Optional project 2
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Optional project 2
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By: Faiz Abubakr Mohamed
By: Ralph Pace
A protester throws back a tear-gas canister that had been fired by security forces, during a march demanding an end to military rule, in Khartoum, Sudan.
On 30 December, demonstrators marched through the Sudanese capital Khartoum, and in the neighboring cities of Omdurman and Bahri, demanding that the military play no role in a transitional government, and for political power to be transferred to civilian authorities. The protests were brutally suppressed. Reuters reported that five people were killed in the protests.
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Un manifestante devuelve una bomba de gas lacrimógeno disparado por las fuerzas de seguridad durante una marcha para exigir el fin del gobierno militar, en Jartum, Sudán.
El 30 de diciembre, manifestantes marcharon por la capital sudanesa, Jartum, y por las ciudades vecinas de Omdurman y Bahri, exigiendo que los militares no desempeñaran ningún papel en un gobierno de transición y que el poder político se transfiriera a las autoridades civiles. Las protestas fueron brutalmente reprimidas. Reuters informó de que cinco personas murieron en las protestas.
A curious California sea lion swims towards a face mask at the Breakwater dive site in Monterey, California, USA.
California sea lions (Zalophus californianus) are playful animals, native to western North America. With COVID-19 lockdowns in place across California, outdoor and natural beauty spots with plenty of wildlife became a popular focus for local travel. In many countries the wearing of face masks outdoors was obligatory. Similar destinations around the world became littered with abandoned masks. The BBC reported an estimated 129 billion disposable face masks and 65 billion throwaway gloves being used each month through the pandemic. Such personal protective equipment (PPE) can be mistaken for food by birds, fish, marine mammals, and other animals. PPE also contains plastic, and so contributes to the eight million tons of plastic that end up in the oceans every year. According to World Animal Protection, every year an estimated 136,000 seals, sea lions, and whales die from plastic entanglement. Surgical masks break down into millions of microplastic particles over time, which are eaten by fish and other animals, and therefore carry contamination back up the food chain, potentially also affecting humans.
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Un curioso león marino de California nada hacia una mascarilla en el punto de inmersión Breakwater de Monterey, California, EE.UU.
Los leones marinos de California (Zalophus californianus) son animales juguetones, nativos del oeste de Norteamérica. Con los cierres de COVID-19 vigentes en toda California, los lugares al aire libre y de belleza natural con abundante vida salvaje se convirtieron en un foco popular para los viajes locales. En muchos países era obligatorio el uso de mascarillas al aire libre. Destinos similares de todo el mundo se llenaron de mascarillas abandonadas. La BBC informó de que durante la pandemia se utilizaron aproximadamente 129.000 millones de mascarillas desechables y 65.000 millones de guantes de usar y tirar cada mes. Las aves, los peces, los mamíferos marinos y otros animales pueden confundir estos equipos de protección individual (EPI) con comida. Los EPI también contienen plástico, por lo que contribuyen a los ocho millones de toneladas de plástico que acaban en los océanos cada año. Según Protección Animal Mundial, se calcula que cada año mueren 136.000 focas, leones marinos y ballenas enredados en plástico. Con el tiempo, las mascarillas quirúrgicas se descomponen en millones de micropartículas de plástico, que son ingeridas por peces y otros animales y, por tanto, arrastran la contaminación a lo largo de la cadena alimentaria, pudiendo afectar también a los seres humanos.