Las lenguas humanas son un aspecto único de nuestra especie, que nos diferencia de otros seres vivos. Aunque solemos usar los términos “lengua” y “lenguaje” de manera indistinta, en lingüística tienen diferencias importantes. El lenguaje es una capacidad innata y universal en los humanos que permite desarrollar una o varias lenguas sin necesidad de instrucción formal, siempre que se esté en contacto con una comunidad lingüística durante la infancia. Es una habilidad biológica específica de nuestra especie, independiente de otras capacidades mentales y que se activa espontáneamente a través de la exposición al entorno.
El lenguaje humano tiene características distintivas: es universal (todos los humanos desarrollan alguna lengua), específico de nuestra especie (otros animales se comunican, pero no tienen lenguaje en el mismo sentido), y espontáneo (se desarrolla sin enseñanza consciente). Además, el desarrollo del lenguaje tiene un “periodo crítico” en la niñez, durante el cual la exposición a una lengua es fundamental para su plena adquisición. Al finalizar este periodo, puede resultar difícil o incluso imposible desarrollar ciertas habilidades lingüísticas.
La lengua, por otro lado, es el sistema particular que cada comunidad usa para comunicarse, y es la manifestación concreta del lenguaje. Este desarrollo no es un proceso mecánico; pasa por distintas etapas en la infancia, como la “sobrerregularización”, donde los niños generalizan reglas gramaticales (por ejemplo, decir "rompido" en vez de “roto”).
Todas las lenguas comparten algunas propiedades, como el uso de signos arbitrarios para representar ideas (signos lingüísticos), la posibilidad de expresarse en diferentes tiempos y lugares, y la doble articulación: la habilidad para combinar sonidos básicos (fonemas) en secuencias significativas (morfemas, palabras, oraciones). Esto les da a las lenguas humanas una alta productividad, es decir, la capacidad de crear infinitas frases a partir de un número finito de elementos.
El pensamiento es la capacidad de formar y manipular representaciones mentales, algo que se da incluso en animales, aunque de forma más limitada. Si bien el lenguaje facilita expresar y organizar el pensamiento, existen teorías, como la hipótesis de Sapir-Whorf, que exploran cómo una lengua puede influir en la manera de conceptualizar el mundo. Esto no significa que el lenguaje determine completamente el pensamiento, pero puede influir en cómo las personas categorizan y recuerdan ciertos conceptos.
Al igual que las lenguas habladas, las lenguas de signos son sistemas complejos que permiten la comunicación total entre personas sordas y presentan las mismas propiedades lingüísticas. Cada comunidad sorda tiene su propia lengua de signos, como el caso de España, donde se usa la lengua de signos española (LSE).
En lingüística, se distingue entre la Lengua I (interna, individual, innata, inconsciente) y la Lengua E (externa, expresada, social). La Lengua I representa la competencia gramatical natural de un hablante, mientras que la Lengua E es el conjunto de producciones culturales (textos, canciones, conversaciones) que son manifestaciones de una Lengua I particular. Mientras la Lengua I es una habilidad individual, la Lengua E es el resultado de la vida social y cultural.
Existen casos de disociación, en los que las personas, pese a tener un desarrollo cognitivo normal, no desarrollan plenamente el lenguaje, o casos de trastrnos específicos que afectan exclusivamente las habilidades lingüísticas (por ejemplo, la afasia). Esto subraya la independencia del lenguaje respecto a otras funciones mentales. Además, el periodo crítico hace que el aprendizaje de una lengua en etapas tardías sea menos eficaz y que, a partir de ciertas edades, nuestra capacidad para adquirir nuevas palabras y estructuras se deteriore gradualmente.