A través de esta asignatura, tuvimos la oportunidad de asistir a un seminario con Santiago Muñoz Machado, quien dirige la Real Academia Española (RAE), pudimos aprender más sobre esta emblemática institución y su papel en el idioma español. Muñoz Machado nos indicó que la RAE se estableció en 1713 con la meta de unificar el idioma y elaborar un diccionario que representara las reglas del español. Desde su fundación, la RAE ha desempeñado un papel esencial en la conservación y el avance del idioma, ajustándose a los cambios socioculturales que se producen en los países de habla hispana.
Uno de los puntos más fascinantes de la conversación fue la manera en que la RAE gestiona las transformaciones en el idioma. El director subrayó que la institución no establece reformas, sino que se ajusta a las transformaciones que emergen de los hablantes. La RAE analiza las tendencias del lenguaje y, únicamente cuando estas se establecen de forma relevante en la sociedad, las acepta oficialmente.
En nuestra clase abordamos los tópicos del lenguaje inclusivo y la potencial eliminación de letras que suenan igual, como la "b" y la "v".
Respecto al lenguaje inclusivo, Muñoz Machado explicó que la RAE no establece cómo deben comunicarse las personas, sino que recoge el uso auténtico del idioma. A pesar de que se han hecho modificaciones en las definiciones para ser más inclusivas en términos de género, el lenguaje inclusivo no se implementará oficialmente a menos que exista un consenso amplio entre los hablantes. La RAE sostiene que no modifica las normas, sino que se ajusta a los usos creados por los hablantes, actuando como un observador que capta las tendencias del lenguaje.
Muñoz Machado también destacó la relevancia de la lengua como elemento de unión entre las naciones hispanohablantes.
Por tanto decir que , la RAE tiene un enfoque pragmático y respetuoso con el uso del idioma. Su misión es preservar la unidad del español, pero también adaptarse a los cambios naturales que ocurren en la sociedad. La institución continúa siendo un pilar fundamental en el desarrollo de la lengua, sin imponer reglas rígidas, sino siguiendo el ritmo de los hablantes.