El país entró en una espiral de violencia y represión, hubo persecución de políticos de izquierda y no adictos al régimen, de docentes y asociaciones vecinales, sociales y ONG, muchas escuelas públicas se convirtieron en cárceles, se crearon campos de concentración para homosexuales a los que se les infligieron tratamientos horribles, se bajaron, hasta casi eliminarlos, los impuestos a las grandes fortunas, se permitió la jornada laboral de 10 horas, se eliminaron el salario mínimo y los subsidios de desempleo y se prohibieron los sindicatos. En definitiva, el país entró en la miseria más absoluta, salvo para una minoría adicta al régimen que se enriqueció de manera grosera.