos. De acuerdo a lo anterior, En su ensayo “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad” Gayle Rubin explica:
“Las sociedades occidentales modernas evalúan los actos sexuales según un sistema jerárquico de valor sexual. En la cima de la pirámide erótica están solamente los heterosexuales reproductores casados. Justo debajo están los heterosexuales monógamos no casados y agrupados en parejas, seguidos de la mayor parte de los demás heterosexuales. […]
Los individuos cuya conducta figura en lo alto de esta jerarquía se ven recompensados con el reconocimiento de salud mental, respetabilidad, legalidad, movilidad física y social, apoyo institucional y beneficios materiales. A medida que descendemos en la escala de conductas sexuales, los individuos que las practican se ven sujetos a la presunción de enfermedad mental, a la ausencia de respetabilidad, criminalidad…”
Siguiendo con esta perspectiva, La sexualidad, - dice Lorena Pechené, psicóloga - es atravesada por la doble moral, puesto que de un lado se critica a las personas que ejercen la prostitución, pero simultáneamente, estas personas que lanzan la crítica son consumidores del servicio, como ejemplo, los policías, quienes en el día insultan o maltratan a las trabajadores sexuales trans, pero en la noche son sus clientes. O, dicho en palabras de Ammarantha Wass, - activista trans ciega, defensora de derechos humanos de las trabajadoras sexuales: “El trabajo sexual ha sido siempre causal de estigmatización moral desde los dogmas y las religiones, en el sentido que la sociedad, hipócritamente perpetúa prácticas violentas hacia estas personas, pero a su vez, van a buscar orgasmos y a satisfacer sus deseos allí”
Continuando con el discurso de Ammarantha Wass, relata que en las corrientes feministas, el debate sobre la definición de trabajo sexual tiene dos miradas globales
El corte abolicionista: posturas que equiparan el trabajo sexual a la trata de blancas. En modelos como el sueco, han implementado esta desprotección y desamparo, generando que cualquier cliente vulnere derechos de dichas trabajadoras de manera impune
El corte regulacioncita: en este caso se habla de condiciones dignas para el trabajo sexual, reglamentación en que se procure el respaldo y protección de la fuerza pública (como se supone que deberá ser), Alemania – dice - implementa este modelo, sin embargo se queda corto en que excluye a las trabajadoras sexuales migrantes ilegales.
Ammarantha indica que es evidente la precarización a su vez sectorizada de este ejercicio, y en consecuencia, es necesario seguir peleando para el mejoramiento de las condiciones laborales y sociales de este trabajo. “En Colombia no es ilegal putear, sin embargo se debe lograr el respeto inicialmente de la fuerza pública, para evitar que a las putas se las lleve el putas.
“El trabajo sexual es una decisión que se toma, contrario a la trata de blancas, donde te obligan” dice Danilo.
Carlos Jaramillo, abogado de profesión, en Medellin, sostiene que está de acuerdo con el turismo sexual, dado que sería más grave si intentasen reprimir la libertad de las personas, con excepción que se realice con menores de edad.
Por su parte, Lorena expresa con preocupación que por ingenuidad, a esta actividad llegan muchas mujeres, incluso menores de edad, con la expectativa de una vida mejor. Ante lo anterior, agrega Leandro. “Si se instaura y legitima el trabajo sexual como libertad de elección a criterio de quien lo ejerce, se reduciría la explotación sexual a menores, puesto que, a más penalización más incremento de las dificultades sociales” dirigiendo el trabajo sexual al ámbito de la discapacidad, Carlos expone su interés en escuchar el relato quizás de alguna persona con discapacidad que esté ejerciendo o haya ejercido el trabajo sexual.
Desde la perspectiva de investigador en el tema de la asistencia sexual a personas con discapacidad, Leandro nos aclara que estas dos prácticas NO son equiparables por las siguientes razones:
A diferencia del trabajo sexual, la asistencia sexual debe estar Delimitada y reglamentada dentro de un sistema de salud.
La persona asistente debe ser capacitada en fundamentos de la sexualidad y cómo se deben practicar de forma consciente y adecuada.
El acto coital, en sí mismo, es lo último a lo que se llegaría, según la especificidad de los agentes que intervienen, se deben aclarar riesgos a partir de laidentificación de intereses y gustos en la relación sexual. De otro lado, es pertinente para la persona que requiere asistencia, identificar qué es una relación afectiva y posteriormente, una relación sexual.
