Como etapa final de la crianza nos encontramos con la crianza reductora en botella, sin oxígeno. Aquí es dónde se desarrolla el bouquet del vino. A los aromas primarios de la variedad de la uva se suman los aromas secundarios de la vinificación y los aromas terciarios de la maduración en botella.
La crianza en botella armoniza y redondea el vino, se vuelve más rico y profundo.
Los factores que intervienen en una buena conservación del vino en botella son:
- Temperatura: una temperatura baja y constante, entre 10 y 15ºC, sin superar los 2ºC de fluctuación diaria.
- Buen cierre de la botella: con tapón de corcho exento de olores anormales y en condiciones adecuadas de humedad para mantener su elasticidad.
- Posición de las botellas: es importante conservar las botellas en posición horizontal para la elasticidad del corcho.
- Ausencia de luz y ruidos: se debe evitar la luz para que no aparezca el sabor a óxido en los vinos, así como también las vibraciones o ruidos que afectan la evolución del vino.
- Humedad: se aconseja una humedad relativa del aire de 70%
- Ventilación: una buena aireación de la habitación es necesaria para evitar olores desagradables en los vinos y garantizar que temperatura y humedad sean constantes.
- SO2: no debe exceder los 20 a 30 mg/l para evitar olores a reducido y a quemado.
Según la ley, un vino de crianza debe pasar un mínimo de 24 meses en la bodega, con un mínimo de 6 en barrica. Nuestro vino, como mínimo, pasa 12 meses en botella ganando bouquet.