Fecha de publicación: May 25, 2014 8:24:8 AM
Las que hemos tenido la gran suerte de crecer junto a nuestras madres sabemos lo que eso significa, hacen tanta falta siempre…, las vemos como superhéroes, guapas, perfectas…y sin duda lo son. Nos imaginamos que nos quieren muchíiiiiiiiisimo, como nosotras a ellas, pero claro este concepto cambia en el momento en que nosquedamos embarazadas y es que nos empezamos a imaginar lo infinito y lo grande que es ese AMOR porque a partir de ese momento tan mágico y especial lo vamos a empezar a vivir y desarrollar en primera persona.
Desde el primer momento que supe que estaba embarazada sin darme cuenta mi vida ya cambió, me pilló de sorpresa, al principio me impactó, tarde un tiempo en hacerme a la idea…pero todo es como un puzzle y poco a poco van encajando las piezas porque es una de las sensaciones más bonitas que puede vivir una mujer, sin duda alguna es un regalo de la vida.
Fueron los nueve meses de espera más especiales de mi vida, y es que esa espera se convierte en una dulce espera, quedarán para siempre conmigo todas esas sensaciones tan especiales, ver la transformación de mi cuerpo, sentir el movimiento de mi bebe, sus pataditas, el peso de mi barriga… es emocionante recordarlo.
También el miedo, la responsabilidad, la inseguridad, la ignorancia, todo eso también está presente.
Después de pasar por toda esta mezcla de sensaciones y sentimientos, creo que tomé una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, a pesar de los desafortunados cometarios que rodean siempre a las futuras mamás, lo tenía claro, quería dar el pecho a mi bebe, creía que era lo mejor que podía hacer y uno de los regalos más hermosos y valiosos que le podía dejar para el resto de su vida.
Así que me puse manos a la obra, intenté documentarme, informarme, leí libros, asistí a charlas de lactancia etc… creía estar lo suficientemente preparada para ese momento.
Después de un parto, el cual recuerdo con mucho cariño, puesto que fue natural y a penas sin dolor, llegó el momento, para mí de los más importantes, dar el pecho a mi pequeña.
Fue algo increíble, indescriptible, en nuestro primer contacto nada más tocarnos piel con piel, ella solita busco mi pezón, mi marido y yo nos quedamos gratamente asombrados, la niña cogió el pecho perfectamente.
Los días posteriores todo parecía marchar bien, la niña tomaba el pecho a demanda cuando ella lo solicitaba, empezaron a aparecer las primeras grietas, pero todo parecía estar controlado.
El primer “problema” y “susto” apareció al tercer día de dar a luz, yo ya estaba en mi casa y me vino la subida de la leche. Pues nada yo con mi sacaleches comencé a intentar dar solución a aquella primera prueba, pero pasado un día y viendo que no había mejoría y mis pezones estaban muy irritados, decidí ir a urgencias, totalmente convencida de que allí me indicarían y me darían la solución más acertada.
Lamentablemente fue todo lo contrario, si hubiese hecho caso a la ginecóloga que me atendió ese mismo día, cuatro días después de dar a luz me hubiesen retirado la leche.
Me destrozó moralmente aquella mujer, no se me olvidará jamás, tras ver mis pechos, como me “retaba” a que si no me tomaba las pastillas en pocos días acabaría en mi médico de cabecera pidiéndolas yo misma.
Pero mi “Ángel de la guardia” ese día se encontraba allí, en urgencias, en el lugar y en el momento preciso, gracias a que esta persona me atendió antes que la ginecóloga pude darme cuenta de los errores que estaba cometiendo por mi ignorancia, como por ejemplo, cambiar la talla del embudo de mi sacaleches que me estaba pequeño y no lo sabía, y esto me había provocado una herida en uno de los pezones, cambiar la talla de las pezoneras…
También me explico cómo masajear mi pecho y descongestionarlos sacándome leche manual, a parte de otros muchos consejos que fueron sin duda mi flotador salvavidas en el calvario por el que me iba a tocar pasar.
