La clarificación tiene como objetivo eliminar las turbideces debidas a partículas en suspensión, levaduras, bacterias, células procedentes de las uvas, partículas amorfas y coloides.
La estabilización tiene por objetivo mantener esa limpidez y evitar las desviaciones o los accidentes durante la conservación del vino. Estas dos operaciones se complementan entre sí.
Nuestro objetivo es tratar lo más mínimo los vinos, hacer un diagnóstico, aplicar el tratamiento específico y un control de resultados. Elegimos el mejor tratamiento, en el mejor momento, con la intensidad mínima pero suficiente.
Para la clarificación usamos la técnica del encolado y filtrado que consiste en añadir al vino una “cola” que arrastra partículas y coloides del vino. Existe un efecto clarificante (elimina la turbidez presente) y un efecto estabilizante (elimina coloides susceptibles de provocar turbidez con posterioridad).
El clarificante aplicado es la albúmina de huevo: la clara de huevo es rica en ovoalbúmina, se utiliza fresca, congelada o en forma de polvo seco a rehidratar al usarse. Estas eliminan menos el carácter afrutado y son ideales para los vinos tintos envejecidos en barrica para redondear y reducir su astringencia antes del embotellado.
Posteriormente filtramos el vino para eliminar los microorganismos y conseguir una limpidez adecuada que no altere la calidad visual y gustativa del vino.
En función de la turbidez de nuestro vino elaborado, hacemos más o menos filtraciones, para conseguir el nivel de limpidez adecuado.
Las técnicas de estabilización constituyen un conjunto de prácticas enológicas encaminadas a mantener en lo posible las cualidades del vino a lo largo del tiempo.
Un vino no debe recibir más tratamientos de los necesarios y éstos son adecuados sólo cuando son indispensables. Solo cuando el vino conserva su limpidez, está preparado para embotellar.