Domo Pictomecanísmo Arrecifal. La obra consta de una máquina con piezas móviles, ruedas, poleas y engranajes que pintan y trazan dibujos movidos por la energía del lugar en frecuencias ELF en RS de 7,83hz que nos remiten a las entrañas de la tierra. Los Pictomecanismos Generadores de Gráficos se mueven en frecuencias sutiles de movimientos que marcan el patrón de los latidos de la tierra en herzios y frecuencias cercanas que recogen también las partículas en suspensión que provienen de tiempos arrecifales. Después se ordenan en el mecanismo registrando el mundo que estuvo ahí y ahora regresa para pasmo de la mirada. En ese movimiento en apariencia caótico también influye el viento, pero menos.
De éste modo, el pictosistema de Levas representa aquí para nuestro deleite a través del "dibujo poético" , la estructura gráfica de moluscos y crustáceos que compartieron las aguas someras del arrecife cretácico con los bivalvos y las rudistas que aparecen ya en el registro fósil del Mármol Rojo. Este Domo es Patafísica en perpetuum mobile.
Los medios con los que contamos para esta obra, la flexibilidad y la precisión que alcanzan estos mecanismos pictóricos, las ideas y emociones que introducen, nos aseguran que hay una parte física que no puede ser tratada como antaño, que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento y la fuerza modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son lo que han venido siendo desde siempre. Todo ha cambiado pero ha permanecido su esencia a través de los 110 millones de años transcurridos. Y es preciso contar pictográficamente con las novedades producidas en este espacio a través del tiempo transformando la técnica de las artes y operando sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma del arte y como se percibe atendiendo al tiempo y la energía que deja en cada lugar.
Paul Valéry, Pièces sur l’art («La conquéte de l’ubiquité» )
En el núcleo secreto de la cantera olvidada de Geranda, donde el Mármol Rojo aún preserva los susurros de un mar Cretácico, un artefacto envuelto en misterio cuelga del vértice de un Domo Geodésico: el PictoMecanismo.
Suspendido como un péndulo de otra era, este ingenio de varillas y pinceles no se activa por manos humanas, sino por una energía sutil e insondable: la resonancia geodésica que emana del propio Mármol Fósil.
Nadie sabe con certeza cómo despierta. A veces, basta el paso de una nube, un cambio de presión en la atmósfera, o el revoloteo errático de una libélula. Entonces, lentamente, como si obedeciera a una voluntad ancestral, el Domo PictoMecanismo comienza a girar, a oscilar, a trazar. Sus movimientos, casi hipnóticos, van dibujando divinos patrones que emergen desde el inconsciente de La Tierra: figuras espirales, estructuras calcáreas, sombras de rudistas y moluscos marinos que habitaron este océano mineral hace más de 100 millones de años.
El visitante, en silencio, asiste a una coreografía telúrica, como si la piedra recordara y hablara.
Este acto de dibujo no es sólo representación, es reencarnación. El PictoMecanismo no reproduce fósiles: los invoca. No ilustra el pasado: lo revive en trazos invisibles que se manifiestan sobre la roca, en un ritual gráfico que sólo puede ser contemplado con asombro.
Nadie sabe cuándo se detendrá.
Nadie sabe si lo que dibuja es prehistoria… o profecía.
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Éste Domo Pictomecanismo es el segundo que realizamos en Urdaibai, después del Domo Custodio de la Triple Frontera, realizado por´LePatafisic Cabinet en la primavera de 2017, junto al Centro de la Biodiversidad de Euskadi / Museo Torre Madariaga - Ekoetxea, justo en el punto en el que se daba una curiosa singularidad geológica.
Forma parte de un proyecto paralelo para conformar el Triángulo Geodésico Urdaibai (3 domos en triángulo de 7 km. de lado).
Tres domos que generarán un gigantesco triángulo equilátero a nivel paisajístico, sugiriendo un gráfico imaginario triangular que ocupará un área de más de 24 kilómetros cuadrados.
Éste tercero, el Domo Inspirador (o Domo Que Respira/ El Aliento de La Tierra) lo proyectamos para el 2020 en una zona kárstica de Elantxobe, un claro del bosque cerrado sobre la intrincada red de galerías que conectan la superficie de la meseta caliza con los sopladores de alientos subterráneos de las cuevas marinas del Cabo de Ogoño.