🗓️ 1 de octubre de 2026
📍Por: Juana Céspedes
🎙️ Gestora Comunicación Comunitaria Regional Bogotá Xuacha y Tolima
– IDEC
🗓️ 1 de octubre de 2026
Queridas y queridos jóvenes:
Hay proyectos que una recuerda por lo que hizo y otros que recuerda por todo lo que le enseñaron. Zoom a mi barrio es, para mí, de esos segundos.
Ustedes fueron mi primer semillero de comunicación comunitaria. En CEDECO, en Rafael Uribe Uribe, comenzamos a caminar juntos una experiencia en la que yo llegaba como acompañante, pero en la que muy pronto entendí que también estaba allí para aprender con ustedes, aprender a mirar, a entender que detrás de una imagen siempre puede existir una historia y que detrás de una historia siempre hay alguien que merece ser escuchado.
Y, así, el barrio nos fue dejando sus propias lecciones.
La Hacienda Los Molinos nos recordó que los territorios tienen historia y que conocerla también es una forma de entender quiénes somos.
La quebrada La Chiguaza nos invitó a mirar nuestro entorno con otros ojos y a recordar que cuidar el lugar que habitamos también es una responsabilidad colectiva.
La Piedra del Amor nos mostró que los barrios también se construyen con afectos, encuentros y recuerdos cotidianos; con historias que quizá nunca aparecen en los libros, pero que hacen parte de la identidad de un lugar.
Los murales de memoria nos enseñaron que las paredes también pueden contar. Que hay historias que alguien decidió dejar allí para que no desaparecieran y que nosotros podemos ayudar a mantenerlas vivas, memorias que nos negamos a olvidar y que resisten.
La placa que recuerda la Masacre del Sur Oriente, o Masacre de la Leche, nos dejó una pregunta que ojalá siempre nos acompañe: ¿qué hacemos con las historias dolorosas de nuestro territorio? Quizás una respuesta sea no permitir que el tiempo las convierta en silencio.
Y el lavadero comunitario nos mostró que también hay historias de organización y cuidado. Que una comunidad se construye cuando las personas encuentran maneras de sostenerse unas a otras.
Pero quizás una de las enseñanzas más bonitas estuvo en las personas que nos acompañaron. En las voces de los adultos mayores, en sus recuerdos y en las preguntas de ustedes, porque la memoria no está quieta: camina, conversa, cambia de generación en generación y se construye cuando nos damos el tiempo de escucharla.
Por eso quiero que recuerden algo que para mí es fundamental en la comunicación comunitaria: no tenemos que darle voz a nadie, porque las personas ya tienen voz. Podemos ser medios, puentes y acompañantes. Podemos ayudar a que una historia llegue más lejos, pero siempre reconociendo que quien vive esa historia tiene el derecho de contarla desde su propia mirada.
Ojalá sigan usando la cámara —o cualquier herramienta que tengan— para mirar con curiosidad y responsabilidad. Para acercarse sin invadir. Para preguntar antes de asumir. Para escuchar antes de contar.
Y ojalá Zoom a mi barrio haya sido apenas el comienzo.
Quiero imaginar que seguirán creyendo en su gente, en sus historias y en la memoria de quienes han construido este territorio antes que ustedes. Que serán una juventud que alza su propia voz, pero que también sabe acompañar las voces de los demás.
Que sigan caminando el barrio con preguntas. Que sigan buscando respuestas junto a su gente. Que sigan encontrando en cada esquina una historia que merece ser contada y, cuando sea necesario, una realidad que merece ser transformada.
Gracias por haberme permitido caminar este pedacito de camino con ustedes.
Gracias por enseñarme que un barrio puede mirarse muchas veces y siempre tener algo nuevo que contar.
Con mucho cariño,
Juana.