Fonética y Fonología: Un Estudio de los Sonidos del Habla
En el primer día de clase sobre fonética y fonología, se realizó una práctica interactiva en la que se exploraron sonidos creados por la voz humana, utilizando técnicas como el beatboxing y el canto de garganta. A través de estos ejemplos, entendimos que todos los sonidos de la voz humana se originan entre la glotis y la cavidad nasal. Estas prácticas, aunque modernas y tradicionales, nos permiten estudiar los límites del aparato fonador y cómo se producen diferentes tipos de sonidos que las lenguas humanas utilizan para comunicarse.
El sonido, en su definición más básica, es una onda que se transmite a través de un medio, generalmente aire, y que se percibe gracias a los órganos auditivos. Sin embargo, el estudio del sonido no solo abarca su dimensión física, como onda mecánica, sino también su dimensión psicológica, como objeto de percepción. Para comprender completamente los sonidos, debemos tener en cuenta ambos aspectos: la creación de la onda sonora y cómo el cerebro la interpreta.
La fonética y la fonología son dos ramas de la lingüística que estudian los sonidos, pero con enfoques distintos. La fonética se ocupa de los mecanismos de producción y percepción de los sonidos, es decir, cómo se generan y cómo se captan. Se divide en tres subdisciplinas:
Fonética articulatoria: Se enfoca en cómo los órganos del habla (como los labios, la lengua y la laringe) producen los sonidos.
Fonética acústica: Estudia las características físicas de las ondas sonoras generadas por los movimientos articulatorios.
Fonética perceptiva: Se ocupa de cómo el cerebro procesa y percibe estos sonidos.
Por otro lado, la fonología estudia cómo estos sonidos se organizan dentro de una lengua para crear significados. En este sentido, los fonemas son las unidades mínimas que pueden cambiar el significado de una palabra. A través de la identificación de pares mínimos (como "pan" y "ban"), los fonemas se distinguen y se analizan en función de sus características distintivas.
Para que se produzca un sonido, es necesario que haya una vibración en los órganos fonadores, como las cuerdas vocales, y una transmisión de la onda sonora a través del aire. La percepción del sonido, por otro lado, depende de cómo estas vibraciones son interpretadas por el cerebro, a través de los órganos auditivos.
Las ondas sonoras tienen tres características clave: duración, frecuencia y amplitud. Estas cualidades determinan la calidad del sonido que percibimos, como si es grave o agudo, fuerte o suave. Además, el sonido se clasifica según si las cuerdas vocales vibran (sonoros) o no (sordos).
Las ondas sonoras se generan por la vibración de un cuerpo, y se propagan a través del aire en forma de compresión y rarefacción de las partículas de aire. A medida que estas ondas viajan, se caracterizan por su frecuencia (número de ciclos por segundo, medidos en hercios) y su amplitud (distancia máxima alcanzada por la onda, medida en decibelios). La frecuencia fundamental (F0) es la primera onda que se produce cuando articulamos un sonido, y sobre esta base se generan los armónicos o formantes, que son vibraciones secundarias que permiten distinguir los sonidos en una lengua.
La producción de sonidos en las lenguas humanas implica una serie de procesos:
Generación de la corriente de aire: Proviene de los pulmones y pasa a través de las vías respiratorias.
Fonación: Las cuerdas vocales vibran para producir sonidos sonoros.
Articulación: Los órganos articulatorios (labios, lengua, paladar, etc.) modifican el paso del aire para formar diferentes sonidos.
Dependiendo de la posición y el movimiento de los articuladores, los sonidos pueden clasificarse en diferentes categorías, como oclusivas, fricativas, nasales o vibrantes. Además, los puntos de articulación y el modo de articulación son esenciales para clasificar los sonidos consonánticos.
Los fonemas, que son representaciones mentales de los sonidos, se convierten en sonidos físicos a través de los procesos fonológicos. Estos procesos se rigen por reglas fonéticas que dependen del contexto en el que se produce el sonido. Por ejemplo, el fonema /b/ puede realizarse como [b] o [β] dependiendo de su entorno fonético (antes o entre vocales). La variabilidad en la realización de los fonemas se llama alófonos.
Además, existen fenómenos como el rotacismo y el lambdacismo, donde ciertos sonidos pueden cambiar dependiendo de la región o el contexto. Estos fenómenos son parte de las variaciones dialectales dentro de una lengua.
El estudio de la fonología también incluye la organización de los sonidos en unidades más grandes, como las sílabas. Las sílabas son unidades perceptivas esenciales en la cadena hablada, y se componen de un núcleo (una vocal), un ataque (consonante antes de la vocal) y una coda (consonante después de la vocal). Estas unidades se organizan de acuerdo con las reglas de la lengua, siguiendo principios como la cima de sonoridad, que establece que la sonoridad de una sílaba debe disminuir hacia los extremos (de la consonante al núcleo y de la vocal a la coda).
La prosodia se refiere a la entonación, el ritmo y el acento de las sílabas, elementos clave para comprender el significado en el discurso. El acento y la entonación, que pueden variar según el contexto o la región, son parte fundamental de la competencia fonológica de los hablantes. Los trastornos en la prosodia, como la aprosoodia, afectan la capacidad de producir o interpretar la entonación correctamente, aunque no necesariamente implican una alteración cognitiva.