La crianza refina, corrige, transforma, revela, pero dentro de los límites del potencial del vino nuevo. Casi siempre la herramienta más importante es el tiempo del que se dispone.
La crianza de un vino es un conjunto de operaciones sencillas que tienen por objetivo:
- Quitarle al vino los residuos de las fermentaciones que resultan inútiles como las lías, los turbios: levaduras, bacterias, restos de uvas…
- Eliminar el gas carbónico cuando su contenido pase de 1,2-1,5 g/l a 0,3-0,8 g/l aproximadamente.
- Conservar los aromas jóvenes procedentes de las uvas y los de las fermentaciones y preparar la aparición del bouquet.
- Favorecer el equilibrio de los sabores.
El tipo de crianza que tiene De Franc es una crianza mixta, primero pasa por una crianza ligeramente oxidativa en envases de madera y después por un período de crianza reductora en botella, donde los vinos terminan de alcanzar toda su plenitud.
Las barricas utilizadas son las bordelesas de 225 litros, de roble francés y tostado medio. Apostamos por el roble francés por las características organolépticas que le aporta al vino: una cesión más elevada de taninos y la fruta establece una armonía aromática con la madera, creando vinos equilibrados y con agradable bouquet. El roble francés transmite sus cualidades al vino de una manera más lenta pero con más delicadeza.
La crianza pasa por barricas nuevas, que nos refuerzan la estructura del vino y por barricas usadas de 2-3 años que respetan los caracteres de la fruta.
Es importante la higiene rigurosa de las barricas, foco de levaduras y bacterias que nos pueden ocasionar accidentes desagradables.
De Franc pasa alrededor de unos 12 meses en barrica en la sala destinada a la crianza, con una temperatura entre 12 y 15ºC y una humedad del 70-80%, lejos de olores y ruidos y con nula o baja iluminación.