Isabel de Portugal (Lisboa, 24 de octubre de 1503 - Toledo, 1 de mayo de 1539) fue la única esposa de Carlos I de España, y por tanto emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y reina de España. Actuó como gobernadora de los reinos españoles durante los viajes de su marido por Europa.
Isabel era la segunda hija del rey Manuel I de Portugal y de su segunda esposa, María de Aragón, siendo por tanto infanta de Portugal por nacimiento.
Isabel era nieta de los Reyes Católicos, por tanto prima hermana de Carlos V. A lo largo de su vida, muchos la compararían con su abuela Isabel I de Castilla, por su carácter y su determinación en la política. Isabel fue sin duda el alma española de Carlos V que, debido a sus viajes por Europa, pasaba poco tiempo en España. De sus trece años de matrimonio, Carlos estuvo la mayor parte del tiempo fuera de España, alejado de sus problemas y devenires políticos. Fue gracias a las gobernaciones ejercidas por la reina Isabel (1529-1532, 1535-1536 y 1538-1539) que España pudo mantenerse independiente de las políticas imperiales.
Llevaba el nombre de su abuela materna, Isabel I de Castilla, y su tía Isabel, princesa de Asturias, que había sido la primera esposa de su padre. En la línea genealógica de su padre, era nieta del infante Fernando, duque de Viseu (segundo hijo del rey Eduardo de Portugal y hermano del rey Alfonso V de Portugal), y de la infanta Beatriz, hija de Juan de Portugal (hermano del rey Eduardo). A través de su madre, era nieta de los Reyes católicos.
Forma parte de la cultura popular el deseo inquebrantable de Isabel de Portugal de casarse con su primo, el rey de Castilla y Aragón. Para Manuel I de Portugal, que se había casado con tres infantas españolas (las hijas de los Reyes Católicos y la hermana de Carlos V, Leonor) la alianza entre Portugal y España era imprescindible para poder continuar la exploración de los océanos sin incurrir en enfrentamientos con Castilla. Sin embargo, eran los castellanos, representados en las levantiscas Cortes que hicieron frente a Carlos y sus consejeros flamencos, los principales partidarios de que el rey se casase con su prima portuguesa. Es evidente que Castilla necesitaba más a Portugal que al revés: en el devenir constante de Europa, ahora que Carlos era soberano de tantos reinos, Castilla necesitaba aliados. Era menester que Portugal quedase bajo la órbita de Castilla y no de la Francia (como sucedió en la guerra civil castellana de 1474 a 1479). Que Portugal fuera aliado de Castilla implicaba tener las espaldas cubiertas en la Península y en ultramar. Portugal era la única potencia naval que podría cuestionar la supremacía de Castilla en el Atlántico. Era, además, el reino más rico de la Cristiandad. El consentimiento portugués había permitido que Castilla cimentase su posición en las Canarias y sobre territorios del Reino de Fez (Melilla y Cazaza) y su apoyo era necesario para combatir a los infieles en Berbería. En conclusión, la alianza con Portugal era garantía de paz y estabilidad.
Sin embargo, los consejeros flamencos de Carlos, en especial el señor de Chièvres, le convencieron de relegar la alianza portuguesa a un segundo plano y sustituirla por una alianza con Inglaterra. Los motivos por los que Leonor casó con el rey Manuel y Catalina (la hija póstuma de Felipe el Hermoso y hermana menor de Carlos V) con Juan III, hermano de Isabel, estuvieron ligados al compromiso de Carlos con su otra prima, María Tudor, hija de Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón. El compromiso entre Carlos y María buscaba deshacer una alianza entre Inglaterra y Francia, articulada por el ambicioso cardenal Thomas Wolsey y basada en el matrimonio entre María Tudor y el Delfín. El bien del Sacro Imperio Romano Germánico, del que Carlos consiguió ser elegido emperador en 1520, primaba por encima del bien de España. En Portugal muchos entendieron el rechazo de Isabel y su sustitución por Leonor y Catalina como una ofensa. Fue sin duda una maniobra poco inteligente la de Chièvres. Casar a Carlos con la hija mayor del soberano más rico de Europa tenía muchas más ventajas que casarlo con la princesa María que era muy pequeña. Enrique VIII se encontraba alejado de la política europea; la influencia del poderoso Wolsey, que era poderoso en Inglaterra, mermaba y sus relaciones con Francisco I de Francia habían enturbiado su nombre. Por el contrario, la dote que aportaría Isabel solucionaría muchos de los problemas económicos de Carlos.
