Patricia Pons, Doctora en Informática, actualmente está trabajado como investigadora en el Instituto Tecnológico de Informática de Valencia.
Estudió Ingeniería Informática en la UPV, después hizo un máster en Ingeniería deSoftware, donde empezó a colaborar con tareas de investigación. A partir de ahí encontró un área que le pareció muy interesante y sabía que quería dedicarse a la investigación cuando terminó, de modo que continuó con los estudios de doctorado.
Desde la ESO ya tenía claro que quería estudiar informática y no fue porque sus padres viniesen de ese mundo, de hecho sus padres eran panaderos, nada que ver con la tecnología. Pero siempre le habían llamado la atención las pelis de ciencia ficción. Cuando su padre trajo un ordenador a casa le llamó mucho la atención el ver como ella hacía algo y eso se traducía en que el ordenador respondía de alguna forma, y en saber qué lógica había ahí detrás o como se podían crear esos programas o esas imágenes que se ven en los videojuegos o en las pelis. Y a raíz de ir investigando un poco vio que había una carrera que se centraba en esto, y tuvo claro que quería estudiar Ingeniería Informática aproximadamente a la edad de 12 años. Tras la ESO cursó el Bachiller Tecnológico, y aunque hay mucha gente que llega a la carrera habiendo programado previamente, Patricia llegó a la carrera sin saber programar todavía. Esto le resultó chocante porque el primer día, aparte de que le sorprendió que eran muy pocas chicas, en una de las primeras clases el profesor preguntó: “Bueno, ¿quiénes habéis programado antes?”. La mayoría de la gente levantó la mano y esto la hizo dudar de sí misma y de poder estar al nivel, ya que pensaba que esto podría suponer un problema. Sin embargo, fue únicamente la sorpresa inicial y el hecho de sentirse diferente al resto. Finalmente la decisión de estudiar informática había sido la acertada y ha disfrutado mucho de todo lo aprendido.
No se ha sentido discriminada por ser mujer a la hora de encontrar trabajo, ni tampoco se ha encontrado con situaciones incómodas en entrevistas, aunque sí que ha escuchado a alguna compañera que sí que las ha tenido. Pero en el caso que le hayan dicho que no a algún trabajo, no considera que haya sido por ser mujer, sino por falta de experiencia o porque buscaban otro perfil, pero específicamente por ser mujer no.
En los estudios no se ha sentido discriminada, ni tampoco ha tenido problemas con profesores ni compañeros. Pero sí nos indica que se sintió extraña, en primero de carrera porque había muy pocas chicas, y en segundo de carrera porque era la única chica en la clase. A pesar de que estaba muy a gusto y cómoda con sus compañeros y de sentirse valorada, echaba en falta el tener más mujeres alrededor. En segundo de carrera le costó aceptar que eso iba a ser así de ahí en adelante, que iba a ser la única mujer en la clase o como mucho otra compañera y muchas veces eso le hizo dudar de sí misma en diversas situaciones. No se trata tanto de que la gente te discrimine, sino de sentirte diferente o en inferioridad, de no pertenecer y dudar de tus capacidades por ello a pesar de estar completamente preparada, es lo que se conoce como el síndrome del impostor.
En lo referente al techo de cristal, no se siente afectada todavía ya que el trabajo que desempeña actualmente no es en un puesto de dirección o alto cargo. Pero sí que lo ve alrededor, sobretodo el hecho de que va decreciendo el número de mujeres durante la carrera y la vida profesional: del número de alumnas que hay en la carrera, al número de mujeres que se ven en los puestos de trabajo de la profesión, muchas mujeres encuentran dificultades o lo tienen que dejar. Esto a su vez dificulta que puedan pasar a puestos directivos, donde el número de mujeres es muchísimo menor que el de hombres ocupando puestos de responsabilidad, y es tarea de todos y todas trabajar para lograr romper esta barrera.
Hace menos de un año le dieron el premio de la Sociedad Científica de Informática de España y de la Fundación BBVA por su tesis doctoral. Este premio se otorga cada año a únicamente 6 investigadores jóvenes en España en todas las áreas de informática. Para ella ha sido un reconocimiento muy satisfactorio, porque además de tratarse de un trabajo en un área emergente que supone una apuesta arriesgada, ver que finalmente los resultados son positivos y que lo valoren desde fuera es muy gratificante.
Un proyecto relevante fue el de su tesis, que terminó a finales de 2018, y que le permitió combinar muchas tecnologías e investigar en un área bastante nueva: Animal Computer Interaction. De hecho en España eran los primeros investigadores que hacían algo así y había muy pocos investigadores en el área en el resto del mundo cuando empezaron.
La tesis trata sobre el desarrollo de tecnología o sistemas de juego basados en tecnología para animales y humanos, centrándose más en la parte de animales (de hecho, últimamente Patricia va probando robotillos con sus gatos a ver cuáles les gustan más). El área de investigación de Animal Computer Interaction surgió más o menos tres o cuatro años antes de que empezara la tesis. Cuando empezó, se enteraron que estaban surgiendo trabajos en este campo y vieron muchas oportunidades, sobre todo porque en tema de enriquecimiento animal con tecnología no había muchos estudios: sí que se puede ver que hay robots o sistemas para animales, pero no suelen estar basados en investigación, no están pensados para las características del animal. Por lo que se dedicaron a investigar qué tipo de tecnología podría ser más útil para determinadas especies: trabajaron con gatos y perros principalmente, y también hizo una estancia de investigación en Australia para trabajar con orangutanes. El objetivo es estudiar como ese animal entiende el mundo y ver cómo puede entender la tecnología o cómo se puede acoplar un sistema tecnológico para que al animal le resulte intuitivo, ya que no se le puede explicar cómo tiene que usar el sistema. Por ello, tiene que ser algo natural para él y que pueda usar con facilidad para su manera de entenderlo. Por ejemplo, con gatos y perros estuvo probando con distintos tipos de robots y luego la idea era ver si el sistema es capaz de jugar con el animal por sí mismo, para estimular al animal a que juegue con el robot y esto pueda ser útil para mascotas que se quedan solas en casa o animales en refugios que necesitan estimulación física y mental.
Para ello desarrollaron un sistema que era capaz de detectar el comportamiento y las posturas del animal con una Microsoft Kinect. La Kinect es un sensor de profundidad de infrarrojos, y lo que el sistema hace es coger esa imagen infrarroja, aplicar algoritmos de visión por computador y luego aplicar machine learning (aprendizaje automático) para clasificar lo que está viendo la cámara. De esta forma se puede detectar en que postura se encuentra el animal, por ejemplo si está sentado, si está de pie, si está caminando o por ejemplo dónde está la cabeza, ya que eso también es interesante por saber si está prestando atención al robot o está prestando atención a otra cosa. A partir de esta información que detecta el sistema, desarrollaron un prototipo que era capaz de analizar esas imágenes y jugar con el animal por sí mismo. Además, compararon este sistema de juego con otro sistema en el que es el humano el que está manejando al robot para jugar con el animal.
1.Te importaría hacernos una pequeña presentación sobre ti?(Nombre, edad, procedencia, trabajo).
2.¿Cuando decidiste estudiar algo relacionado con esta rama?
3. ¿Has encontrado alguna dificultad a la hora de encontrar trabajo por ser mujer?
4. ¿Has sido discriminada en los estudios por ser mujer?
5. ¿Qué opinas del techo de cristal y te has visto afectada por él?
6. ¿Has participado en algún proyecto?
7. ¿Has recibido algún premio por tu trabajo?
8. ¿Podrías decir una frase que te defina?