A partir de este momento pude conocer a parte de las supermujeres que componen LACTALMERIA, si no hubiese sido por ellas, no lo hubiese conseguido, son los angeles de la guardia de las mamás que en algún momento se pierden en el camino.
Y digo calvario porque a pesar de este primer desengaño que me llevé por así decirlo, lo más duro estaba por llegar.
15 días después dar a luz, y ya curadas las grietas y controladas las subidas de leche, comenzó a salirme una pequeña rojez en la parte superior del pecho izquierdo justo encima del pezón, a la cual no le di mayor importancia puesto que no me molestaba y pensaba que habría salido por algún tipo de rozadura al ser una piel tan sensible la de esa zona.
Pasaron días y aquella rojez empezó a crecer y ya empezaba a molestarme, decidí ir a mi ginecólogo porque ya me empecé a preocupar un poco.
Nada más llegar y verme sus palabras fueron con las manos en la cabeza: ¡¡madre mía chiquilla, si eso es MASTITIS, eso hay que cortarte la leche ya!! ¿no te ha dado fiebre? Pues si no desaparece con el tratamiento habrá que sajarte y limpiar eso, es leche con pus…
No me caí de culo porque mi padre estaba detrás que vino a acompañarme, os podéis imaginar 15 días después de dar a luz en el estado emocional, psicológico y físico en el que se encuentra una mujer…. He llorado lo que no he llorado de pequeñita.
Una vez más en contra de la decisión del médico, me empeñe en que no me cortase la leche que me diese algo para intentar curarlo y seguir dando el pecho, el acepto advirtiéndome de los peligros y por supuesto me indicó que no se me ocurriese dar de mamar a mi hija de ese pecho, porque era leche con pus.
A regañadientes me receto lo que suelen recetar en estos casos, sinceramente he olvidado hasta su nombre, y me dijo que si en unos días no mejoraba volviese por allí.
Comenzaron los días junto con sus 24h, los días y las noches más duros y difíciles de esta etapa, no exagero cuando digo que prácticamente me pase 7 días 24 horas pendiente del pecho, poniéndome calor, hielo, sacándome leche,…rabiando de dolor, sufriendo, angustiada, pensando en tirar la toalla…
Era tan intenso y tan fuerte el dolor que pase por urgencias muchas noches, y cuál es mi sorpresa que en una de mis visitas a urgencias, irónicamente me toco la misma ginecóloga que me vio en la primera ocasión (en la subida de la leche) y ella misma me dijo que no era necesario cortar la leche…que podía seguir dando el pecho tranquilamente…
No os podéis hacer una idea la cantidad de contradicciones con las que me encontré cada vez que iba a urgencias, unos me decían una cosa y otros otra, con lo cual la situación cada vez era más angustiosa, pues me encontraba en una constante pesadilla en la que no veía final.
Pero todo esto dio un giro inesperado cuando gracias a tres de las mujeres que componen LACTALMERIA, conocido mi caso se ponen en marcha para acompañarme en este angustioso y difícil camino, ofreciéndome todo lo que tienen a su alcance en esos momentos, sobre todo me escucharon que os puedo asegurar que en esos momentos era una de las cosas que más necesitaba, necesitaba el apoyo de alguien para seguir, a parte de el de mi familia que por supuesto a parte de su lógica preocupación siempre fue incondicional.
Fue entonces cuando decidí seguir prioritariamente a mi instinto, y coger lo que yo consideraba lógico en aquel caos de visitas a médicos.
Obviamente la ayuda de LACTALMERIA fue mucho más que la de cualquier medico profesional, os lo puedo garantizar.
Seguí dándole el pecho a mi niña, incluso de aquel que supuestamente tenia leche con pus, de este hasta le daba más que del otro, seguí con el proceso de cuidado y observación de mi pecho con mastitis, y en constante contacto con dos componentes de LACTALMERIA, que fueron mi salvavidas.
La mastitis había pasado por varios procesos y su estado había cambiado ya era más grande y algunas zonas duras, empezó a aflorar como una especie de cabeza de pus, ya se había convertido en un abceso.