El matrimonio con la inglesa era inconcebible: la diferencia de edad dejaría las relaciones entre Inglaterra, España y el Imperio pendientes de un hilo y el heredero que necesitaba Carlos para consolidar su poder tardaría en demasía.
En 1521 murió Manuel I y le sucedió su hijo Juan III el Piadoso. Las negociaciones entre los dos reinos de la Península Ibérica dieron como resultado una doble unión hispano-lusa. En 1522 se acordó el matrimonio entre Juan III y Catalina de Austria, hermana menor de Carlos I. Tres años después, en 1525, es su hermana Isabel la que se uniría a Carlos I, el 11 de marzo de 1526, teniendo ella 22 años y él 26. La boda se celebró en los Reales Alcázares de Sevilla, en el actual Salón de Embajadores.
Este acuerdo fue importante desde el punto de vista económico para la monarquía hispánica, ya que Isabel aportó una cuantiosa dote, 900.000 doblas de oro, mientras que Carlos otorgaba a su futura esposa todas las rentas del señorío de la ciudad de Alcaraz de La Mancha y la cercana villa de Albacete, así como en calidad de arras 300.000 doblas, para lo cual hubo de hipotecar las villas jienenses de Úbeda, Baeza y Andújar. A pesar de que el matrimonio se realizó por motivos políticos, se dice que fue una pareja feliz; el rey le fue fiel y estaba enamorado y la Reina le quería mucho (Carlos tuvo otros hijos, pero en su soltería y viudez)2 y tras la muerte de Isabel, Carlos I no volvió a contraer matrimonio y estaba con frecuencia melancólico. Isabel era considerada una de las mujeres más bellas de su época, y como tal fue retratada por artistas como Tiziano o Leone Leoni.
El matrimonio tuvo cinco hijos, siendo el mayor, el futuro Felipe II de España, el único varón en sobrevivir a la niñez. Isabel de Portugal también sufrió dos abortos y no sobrevivió al segundo, ya que murió dando a luz un prematuro séptimo hijo en uno de los aposentos del toledano palacio de Fuensalida, lugar que hoy alberga la Presidencia del Gobierno de Castilla-La Mancha.
Aut Caesar aut nihil
Familia
Información personal
10 de marzo de 1526 – 1 de mayo de 1539
Título de nueva creación
10 de marzo de 1526 – 1 de mayo de 1539
Retrato de la emperatriz Isabel de Portugal por Tiziano (1548), Museo del Prado, Madrid, España.
Firma
Descendencia
Cónyuge
Madre
Padre
Casa real
Entierro
Fallecimiento
Nacimiento
Otros títulos
Sucesor
Predecesor
Sucesor
Predecesor
Otros títulos
A la muerte de Isabel, Carlos I se retiró dolorido por su fallecimiento, al monasterio de Santa María de la Sisla, encargando a su hijo Felipe la presidencia de la comitiva que trasladó el cadáver de la Emperatriz desde Toledo a Granada, para ser enterrada en la Capilla Real. Carlos decidió cumplir los últimos deseos de Isabel y se ordenó que el cuerpo no se abriera, como era costumbre. Dirigió la comitiva Francisco de Borja, duque de Gandía, como caballerizo de la emperatriz. A la llegada a Granada, donde se debía depositar el cadáver, al serle pedido a los monteros de Espinosa abrir el ataúd en que la llevaban sin separarse nunca ni aun al sueño, y para dar fe del hecho al entregarlo a los monjes que debían sepultarla, y al verla tan alterada en descomposición avanzada por los días de marcha y el calor de la primavera, fue pedido a Francisco allí presente su testimonio también. En ese momento, al contemplar el descompuesto cuerpo de Isabel, Borja, entre lágrimas, pronunció la célebre frase: No puedo jurar que esta sea la emperatriz, pero sí juro que es su cadáver el que aquí ponemos ... juro también no más servir a señor que se me pueda morir. Tras esto, decidió optar por la vida religiosa y al enviudar de Leonor de Castro, dama portuguesa y amiga intima de la emperatriz, ingresó en la Compañía de Jesús, donde alcanzó la santidad.
