En este apartado encontrarás todos los materiales y contenidos con los que vamos a trabajar este bloque de repaso sobre la Antigua Roma
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Los orígenes de Roma
La ciudad de Roma se fundó en el año 753 a. C., cuando los latinos, un pueblo de agricultores, se asentaron en la colina Palatina, junto al río Tíber, en el corazón de la península itálica. Pronto se expandió hasta ocupar siete colinas, rodeadas por una muralla defensiva.
Con el paso del tiempo, Roma se transformó en una ciudad-estado gobernada por reyes. Los últimos monarcas fueron de origen etrusco. En total, reinaron siete reyes, que ejercían el poder de manera individual, aunque se apoyaban en el consejo del Senado, formado por los patricios, la aristocracia romana.
En el 509 a. C., el Senado destituyó al último de ellos, Tarquinio el Soberbio, y con su expulsión comenzó una nueva etapa: la República romana.
La República: organización política y conflictos sociales
En la etapa republicana, los romanos diseñaron un sistema de gobierno que buscaba evitar que una sola persona acumulara demasiado poder. Para ello, las funciones políticas se repartieron entre diferentes instituciones:
El Senado, formado por patricios, se encargaba de los asuntos más importantes.
Los magistrados, elegidos cada año, gestionaban el gobierno. Entre sus cargos destacaban los cónsules, pretores, censores, ediles y cuestores.
Los comicios, que eran asambleas de ciudadanos, tenían la función de votar leyes y elegir a los magistrados.
En cuanto a la sociedad, existía una gran división entre patricios (la aristocracia, con todos los privilegios) y plebeyos (que carecían de poder político y de muchos derechos). Entre los siglos V y III a. C., los plebeyos iniciaron una larga lucha para mejorar su situación. Gracias a sus reivindicaciones consiguieron ciertos derechos políticos y la creación de un cargo propio: el tribuno de la plebe, cuya misión era defenderlos y con el poder de vetar las decisiones que los perjudicaran.
La expansión de Roma y el final de la República
La expansión romana se llevó a cabo en distintas etapas. Primero, Roma aseguró el control de toda la península itálica. Después, al intentar dominar el Mediterráneo occidental, entró en guerra contra Cartago. Tras las guerras púnicas, Roma salió victoriosa y se adueñó de sus territorios. Más adelante, conquistó la península balcánica y Grecia, y al final de la República ya controlaba también el Mediterráneo oriental.
Este crecimiento territorial provocó nuevas tensiones sociales. Patricios y plebeyos disputaban la posesión de las tierras conquistadas, lo que desembocó en guerras civiles. En ese contexto, los jefes militares se sirvieron de sus ejércitos para alcanzar el poder. Entre ellos destacó Julio César, que fue nombrado dictador y concentró en sus manos todo el poder político.
El Senado, temeroso de perder su autoridad, conspiró contra él y en el año 44 a. C. varios senadores lo asesinaron. Sin embargo, sus enemigos fueron derrotados por Octavio (hijo adoptivo de César) y Marco Antonio. Poco después, Octavio venció también a Marco Antonio y se convirtió en el nuevo líder de Roma. Con este hecho terminó la República y comenzó una nueva etapa en la historia romana.
El Imperio romano
En el año 27 a. C., el Senado concedió a Octavio los títulos de Augusto y de emperador. Con ello comenzaba una nueva etapa en la historia de Roma: el Imperio. El emperador se convirtió en la máxima autoridad política, religiosa y militar.
La época imperial se divide en dos grandes fases: Alto Imperio y Bajo Imperio.
El Alto Imperio (siglos I-III) fue el momento de mayor esplendor. Roma alcanzó su máxima extensión territorial y, bajo el reinado de Trajano en el siglo II, conquistó Dacia (actual Rumanía) y Mesopotamia. Esta etapa de paz, prosperidad y estabilidad recibió el nombre de pax romana. Sin embargo, en el siglo III comenzó una grave crisis política y económica. Los ataques de los pueblos bárbaros en las fronteras aumentaron la inseguridad y obligaron a ampliar el ejército.
