Arce japonés
Acer palmatum
Acer palmatum
Características
Es un arbusto o árbol pequeño que alcanza alturas de 6-10 m, raramente 16 m; con frecuencia crece como planta accesoria en bosques sombreados. Puede tener múltiples troncos cerca del suelo. En hábito de crecimiento, adopta forma de pirámide (especialmente cuando es joven) o de domo (cuando es más maduro).[4] Sus hojas tienen 4–12 cm de largo y ancho; son palmatilobadas con 5-7-9 lóbulos agudos punteados, de colores purpúreos rojizos, tornándose rojo brillantes en otoño. Es muy decorativo por sus hojas rojo púrpura transparentes en primavera, más tenues en verano, volviéndose rojo violáceas en otoño. Las flores están en pequeñas cimas, las flores individuales con 5-sépalos rojos o púrpuras y 5-pétalos blancuzcos. Fruto: par de sámaras aladas, cada una de 2-3 cm de largo con semillas de 6-8 mm. Sus semillas (así como las de especies similares) requieren estratificarse para germinar.[4][5]
Cultivo y usos
Puede crecer en áreas templadas de todo el mundo. Se cultiva en Japón desde hace siglos.[4] Desde que fue exportada en el siglo XIX, existen numerosos cultivares comercializados y comunes en la jardinería de Europa y de Norteamérica. Los de hojas rojas son los más populares, seguidos por los arbustos verdes con hojas profundamente recortadas o disectadas.[4] Es también tradicional su uso como bonsái.
Condiciones de crecimiento
Como muchos arces, se adapta bien, pero crece mejor en suelos profundos, bien drenados y fértiles. Crece bien como árbol secundario, pues tolera la sombra. Sin embargo, él mismo provoca mucha sombra, haciendo difícil el avance de otras especies. Las siembras se pueden convertir en una molestia, y el árbol puede volverse una especie invasora en bosques.
Cultivares
Existen unos 1000 cultivares de características particulares, que sólo se pueden propagar por injerto. Algunos de esos no se cultivan en el Hemisferio Occidental o se han perdido, pero se desarrollan muchos nuevos cultivares cada década.[4] Los cultivares se eligen por aspectos fenotípicos como forma y tamaño de hoja (suave a profundamente lobuladas, algunas palmadas), color de hoja (de clarísima a verde oscura o de rojo a púrpura negro, o variegadas con diversos patrones de blanco y rosa), textura y color de corteza y porte. Algunos cultivares son árboles más grandes y vigorosos que la propia especie. Muchos son arbustos que raramente alcanzan 5 dm de altura. Unos pocos cultivares delicados se cultivan en macetas y no llegan a 3 dm. Algunos de los cultivares más deformes o enanos crecen de escoba de brujas, pero más son de plantas mutadas o han sido artificialmente seleccionadas progresivamente tras muchas generaciones.[4]
Muchos cultivares tienen características distintivas en diferentes estaciones, incluyendo color de hojas nuevas o viejas, color veraniego, color y forma de sámaras, o por su corteza brillante en invierno. En algunos casos, el mismo cultivar tiene diferentes nombres; en otros casos, diferentes cultivares pueden tener el mismo nombre.