Fecha de publicación: May 25, 2014 8:20:45 AM
Aquella mañana de 2010, el viento acuno sus alas y permaneció dormido por toda la jornada. Se acercaba a pasos agigantados el final del curso y el comienzo de lo aprendido. Aún resonaban en mis oídos el suave martilleo de Helena Herrero y sus herramientas útiles para la lactancia, el tono balsámico de Francisco Vera y su
Tratamiento de la mastitis puerperal. Olía a primavera y a azahar.
Como matrona había odio hablar de la nueva asociación, de sus retos, sus sueños y de esas primeras jornadas con una estrella invitada, el pediatra Adolfo Gómez Papis.
De fondo flotaban en el aire, las palabras ambles y certeras de aquella mesa redonda,
con Teresa y Amparo diestras en lactancia representando a madres, padres y profesionales. El entrañable Jorge mostró los conocimientos más sabios, los que nacen de la experiencia de tantos años de apoyo desinteresado como voluntario. Mientras, el
sol de mayo se colaba por los amplios ventanales sin cortinas del salón.
A la entrada en una mesa cubierta de un lienzo blanco, reposaban libros sobre lactancia junto a una pequeña torre del libro “El poder de las caricias”. La información se entrelazaba con el respeto para empoderar a la mujer y su decisión, a veces titánica de seguir lactando. Se habló de cuidar de nosotras mismas, para cuidar
a los más frágiles. En una palabra, querernos un poquito más de lo que a veces nos queremos.
Allí entre angelitos que correteaban por el pasillo, mamas con sus hijos pegados al pecho, papas portando sus retoños, carritos de bebes, ositos, peluches, libros, muñecas, carpetas y apuntes, transcurrieron las horas. Recuerdo un par de gaviotas descansando en el alfeizar de la ventana.
La hipogalactia broto como un manantial de dudas, respuestas y remedios. Remedios caseros y no tan caseros para aumentar la leche, la producción láctea de todos esos senos ajenos a su fertilidad. El oro líquido de las primeras horas, la apurada toma
inicial, la leche de transición, la leche del final, en resumen, se extrajeron todas las respuesta. Desde mi asiento podían verse frondosas ramas de árboles extendiéndose como abrazos maternales, exuberantes y vitales.
El tiempo brillaba inmenso en aquel parque de Aguadulce cerca de la playa. Yo me encontraba junto a otras compañeras matronas y enfermeras que tibiamente asombradas asistíamos a nuestro pequeño desconcierto; descubrir cuanto nos quedaba por aprender. Y habló el experto. El doctor Gómez Papis cautivo al auditorio allí congregado. Con la sencillez de un niño y la profundidad de un sabio contó lo esencial de los primeros
cuidados, el contacto piel con piel, el método canguro, la paciencia infinita que debemos mostrar los sanitarios, el respeto por las decisiones de la madre, los gestos del apego, la
crianza natural...todo lo que deseábamos escuchar con el sólido color de la evidencia y la autoridad.
Los niños jugueteaban por las escaleras soleadas mientras él con su porte quijotesco y su rostro amable firmaba ejemplares de su libro recién publicado “El poder de las caricias”
Olía a mar. Y el poder de la ternura quedo flotando en el aire como la estela de un suave perfume. Salí con la carpeta bajo el brazo evocando todo lo escuchado, visto y aprendido para enseñar a las madres y mostrarlo a los demás.>>