La lengua no es uniforme, sino que se manifiesta a través de diversas variedades según el contexto en el que se utiliza:
Variedades diatópicas (geográficas): Se refieren a las diferencias lingüísticas que se presentan según la región geográfica. Estas incluyen el acento, el vocabulario y las estructuras gramaticales que varían entre países o dentro de una misma nación. Ejemplos de esto son los dialectos andaluces, canarios, o chilenos.
Variedades diastráticas (sociales): Se relacionan con el nivel social, el estatus, la clase social y el nivel educativo del hablante. Un mismo grupo geográfico puede tener diferentes formas de hablar dependiendo de estos factores. Por ejemplo, un sociolecto de clase baja puede incluir un habla más coloquial o con influencias dialectales, mientras que un sociolecto de clase alta tenderá a usar un lenguaje más normativo y formal.
Variedades diafásicas (de registro): Estas variedades dependen de la situación comunicativa. En un contexto formal (como en la universidad o una entrevista de trabajo), los hablantes usarán un registro más formal; en un contexto informal (como en una charla con amigos), el lenguaje será más coloquial y relajado.
Dialecto: Se entiende como una variedad lingüística asociada a un área geográfica o a un grupo social específico. Aunque el término "dialecto" a menudo se percibe de manera negativa, lingüísticamente no existe una distinción de valor entre lengua y dialecto, ya que ambos son igualmente válidos.
Idiolecto: Es la forma de hablar individual de cada persona, que incluye variaciones en la fonología, la gramática y el vocabulario.
Lengua estándar: Es una forma unificada y normada del lenguaje, que se utiliza como referencia en situaciones formales y en la educación. En el caso del español, la lengua estándar es una combinación de diversos dialectos geográficos y sociolectos, que busca ser comprensible para todos los hablantes, independientemente de su región o clase social.
La lengua es una parte fundamental de la identidad de un hablante, y está influenciada por tres dimensiones principales:
El origen geográfico, que se refleja en las variedades diatópicas.
El estatus social y étnico, que se refleja en las variedades sociolectales.
El contexto conversacional, que determina el registro y la forma de hablar.
Variedades geográficas (geolectos): Cada región tiene particularidades lingüísticas que permiten identificar el origen de una persona. Por ejemplo, un andaluz, un canario o un chileno tendrán características distintas en su manera de hablar el español, como el uso de "ustedes" en vez de "vosotros" o la pronunciación de ciertas consonantes.
Variedades sociolectales: Dentro de una misma área geográfica, existen diferencias según el grupo social. Los hablantes de diferentes clases sociales, edades o profesiones usan diferentes formas de hablar. Los sociolectos altos suelen utilizar un lenguaje más culto y formal, mientras que los sociolectos bajos tienden a usar un lenguaje más coloquial.
Variedades de registro: Los hablantes ajustan su manera de hablar según el contexto comunicativo. En situaciones formales se utiliza un registro más cuidado, mientras que en situaciones informales el registro será más relajado y coloquial.
En regiones con múltiples lenguas en contacto, como Cataluña o Galicia, se puede dar una situación de diglosia, en la que una lengua (por ejemplo, el español) tiene un estatus más alto y se utiliza en contextos formales, mientras que otra lengua (como el catalán o gallego) se usa principalmente en contextos informales.
El concepto de génerolecto hace referencia a las diferencias lingüísticas entre hombres y mujeres. Según estudios como los de Robin Lakoff, las mujeres tienden a mostrar una mayor variedad en su entonación, una mayor adhesión a la norma lingüística, y un uso más frecuente de diminutivos y adjetivos valorativos. Además, su discurso suele ser más cooperativo y orientado a mantener la relación, mientras que los hombres tienden a utilizar el lenguaje para negociar su estatus o independencia. Sin embargo, algunas autoras consideran que estas diferencias son en parte un reflejo de las expectativas sociales impuestas a mujeres y hombres, y no tanto una cuestión biológica.
En las aulas, se deben fomentar actitudes positivas hacia la diversidad lingüística. Los maestros deben promover la aceptación de todas las variedades lingüísticas, independientemente de su estatus social o geográfico, y mostrar que no existe una lengua "mejor" que otra. Es importante que los estudiantes aprendan a adaptarse a diferentes registros y situaciones comunicativas, lo que les permitirá ser más competentes en el uso del lenguaje.
En resumen, la lengua es un fenómeno dinámico que varía según la geografía, el contexto social y la situación comunicativa, y estas variaciones son fundamentales para la identidad de los hablantes. La comprensión y el respeto por estas variaciones son claves para una comunicación efectiva y para el desarrollo de una competencia lingüística completa.