A la semana de todo este infierno, estando en mi casa e intentando sacarme algo de leche, por aquella cabecita de pus, espontáneamente reventó aquella herida, no os podéis imaginar lo que pudo salir de ahí y la herida que tenía en el pecho.
A pesar del tremendo susto que me llevé, fue lo mejor que me pudo pasar, salió todo lo malo y ya solo quedaba curar esa herida.
Me tiré un mes curándome todos los días, me avisaron que probablemente ese pecho bajaría la producción de leche, por la rotura que se había producido, que incluso la niña podría rechazarlo porque la leche tuviese un sabor un poco más saladito.
Os puedo decir que no fue nada fácil incluso cuando parecía haber pasado todo lo malo, pensé en abandonar de nuevo porque estaba aterrada y no quería volver a pasar por lo mismo.
Pero a veces, el instinto de una madre, el ver lo feliz que era mi hija con el pecho, me animó a arriesgarme, a seguir…
Mi pecho sigue produciendo leche, a mi hija curiosamente no le afecto para nada todo aquel proceso y jamás rechazo ese pecho.
Hoy mi hija tiene casi ocho meses, conseguí dar lactancia exclusiva durante los seis primeros meses de vida, que era uno de mis objetivos.
A día de hoy sigo dándole el pecho, las dos estamos plenamente felices y orgullosas de poder hacerlo.
Me he dejado muchas cosas en el tintero, es un pequeño resumen de mi experiencia, quería reflejarla en este relato, sobre todo por si alguna madre en algún momento se encuentra en una situación similar, y digo similar porque ojalá nunca llegué a pasar por todo el proceso que yo tuve que aguantar, porque una simple mastitis con un tratamiento adecuado no tiene por qué ir a más, no tiene por qué llegar a un abceso y desembocar en todo lo que desembocó en mi caso.
Pero ese es el problema con el que nos encontramos, que la gran mayoría de los médicos, no sé si es que ven el tema del pecho como un problema, o que no quieren actualizarse porque me voy a permitir decir que algunos saben menos de lactancia a día de hoy que yo, y yo no soy ninguna experta, que no le dan ni le prestan la suficiente atención y todo lo solucionan, cortando la leche y aconsejando biberón, jamás lo entenderé.
Esto es lo que tiene que cambiar, este sistema, porque la madre que elige libremente dar un biberón, es totalmente respetable, pero la madre que quiere dar el pecho habría que facilitarle mucho más las cosas no poner tantas trabas y decir tantas gilipolleces como dicen, y perdón por la expresión, pero eso es otro capítulo que también da para escribir otro relato.
A mí me hicieron pasar por un auténtico calvario, que se podía haber evitado desde el principio.
Hoy mi pecho izquierdo tiene una pequeña cicatriz, pero os digo que no he puesto mucho empeño en que se borre o que se vea bonita, la considero una herida de guerra, una experiencia por la que pasé y de la que aprendí muchísimas cosas, solo me quedo con lo bueno y positivo que he sacado de ella, y cada vez que la veo me siento orgullosa, porque siempre recordaré que luché por lo que quise por lo que creí, a pesar del miedo y las dificultades.
Este es el mensaje de fuerza que me gustaría transmitir a todas las madres que lean esto, que siempre sigan su instinto, que luchen, que no se vengan abajo en la primera dificultad que se encuentren que si yo a pesar de todo he podido dar el pecho, probablemente todas podrán.
Y ahora sí, reservo el final para tres de las mujeres que componen LACTALMERIA, que no me canso ni me cansaré de repetir que sin ellas esto no hubiese sido posible, no quiero imaginarme como hubiese sido este camino sin ellas, por supuesto esto es una “Lactancia Salvada” pero el triunfo es totalmente compartido, el triunfo también es para María, Miriam y Carmen.
Jamás podré agradecer su ayuda, sois un ejemplo de mujeres, y hacéis una labor impresionante, esto sí que es APOYO DE MADRE A MADRE, y lo más bonito de todo que es desinteresadamente.
Muchos profesionales deberían tomar ejemplo y aprender de vosotras.
Bueno es que no tengo palabras y la emoción me invade, SOLO PUEDO DECIR GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.