3. Procesión de entrada
Todos vamos camino hacia al altar, rememorando la entrada junto a Jesús en Jerusalén, camino al Calvario.
Quizás te haya llamado la atención en algunas misas solemnes la procesión de entrada. En ocasiones, aunque la Sacristía está cerca al altar, el sacerdote y sus acompañantes dan un rodeo para entrar por la nave principal: y se lleva la cruz procesional, el evangelio, incienso…
La procesión de entrada es como un viaje; simboliza lo que le ha costado al hombre, a lo largo de la historia, llegar hasta el momento de su redención, por medio de la muerte de Jesús en la cruz.
La procesión de entrada nos recuerda los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, tras huir de Egipto.
La procesión de entrada recuerda también la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de su pasión, el domingo de Ramos.
Pero la procesión de entrada recuerda sobre todo el Via Crucis: el camino que tuvo que hacer Jesucristo desde que fue condenado por Poncio Pilatos, hasta la Cruz.
Por eso la Iglesia canta durante la entrada de los sacerdotes: ‘Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor’. ‘Lauda Ierusalem Dominum: alaba Jerusalén al Señor. Hosana, Hosana en las alturas al Hijo de David’. ‘Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios’.
Durante esos segundos que tarda el sacerdote, entre que sale y llega al altar, tú puedes dejar volar la imaginación y hacer ese viaje…