Pues no, no es lo mismo. No es lo mismo defender la democracia que querer acabar con ella.
El problema reside en que por democracia podemos entender fundamentalmente dos cosas. Se puede entender como una democracia de corte liberal decimonónico, donde el estado y lo público pintaban poco y era un instrumento de la oligarquía (la antigua nobleza agraria y la nueva burguesía industrial y financiera) para perpetuarse en el poder bajo la apariencia de unas libertades muy subordinadas a esos intereses. O por el contrario, se puede concebir la democracia como un estado social y participativa, donde lo que prevalezca sean los intereses del conjunto de la población y no sólo los de una minoría plutocrática.
Si identificamos la democracia como la primera opción, nuestra situación actual es idílica: tenemos unas instituciones elegidas democráticamente, una constitución que garantiza derechos y deberes (unos más que otros, es cierto, porque poco se habla del artículo 147 sobre el derecho a la vivienda y mucho del artículo 155, por ejemplo), unas elecciones, etc. Tenemos una democracia occidental de libro (aunque más bien de NODO por sus orígenes).
Por otra parte, si entendemos la democracia como un sistema político no sólo formal sino activo y participativo, que promueva la justicia social y el cuidado de todos sus ciudadanos sin que nadie se sienta marginado y el valor de la diversidad y de la tolerancia como riqueza social y cultural, este modelo, de profundización del estado del bienestar frente al modelo neoliberal que se conforma con el modelo liberal decimonónico, es muy diferente al primero. Formalmente pueden parecerse, pero los objetivos y perspectivas están a años luz. El primero ha servido y sirve (en España sobre todo) para mantener el poder de la oligarquía nacida de la corrupción y violencia franquista y el segundo para que nadie se quede atrás.
Algunos grupos políticos y de poder fáctico sólo conciben la democracia como un paripé que asegure su poder ancestral. Otros, ni tan siquiera conciben una democracia, ni siquiera formal, porque son claramente fascistas. Y otros quieren cambiar eso, quieren avanzar, progresar, intentar hacer desaparecer tanta desigualdad como se ha generado durante tantísimos años, quieren defender TODOS los derechos, no sólo los que interesen a la oligarquía y eso supone romper el equilibrio, el status quo del 78, para avanzar hacia una democracia real y no tutelada por los de siempre.
Y eso duele (a la oligarquía, claro) y cuesta trabajo (a quienes quieren cambiar ese status quo tan beneficioso para los poderosos). Y por eso no son lo mismo. No es lo mismo quien ataca a la democracia para acabar con ella, que quien defiende la democracia pero teniendo un modelo diferente, mucho más social, diverso e igualitario.
Así que repito, no son lo mismo, no es lo mismo el fascismo que la democracia. No es lo mismo querer acabar con la democracia y son un instrumento de la oligarquía (y de instituciones muy influyentes en el franquismo sociológico como la Iglesia y el Ejército), que querer profundizar en ella y hacerla menos formal, más efectiva. No es lo mismo VOX que PODEMOS. Ni punto de comparación. Así de claro.