23. El lavabo


A lo largo de la Misa, el sacerdote se purifica las manos varias veces. Todo resulta poco para preparar el alma para recibir dignamente al Señor.


Después de las ofrendas, el sacerdote se lava las manos. Durante el ofertorio, los fieles podían aprovechar para ofrecer algunos dones personales a Dios o a la Iglesia: alimentos, objetos para el culto, etc. Además, si la Misa es muy solemne, después del ofertorio el sacerdote puede incensar las ofrendas y el altar. El lavabo en este momento de la Misa tendría el sentido de limpiar las manos del sacerdote que se podrían haberse ensuciado por las ofrendas o el incienso. 


Pero el lavabo es siempre un símbolo. El sacerdote se lava las manos tres veces durante la Misa; y cada una es una purificación diferente:



Todas las purificaciones son un símbolo de la limpieza con la que nos gustaría disponer nuestra alma para poder servir con dignidad a Dios, y para aprovecharnos de los infinitos frutos por la participación en la Eucaristía.