La diferencia entre el y la
Cinco de la tarde y Celia frente a la puerta del colegio, como muchas mujeres y algunos hombres. Ella recogía a los niños martes y jueves, lunes y miércoles los recogía su padre, el viernes llegaban en el autobús escolar que los repartía por los pueblos de la comarca. Un día su marido le sorprendió, le dijo que él también quería ir al colegio. Lo hacia ella porque tenía horario flexible, le gustó escucharle decir: " Yo también quiero existir en los recuerdos de infancia de nuestros hijos cuando sean mayores y piensen en la escuela".
Se le acercó el director, Juanma, era de sonrisa contenida y maestro de palabras . Le preguntó por su marido, hasta el día siguiente no podría verlo. El griterío de los niños le sacó de sus pensamientos, no entendía que podía ser lo que el director quería hablar con su marido y no con ella, al fin y al cabo eran hijos de los dos. La mochila de la merienda, la carpeta, un saludo a otra madre, la mirada al reloj para llegar a tiempo a patines, la niña, el niño; todo a la vez en menos de cinco minutos.
Aunque era miércoles, al día siguiente volvió a la salida del colegio , le había surgido un problema a su marido y ella había modificado su trabajo para ir a recogerlos. Sintió la desilusión del director al verla. Preocupada e intrigada se acercó a él para explicarle y ver si conseguía averiguar lo que quería tratar con su marido. Juanma le entregó un sobre y le dijo que lo estudiara su marido para el lunes siguiente.
No hizo falta esperar tanto, al día siguiente, Celia volvió puntual a la puerta del colegio. Esta vez ella buscó al director y le preguntó por qué quería hablar con su marido y no con ella del contenido del sobre. El le respondió que quería conocer la opinión de su marido sobre una línea de autobús escolar puesto que sabía que ellos tenían un taxi rural . Celia le dijo que era más sencillo si antes de preguntar por el tema, le hubiera preguntado quién conducía el taxi puesto que era ella la taxista y no su marido. Celia le daba su opinión y el director mantenía el sonrojo de la vergüenza mientras sentía la diferencia entre enseñar o aprender lo que es la igualdad.
Autora: Yolanda Urarte Alfonso