El despalillado proviene de la regla seguida en la vinificación bordelesa. Conservando una partida de raspones perfectamente maduros, por ejemplo 5 a 20%, se refuerza la estructura del vino, se le protege de desgastes procedentes de una ligera podredumbre, se facilita el prensado y parece que se acaban las fermentaciones de mejor forma. Lo esencial es impedir el encubado de raspones machacados que vayan a liberar su savia herbácea y amarga: la observación visual de la vendimia encubada permite contrastar las posibles disfunciones. Económicamente, con el despalillado, reducimos el volumen de vendimia a encubar.