De su matrimonio con Carlos I tuvo los siguientes hijos:
Felipe (21 de mayo de 1527-13 de septiembre de 1598), sucesor de su padre en el trono de España (juntamente con sus posesiones en América, los Países Bajos, Milán, Cerdeña, Nápoles y Sicilia) con el nombre de Felipe II.
María (21 de junio de 1528-26 de febrero de 1603), quien en 1548 se casó con el emperador Maximiliano II de Habsburgo, su primo hermano.
Fernando (22 de noviembre de 1529-13 de julio de 1530).
29 de junio de 1534 (primer aborto varón de la emperatriz).
Juana (24 de junio de 1535-7 de septiembre de 1573), quien en 1552 se casó con su primo hermano Juan Manuel de Portugal, infante heredero de Portugal.
Juan (25 de abril de 1539).
Ancestros de Isabel de Portugal[ocultar]
La Emperatriz Isabel de Portugal con el Príncipe Felipe (futuro Felipe II de España), retrato a lo divino a la manera de la Virgen con el Niño. ¿Copia del original pintado en 1529 por Antonio de Holanda, en Toledo?
Predecesora:
(Reina consorte de Castilla; 1474)
Predecesora:
(Reina consorte de Aragón y de Navarra)
Predecesora:
Predecesora:
Retrato de Isabel de Portugal, obra de Tiziano
¿Dónde está enterrada Isabel de Portugal?
Isabel de Portugal, conocida también como la Emperatriz Solitaria, era la hija del rey de Portugal Manuel I y su segunda esposa María de Aragón.
La Emperatriz Solitaria recibió ese calificativo, luego de desposarse con Carlos I de España, debido a que pasó largos períodos de soledad, en su lugar de residencia, pues su marido, debía realizar interminables viajes para mantener el dominio sobre las extensas propiedades del imperio.
Su unión matrimonial, fue una decisión de alianza política, a fin de afianzar el poder entre Portugal y España, dar mayor solidez a su fuerza naval y para continuar con la exploración de las aguas marinas, sin enfrentarse con Castilla.
Sin embargo, ella y su esposo, con el correr del tiempo, demostraron al mundo, que realmente se amaban y conformaron uno de los matrimonios más sólidos de la realeza de la época.
Durante el tiempo que duró su matrimonio, se encargó de importantísimas decisiones para el reino, en ausencia de su Esposo y supo dominar con gran destreza, el arte de la política.
Este complejo, es uno de los más visitados en Madrid e incluye un palacio, un monasterio, una biblioteca, una hermosa basílica y por supuesto, un panteón, donde descansa Isabel de Portugal y se encuentra ubicado exactamente en localidad de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid, España.
Isabel de Portugal, la Emperatriz Solitaria, será siempre recordada como una bella mujer; como una reina ecuánime, imparcial y equitativa; educada y religiosa; y sumamente justa y piadosa, quien siempre trató de tomar decisiones acertadas para el beneficio de la población.
La vida de Isabel de Portugal, estuvo tutelada por las disposiciones políticas y personales de su esposo el Emperador Carlos I de España, fue Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y reina de España.
Esta mujer, quien superaba por mucha ventaja, los cánones de belleza de la época, era considerada una mandataria organizada y perspicaz gobernante, ya que su capacidad de análisis, siempre estuvo presente en sus decisiones.
La educación de Isabel, incluyó religión, música, idiomas, ciencias y estrategias políticas, lo cual contribuyó en gran medida al desarrollo y consolidación de la soberanía de su esposo, Carlos I de España.,
Luego de años de feliz matrimonio, siete embarazos (cinco de ellos llegados a término y dos abortos) y sana complicidad entre la pareja, en 1539, fallece en Toledo, a los 36 años de edad, Isabel de Portugal.
Posteriormente, el sarcófago contentivo de los restos de Isabel de Portugal, fue trasladado al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un complejo que comenzó a construirse en el año 1563 y fue finalizado 21 años después (1584)