Richard Gere no se fía mucho del pulso de Jodie Foster en 'Sommersby', una de esas películas de los noventa con un argumento surrealista.
"Los años noventa no tienen el mejor cine, pero sí tuvieron el mejor público. Los espectadores de aquella época eran entusiastas, ingenuos y receptivos". El que habla es el periodista especializado en cine Juan Sanguino. Acaba de editar el libro Generación Titanic: El libro del cine de los 90, donde desmenuza una década en la que "el cine se vivía como un acontecimiento familiar (a veces, gracias al videoclub o los pases por televisión, era una experiencia literalmente en familia). Su consumo era tan íntimo como colectivo".
Sanguino (Madrid, 1984) es un apasionado del cine comercial facturado en aquellos años. "El Hollywood de los 90 sabía que no nos podía colar malas películas tan fácilmente (como sí sucede hoy) y por eso se esforzaba en desafiarnos, en emocionarnos y en evitar tratarnos con condescendencia". Y cita algunos títulos: Titanic, Cadena perpetua, Eduardo Manostijeras, El silencio de los corderos, Thelma y Louise...
En su libro analiza todo lo bueno de estas películas. Y no pasa por encima de algo que no nos dimos cuenta (y ahora también nos cuesta ver): nos lo pasamos tan bien con algunas películas que no analizamos lo delirante que era la trama. Como estas...
Prácticamente magia (1998) Podríamos argumentar que es la película definitiva de la historia del cine porque recorre todos los géneros posibles. Empieza como un drama romántico con Sandra Bullock enamorándose de un desconocido. Melodrama: Bullock enviuda y se encierra en su cuarto, incapaz siquiera de cuidar de sus dos hijas. Drama social: su hermana (Nicole Kidman) le pide ayuda para huir de un novio narcotraficante que la maltrata. Terror: las hermanas matan al narco. Comedia de enredo: tienen que esconder el cadáver y sacar tiempo para beber margaritas con sus tías en la cocina. El sexto género, el 'thriller', sucede con la visita de un policía que investiga la desaparición del narcotraficante. Y falta el género sobrenatural: el fantasma del maltratador se aparece y el policía se enfrenta a él, pistola en mano, en el ático. A estas alturas, el espectador ya no sabe ni qué emoción debe sentir: las ha atravesado todas.