El Bajo Imperio (finales del siglo III-siglo V) alternó periodos de crisis con intentos de recuperación. Entre sus emperadores más destacados estuvieron Diocleciano (284-305), que compartió el poder con otros tres generales; Constantino (324-337), quien trasladó la capital a Constantinopla; y Teodosio (379-395), que dividió el territorio en dos partes: el Imperio romano de Occidente, con capital en Roma, y el Imperio romano de Oriente, con capital en Constantinopla.
Para defenderse, los romanos permitieron a los pueblos bárbaros asentarse dentro del Imperio a cambio de apoyo militar. Pero en el año 476, el caudillo germano Odoacro conquistó Roma y depuso al último emperador de Occidente, lo que marcó el fin del Imperio romano de Occidente.
La sociedad romana
Durante la República y el Alto Imperio, la sociedad romana estaba organizada en diferentes grupos:
Ciudadanos: incluían a patricios (la aristocracia) y plebeyos. Los varones ciudadanos gozaban de numerosos derechos políticos.
Extranjeros y libertos: eran personas libres, pero con derechos más limitados.
Esclavos: considerados propiedad de sus dueños, no tenían libertad ni derechos.
En el Bajo Imperio, la situación cambió: se concedió la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio y, con la expansión del cristianismo, disminuyó el número de esclavos.
La sociedad romana también era patriarcal. La figura central era el pater familias, que tenía autoridad sobre todos los miembros de la familia y sus bienes. Las mujeres romanas, aunque eran ciudadanas, no podían participar en política. En cuanto a la educación, niños y niñas estudiaban hasta los 12 años, pero solo los hijos de familias acomodadas podían continuar su formación más allá de esa edad.
Las ciudades romanas
Las ciudades fueron un elemento esencial de la civilización romana. En los territorios conquistados, los romanos ampliaban los núcleos urbanos ya existentes y fundaban otros nuevos. Estos centros se convirtieron en lugares clave para el comercio, la artesanía y la vida económica en general.
El trazado urbano seguía un plano en cuadrícula, con calles que se cruzaban en ángulos rectos. Dos vías principales organizaban la ciudad: el cardo (de norte a sur) y el decumano (de este a oeste). Su cruce formaba el foro, la gran plaza central donde se concentraba la vida pública. Las calles estaban pavimentadas con piedra y disponían de sistemas de tuberías y alcantarillado.
En cuanto a la vivienda, había diferencias sociales marcadas. Los plebeyos habitaban en edificios de varias plantas llamados insulae, mientras que los patricios y los plebeyos acomodados residían en amplias casas unifamiliares de una sola planta, conocidas como domus.
La economía romana
La economía de Roma se sustentaba en tres pilares fundamentales: la agricultura esclavista, la artesanía urbana y el comercio.
La agricultura era la actividad principal, en la que los esclavos desempeñaban un papel esencial trabajando en el campo, en las minas y en las ciudades. Entre los cultivos más importantes destacaban los cereales, las legumbres, la vid, el olivo, las frutas y las hortalizas. La producción agrícola mejoró gracias a la introducción de nuevas herramientas y técnicas.
Las actividades artesanales se concentraban en las ciudades, en talleres donde trabajaban oficios muy diversos, como orfebres, carpinteros o alfareros.
El comercio alcanzó un gran desarrollo, favorecido por la construcción de una extensa red de calzadas y rutas marítimas, así como por la pax romana, que aseguraba la paz y la seguridad dentro del Imperio, facilitando los intercambios de productos.
Las creencias religiosas en Roma
La religión romana era politeísta, es decir, se adoraba a muchos dioses. Los cultos podían ser públicos, celebrados en templos, o privados, realizados dentro de las casas.
Los romanos se caracterizaron por su tolerancia hacia otras religiones politeístas. De hecho, solían adoptar divinidades de los pueblos conquistados e incorporarlas a su propio panteón. Durante la época imperial, para reforzar la unidad del Imperio, se estableció el culto imperial, que consistía en divinizar a algunos emperadores y rendirles culto de manera obligatoria.
En el siglo I d. C. apareció una nueva religión: el cristianismo, basado en las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Este movimiento fue considerado peligroso porque era monoteísta y defendía la igualdad de todas las personas ante Dios. Por ello, muchos emperadores iniciaron persecuciones contra los cristianos, aunque la religión continuó extendiéndose.
