Acaban de convocarse elecciones generales para el 29 de noviembre, el #29N. Ya están aquí. Y son una oportunidad para conseguir una mayoría progresista que siga ampliando derechos, consiguiendo más justicia social y que luche contra la emergencia climática.
Las progresistas tenemos que tomarnos estas decisivas elecciones en positivo, como publiqué hace ya un tiempo y no sólo como un frente antifascista, que también, lógicamente, puesto que la amenaza es muy poderosa y no podemos obviarla. Para esto, lo primero, y creo que casi único requisito, debe ser crear una coalición electoral que aglutine a toda la izquierda a la izquierda del psoe y que aproveche la ola de indignación antifascista y antirentista que ha provocado el desahucio de Mari Carmen.
Y, creo, que hay argumentos muy fuertes y medidas muy claras para que se pueda, y deba, conseguir.
Por ejemplo, una ley de vivienda realmente progresista que tope los precios de los alquileres, que prohíba desahucios, que frene a los fondos buitres y a los grandes tenedores, que vaya reduciendo las viviendas turísticas, y que, además, fomente la construcción de vivienda pública social blindada ante las especuladoras.
Por ejemplo, reforzar los servicios públicos (sanidad, educación y dependencia) desprivatizando todo lo privatizado hasta ahora, elimando conciertos y blindando su gestión para el ámbito público.
Por ejemplo, blindar el aumento de las pensiones, del salario mínimo y del ingreso mínimo vital ligándolo, al menos, al IPC.
Por ejemplo, realizar una reforma fiscal que grave a las grandes fortunas, a las grandes multinacionales, a los fondos buitres, a la banca y a las empresas energéticas.
Por ejemplo, reforzar la asistencia a los migrantes y realizar regularizaciones de población migrante cada dos años.
Por ejemplo, reducir la jornada laboral a 35 horas.
Por ejemplo, subida de salarios por encima del IPC durante una legislatura.
Por ejemplo, prohibir grandes proyectos urbanísticos y ganaderos que destruyan ecosistemas y formas de vida tradicionales.
Por ejemplo, cerrar centrales nucleares, reducir al mínimo el uso de combustibles fósiles y desarrollar energías renovables.
Reduccón del gasto militar con un tope del 1% del PIB como máximo.
Por ejemplo, blindar la ley del "sólo sí es sí".
Por ejemplo, establecer multas millonarias para los medios que lancen bulos.
Por ejemplo, establecer penas de cárcel para toda manifestación de apoyo al fascismo y todo mensaje que fomente el odio.
Si con esto, y con lo que ha ocurrido estos últimos días de movilización popular que estamos viviendo, no se unen, aludiendo a argumentos tan imbéciles como siglas, nombres, estrategias o rencillas enquistadas, no se lo perdonaremos. Porque habrán defraudado y traicionado a ese pueblo que dicen defender y porque se convertirán en el principal aliado del fascismo al que dicen despreciar.
Así que no hay otra, ¡¡¡UNIDAD PUPULAR, YAAAAA!!! Para conseguir mejorar la vida de la gente y, así, hacer frente al fascismo.
Pero queda otro aspecto, tan importante o más que todo lo anterior e íntimamente ligado con ello, y es que la movilización antirentista y antifascista actual se debe mantener en las urnas, porque las protestas se quedarán en nada si luego no vamos a votar a la opción política que puede implementar o presionar para implementar esas medidas. Así que sí, unidad popular con medidas claras y sencillas que ilusionen a la gente y voto en masa a esta opción para poder conseguirlo y no depender de los poderosos para hacerlo, porque ya hemos visto que no van a dejar hacer nada. Hay que conseguir un parlamento con mayoría progresista clara y para ello hay que acudir a las urnas. Si hay unidad, mejor. Si no la hay, también, aunque en este caso sería muy triste.
Por lo tanto, la receta es fácil: Unidad Popular, programa claro, ambicioso e ilusionante y participación masiva en las urnas el #29N.
Hagámoslo posible.
¡¡¡SALUD!!!