Vitorina López Muriel
84 años, jubilada y viuda.
Natural de Béjar, Salamanca (Sureste de Castilla y León)
Trabajó toda su vida como ganadera, limpiando hogares y cuidando de personas ancianas.
Vitorina tiene ochenta y cuatro años, vive en el pueblo de Béjar, Salamanca.
Pasó una temporada de su vida como ama de llaves y después se inició en el mundo de la ganadería, ya que este oficio es muy típico de esta zona y ya que lo heredó todo de sus padres, específicamente de su padre, quien quería que alguien de la familia siguiese con esta tradición y trabajando en ello. Sabemos que el oficio de ganadería no es un oficio dedicado al sector femenino, si no que siempre ha sido llevado a cabo por hombres, mientras las mujeres hacían las tareas de la casa.
Vitorina, es la mayor de seis hermanos, por lo que pronto tuvo que dedicarse al mundo laboral para ayudar a su familia, empezó a los 14 como ama de llaves, (ya que no tenía ningún estudio y además tenía una familia la cual no era de clase adinerada), donde trabajaba limpiando hogares y cuidando de los dueños en caso de que fuera necesario. Unos diez años después, se inició en el mundo de la ganadería, porque aunque no fuera un trabajo donde ver mujeres era habitual, no tenía otra opción, ya que era la hija más mayor y la que, en ese momento, podía llevar a cabo el hecho de obtener beneficios económicos para su familia, siempre con la ayuda de su padre.
Estuvo trabajado en este oficio alrededor de 40 años, desde los 24 que dejó el trabajo de ama de llaves hasta aproximadamente los 60, aunque había semanas o incluso meses en los que no parecía que trabajara en nada, ya que no había demanda de ganado y no conseguía ningún beneficio económico.
En aquella época, lo habitual de los ganaderos era invertir las 24 horas del día en su ganado, estando atento de la salud, higiene, cuidado y sobre todo la alimentación de estos. Aunque siendo exacta, nos comenta que el tiempo que podía llegar a trabajar a lo largo de un día se acercaba a las 18 horas, sin contar descansos, comidas u horas de sueño, era un trabajo muy sacrificado.
Respecto a este oficio no había un salario fijo puesto que dependía en gran medida del tiempo, la estación, la zona y ante todo dependía de la salud de su ganado, si era rentable o no comprar esa vaca, cerdo, oveja, gallina, etc.
Pero, normalmente, la cantidad de salario que podían conseguir en un mes, rondaba las 16000 pesetas, que en aquella época era una cantidad considerable y más para quien no tenía facilidades, aunque a día de hoy esa cantidad no llegue ni a los 100 euros.
Está claro, que las cosas han cambiado mucho, respecto a dinero, familia, tradiciones y también respecto a los oficios, y este no iba a ser menos.
Nos comenta que a día de hoy no tiene mucha información sobre cómo se lleva a cabo este oficio, pero lo que si nos dice es que espera que por lo menos haya cambios respecto a las formas de trabajo, ya que eran bastante duras y también respecto a las horas invertidas en él, porque como ya comentó anteriormente es un trabajo muy sacrificado, también nos comenta que espera que también haya habido mejores respecto al papel de la mujer en este oficio, ya que no era muy bien recibida y siempre ganaba menos dinero por las ventas de ganado que un hombre.
Pero al contrario de hoy, nos dice que en cuanto al salario era mejor en su época, puesto que la calidad de vida no era tan cara como lo es hoy, es decir, merecía mas la pena invertir en este oficio y llevarlo a cabo en su época que a día de hoy.
La cuestionamos la pregunta de “¿Era habitual que hubiera mujeres?”, sabemos que en esto oficio no era habitual ver mujeres, ya que siempre se han dedicado hombres mientras las mujeres hacían las tareas del hogar. Vitorina nos responde que para ella si era habitual ver mujeres puesto que ella creció en este oficio ya que heredó esas tierras y ganado de su padre, aunque él siempre había deseado que la “tradición” la siguiera un hombre, pero esto no fue posible.
Además, en ese momento no quedaba otra opción que quien siguiera con este trabajo fuera ella, puesto que tampoco había mucho donde escoger y más para quien no tiene dinero ni estudios. Por lo tanto, lo importante era ganar dinero y tener la suficiente economía como para alimentar a tus hijos, pagar deudas y no deber nada a nadie.
Además que solía ser un trabajo familiar, donde casi nunca accedía nadie de fuera de la familia, el oficio se promovía de padres a hijos y así generacionalmente.
En cuanto a este oficio, la dificultad de ser mujer era grande, puesto que no dependías de los mismos derechos que tenía un hombre el cual hacia el mismo trabajo que tú, pero para ella no le supuso dificultad ya que era de su propia familia, donde el dinero conseguido era para casa y para beneficio propio. Así que a su parecer, sí, era difícil ser mujer, pero en aquel momento y en aquella situación para ella no lo era ya que contaba con el apoyo de su familia aunque su padre no lo aceptase del todo.
En esa época, y más en ese oficio, “no” había baja por maternidad, ya que dependías totalmente de tu ganado para obtener un beneficio económico, por lo tanto cuando llegaba el momento en el que quedaba poco tiempo para dar a luz, sí, te retirabas del trabajo durante unas 3 semanas o incluso un mes, pero al poco tiempo volvías a la rutina, haciendo todos los quehaceres a la vez, es decir, trabajaba en el campo, hacías las tareas domésticas y además atendías a tu familia e hijos. Y con más razón empleabas más tiempo en el oficio ya que tenías una boca más que alimentar.
En cuanto a los derechos laborales, claro que los había aunque a su parecer no eran igual para todos, ya que los hombres siempre recibían más privilegios, además de que realmente ella nunca supo sobre sus derechos laborales, ella solo trabajaba para vivir y para sacar a su familia adelante.
Como punto final nos cuenta una gran anécdota de todos esos años los cuales trabajó en el campo: “Recuerdo que mi padre siempre me decía que para vender una buena vaca, tenía que ser vendida por un hombre, ya que ellos tienen mucha más labia que las mujeres, a mi aquello me frustraba muchísimo, ya que yo me veía capaz de hacer cualquier cosa, y más cuando me inicié en ese oficio, porque aún era muy joven. Al poco tiempo de morir mi padre, recuerdo que me trajeron una vaca, que para mí era impresionante, me parecía la vaca perfecta, la cuidé como si fuera mi propia hija, incluso era la única vaca que dormía en un establo, mientras que el resto dormía a la intemperie. Meses después, era la vaca más prestigiosa que tenía, y la vendí por más de veinte mil pesetas, nunca estuve más orgullosa de mi misma.”