Finalmente, en el año 313, el emperador Constantino proclamó la libertad religiosa, y en el 380, el emperador Teodosio declaró el cristianismo como la religión oficial del Imperio.
La arquitectura romana
La arquitectura de Roma recibió una gran influencia de la griega, visible sobre todo en los templos. Sin embargo, los romanos le dieron un carácter propio: sus construcciones no solo tenían un fin decorativo, sino también una función práctica.
Para ello introdujeron importantes innovaciones, como el uso de elementos curvos (el arco y la bóveda) y la utilización de materiales sencillos como el cemento y el ladrillo, que solían recubrir con mármol para embellecer las construcciones.
El legado arquitectónico romano es muy variado. Entre sus edificios más representativos se encuentran los templos, basílicas, arcos de triunfo, columnas conmemorativas, teatros, anfiteatros, circos y termas. Además, destacaron en la ingeniería civil, construyendo puentes, acueductos, calzadas, murallas y sistemas de alcantarillado, que facilitaron la vida en las ciudades y la integración del Imperio.
La escultura y la pintura romanas
En Roma, la escultura, al igual que la arquitectura, no se limitaba a un fin artístico, sino que cumplía también una función política y propagandística. Entre sus principales manifestaciones destacan los relieves conmemorativos, que celebraban victorias y hechos importantes, y los retratos, muy valorados por su realismo.
La pintura romana se realizaba sobre todo en las paredes de las casas y edificios, por lo que era de tipo mural. Se caracterizaba por la policromía (uso de muchos colores) y por la variedad de sus temas: escenas de la vida cotidiana, episodios mitológicos, paisajes y elementos arquitectónicos que decoraban y embellecían los espacios.
El legado cultural de Roma
A medida que Roma conquistaba nuevos territorios, también difundía en ellos su cultura y costumbres. La adopción de estas formas de vida por parte de los pueblos conquistados recibe el nombre de romanización.
Este proceso se vio favorecido por varios factores: el uso del latín como lengua común, la aplicación del derecho romano a todos los habitantes del Imperio, la fundación de ciudades romanas y el constante movimiento de los ejércitos, que ayudaron a extender la cultura romana a lo largo del territorio.
La producción cultural romana fue muy variada y rica, con importantes aportaciones en filosofía, literatura, historia, ciencias y otras disciplinas, cuyo legado todavía influye en nuestra civilización actual.
ACTIVIDADES
Estas son las preguntas:
¿Qué papel tenía el Senado durante la Monarquía?
¿Quiénes constituían la plebe?
Las mujeres, aunque fueran ricas, carecían de derechos políticos (V/F)
¿De quienes reciben su principal influencia en religión y arte los romanos?
¿Siempre fueron politeístas los romanos? Razona la respuesta
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Para afrontar con éxito la prueba, debes repasar y comprender los siguientes aspectos de la historia de Roma:
Los orígenes de la ciudad: cómo y cuándo se fundó, qué pueblos participaron y cómo evolucionó su forma de gobierno en los primeros tiempos.
La República romana: su organización política, las instituciones principales y los conflictos sociales que se produjeron entre los diferentes grupos de la sociedad.
La expansión de Roma: las fases de conquista, los enfrentamientos más importantes y las consecuencias que tuvo esta expansión para la política y la sociedad.
El Imperio romano: el papel del emperador, las etapas del Alto y Bajo Imperio, los principales gobernantes y los problemas que llevaron a su crisis y división.
La sociedad romana: cómo estaba organizada, el papel de los distintos grupos sociales, la familia, las mujeres y la educación.
Las ciudades: su trazado urbano, los espacios públicos y los diferentes tipos de viviendas.
La economía: las actividades principales (agricultura, artesanía y comercio) y los factores que las favorecieron.
La religión: el carácter politeísta, el culto imperial y la llegada del cristianismo hasta convertirse en religión oficial.
El arte y la arquitectura: las innovaciones romanas, los principales edificios y las obras de ingeniería más representativas.
El legado cultural: cómo se transmitieron la lengua, el derecho, la organización urbana y otras costumbres romanas a los pueblos conquistados.
👉 Recuerda: no basta con memorizar datos. Intenta explicar con tus propias palabras y relacionar los hechos (por ejemplo, cómo las conquistas influyeron en la política o cómo la religión se transformó con el cristianismo).