Los poemas de Alejandra Pizarnik muestran el contenido del cerebro de una chica atormentada. Tuvo una niñez demasiado dura y creyó poder encontrar sosiego en los libros, pero eso no ocurrió.
En cambio se convirtió en una extraordinaria poeta y prosista. Pudo drenar sus tristezas a través de la palabra, pero no fue suficiente. Eso nunca es suficiente.
Al final, Alejandra sucumbió cuando la dejaron salir de permiso de un hospital psiquiátrico. Se tomó 50 pastillas de Seconal para que no le quedara oportunidad. En el pizarrón de su habitación fueron hallados sus últimos versos: no quiero ir / nada más /que hasta el fondo.
Leamos a continuación una breve colección de sus poemas más cortos. Cinco. Eso basta porque de lo triste es mejor hablar poco.
una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo
Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres
como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me
sobrevuela como una dinastía de soles.
Insiste en tu abrazo,
redobla tu furia ,
crea un espacio de injurias
entre yo y el espejo,
crea un canto de leprosa
entre yo y la que me creo.