Otra de las funciones de la asistencia sexual es orientar a parejas con diversidad funcional para mejorar la calidad de sus encuentros sexuales, iniciando en que puedan identificarse como seres sexuados y no cosificados que desean vivir plenamente el placer sexual, contemplando también la toma de decisiones entre las que se encuentra la maternidad, se debe ofrecer una orientación sin prejuicios.
Las características de la diversidad funcional de cada cuerpo es lo que determina la manera de interactuar sexualmente, esto en términos de posiciones sexuales, estímulos adecuadas, con el cuidado y la responsabilidad necesaria.
Finalmente, la asistencia sexual no puntualiza la satisfacción sexual sino, más bien, la implementación de la libertad sexual de modo productivo, fructífero y sano a nivel físico mental y emocional de quien la práctica. En resumen, es una labor que requiere mucho más sentido común y preparación académica.
Camila López, respecto al tema de asistencia sexual, sugiere ver la película Seis Sesiones De Sexo, justamente elaborada para abordar este tema.
Dentro de todo lo que ya se ha dicho, se concluye que, aún en estos días se deben sortear situaciones de orden social con tinte moral y ético, haciendo necesario el cuestionamiento de estos factores como mecanismos orientadores del ejercicio del trabajo sexual en un país como Colombia. Por consiguiente, el trabajo sexual es un escenario que sigue invitándonos al reto de su re significación y valoración, haciendo el llamamiento a que “En el Estado colombiano es necesario adoptar políticas públicas que permitan involucrar los aspectos sociales y económicos que se encuentran alrededor de la prostitución”[4]
CANCIÓN Me llaman Calle, del cantautor Manu Chao, banda sonora de la película “princesas” dirigida por Fernando León de Aranoa, cuyo argumento narra la historia de dos prostitutas amigas, dando a conocer las dificultades que entraña su modo de vida, así como la tensión en el colectivo de prostitutas entre las españolas y las inmigrantes.
Seis Sesiones De Sexo, película estadounidense independiente estrenada en el 2012 dirigida por Ben Lewin (Georgia), y protagonizada por John Hawkes, Helen Hunt y William H. Macy.
Tesis de pregrado sobre el trabajo sexual en Colombia y su respectivo marco legal, realizado por Daniela Guerrero Ordoñez: https://repository.ucatolica.edu.co/bitstream/10983/15807/1/EL%20EJERCICIO%20DE%20LA%20PROSTITUCI%C3%93N%20COMO%20TRABAJO%20SEXUAL.pdf
CANCIÓN “Amor de madre” donde el trabajo sexual es visto como acto heroico dedicado a los hijos.
VIDEO: Turismo sexual en Colombia: https://www.youtube.com/watch?v=R2ULq_c-Q6I
[1] Enfermedades de transmisión sexual
[2] Análisis y explicación de proceso legal sobre el caso de una trabajadora sexual en estado de embarazo que fue violentada en sus derechos: https://www.youtube.com/watch?v=KwrZyTufYzQ
[3] El Código Penal reconoce como delitos la explotación sexual, el proxenetismo con menores de edad y la imposición de la prostitución por la fuerza o amenaza. La Ley 1336 de 2009 contempla como delito la explotación sexual y la pornografía con menores de edad y el turismo sexual.
Algunos puntos clave del PROYECTO DE LEY ORIDNARIA No. 079 de 2013 “Por la cual se establece un trato digno a las personas que ejercen la prostitución, se fijan medidas afirmativas a su favor y se dictan otras disposiciones orientadas a restablecer sus derechos”. Son:
Afiliación al Sistema General de Seguridad Social en Salud y garantía de todos los derechos del Código Sustantivo de Trabajo,
No revictimización, ni violencias verbales o físicas por parte de sus empleadores, clientes, usuarios y otros trabajadores.
Vacunas gratuitas contra infecciones de transmisión sexual y actividades de promoción y prevención de enfermedades.
Ejercicio de la prostitución en las condiciones, sitios, horarios y zonas definidas por el Plan de Ordenamiento Territorial.
Trato digno de los clientes a las trabajadoras y abstención, por parte de los clientes, de contratar a quienes estén siendo víctimas de explotación sexual.
[4] Daniela Guerrero Ordoñez, En su investigación de pregrado, “el ejercicio de la prostitución como trabajo sexual, Implicaciones sociales y régimen jurídico"