🗓️ 09 de junio de 2026
📍Por: Juana Céspedes
🎙️Gestora Regional de Comunicación Comunitaria
🗓️ 09 de junio 2026
Como lo hemos hecho siempre cada 15 de mayo honramos el ejercicio tan preciso, laborioso y fundamental de sostener a quienes han de sostenernos, porque ser maestros no se cierra a la enseñanza, también es protección, es cuidado, todo desde un crisol lleno de amor, comprendiendo así que no es un rol centrado en ser autoridad, sino ser humano, a través del acompañamiento de los estudiantes, de su experiencia e interacción. Enseñar es guiar el corazón con el corazón, a través de pinceladas, cantos, relatos, instrucciones y sobre todo humanidad, humanidad que abraza a todos aquellos que precisamos de su consejo, de su guía, incluso de su consuelo.
Una muestra de ello se vivió en el colegio Fe y Alegría Torquigua que, a través de actividades propuestas por el movimiento de “huellas” y un encuentro llamado “gratitud nos une” permitimos no solo destacar este importante ejercicio pedagógico de cuidar y educar, sino que también brindamos un espacio para escuchar y atender todas las visiones que articulan la educación, contando con el apoyo y participación de maestros y estudiantes en conjunto, incluyendo a todos aquellos que hacemos partícipes de la educación, la herramienta más importante para la formación de personas, vidas, hogares, realidades, comunidades y mundos enteros, con integridad, sentido y propósito.
El ejercicio docente resulta siendo tan fundamental e importante, ser maestros es comprender la realidad que habitamos, entender el contexto de los estudiantes, y vivir para la comunidad. A partir de la comprensión del imperioso peso de asumir este rol es que nos damos cuenta que la educación busca reestructurar, reverdecer y construir hechos, y espacios para la mejora continua y constante de todos aquellos corazones que sean transitados por este loable compromiso.
Por eso, como asume Carlos Skylar, educar es conmover, siendo algo sustancial el encontrar sentidos al educar en este aquí y ahora, que no es caprichoso ni ocasional, sino el presente en toda su extensión y hondura luchando por afirmar y establecer la vitalidad, la diferencia y el estar juntos.
Desde IDEC valoramos, agradecemos, admiramos el gesto que no es heróico, que no debe ser demasiado enfático, que no puede ser apenas un modo indirecto para definir nuestras virtudes, sino un gesto diario, mínimo, que se relaciona con una responsabilidad única: la responsabilidad por la vida de cualquier otro. Con firmeza, pero no con rudeza, con el cuidado y la delicadeza provenientes del humilde anhelo de darle un sentido ético y provechoso a la existencia de cada alumno conmovido por su maestro.