El día después del ingreso estaba deseando que amaneciese y empezase el movimiento en nuestra habitación. Rezando porque que cuando viniese la ginecóloga a explorarme me dijese que había regenerado mucho líquido.
Cuando llegó me explicó que en mis circunstancias no tenían planeado hacerme muchas ecografías porque no era bueno estimular la barriga. Yo le dije que me encantaría saber si tenía líquido y me dijo que aunque ese no era el plan, me haría una eco para que me quedase tranquila. Pero que tenía que tener claro que eso no iba a poder ser todos los días. Claro está que acepté.
Al hacerme la eco vieron que no había apenas líquido, el que se regeneraba yo lo perdía. María estaba colocada de pie y, al no tener líquido en la bolsa, era muy difícil que llegase a colocarse de cabeza.
De los días de ingreso no recuerdo muy bien el orden de los acontecimientos. Sé que al principio yo me seguía preguntando por qué no se me ponía la maduración pulmonar y creyendo que igual era perjudicial para María en ese momento de la gestación. Recuerdo que me hablaban de plazos legales y yo no entendía para qué.
El día 15, viernes, lo entendí porque lo pregunté claramente.
Ese día, cuando vino la ginecóloga a visitarme, volví a preguntar por la maduración pulmonar. Me dijo algo así como que podíamos esperar al lunes y, si María seguía dentro, dependiendo de la decisión que hubiésemos tomado podrían plantearse ponérmela antes de llegar a la semana 24. ¿Decisión?, ¿Qué decisión, ¿Se refiere a si queremos seguir con el embarazo? "Sí, a eso", dijo ella. Nosotros nos miramos y le dijimos que eso estaba decididísimo desde el principio, vamos, es que no había sitio ni en nuestra cabeza ni en nuestro corazón para otra opción. Ella nos preguntó si éramos conscientes de los riesgos que tenía un bebé tan prematuro y asentimos. "En ese caso ponemos la maduración pulmonar ya, si esa es vuestra decisión ¡vamos a por todas!".
¡Tooomaaa! 💪🏼¡Maduración pulmonar conseguida! Para nosotros esa fue una gran victoria. María lo seguía teniendo muy difícil pero, ahora, un poquito menos difícil 😊🙏🏼.
Como decía, el orden de los acontecimientos de esa semana se mezclan en mi cabeza. Pero sí que recuerdo que las malas noticias llegaban una tras otra😔.
María no podía nacer ya porque se consideraba un bebé inviable y si nacía en ese momento era muy improbable que sobreviviese, pero estar tanto tiempo dentro sin líquido tampoco era bueno para ella ya que, además del riesgo de infecciones, sin líquido sus pulmones no tenían espacio para expandirse.
Recuerdo que un día les pregunté si lo más probable era que se muriese dentro y me dijeron que sí. ¡Cuánto dolor!
Otra cosa que nos dijeron era que, al estar colocada con los pies hacia abajo, había más probabilidades de que se saliese el cordón umbilical (por la vagina) y hubiese un prolapso, eso significaba que con la presión se "estrujaría" el cordón y María se quedaría sin alimento ni oxígeno. En ese caso su muerte sería cuestión de segundos.
En otra semana de embarazo, en mis circunstancias, se hubiese puesto sobre la mesa la posibilidad de hacer una cesárea. En nuestro caso, como María no tenía muchas papeletas para salir adelante, era algo que ni se planteaban porque entrañaría un riesgo para mí cuando su vida estaba cogida por pinzas.
Conclusión: María lo tenía chungo. Nacer en ese momento sería malo, estar sin líquido era malo, estar colocada "de pie" era malo... MARÍA NECESITABA UN MILAGRO, un milagro grande. Y eso era lo que yo le pedía a Dios, le decía que aceptaría lo que tuviese que ser pero le exponía lo que yo quería. QUIERO QUE NAZCA VIVA Y QUE SALGA ADELANTE. En mis peticiones me ayudaba mucha gente, me atrevería a decir que miles de personas, parece que exagero pero estoy segurísima de que no. Cada oración por María me liberaba de miedos y nervios y me ayudó a mantener a María dentro.
Iban pasando los días, cada noche era una victoria: ¡Sumábamos un día para nuestra María! El día que llegamos a la semana 24 ¡No nos lo podíamos creer! Entrábamos en "semana viable" 🙏🏼💃.
Quintín se estaba quedando a dormir en el hospital e iba un ratito a casa para estar con Emma, asearse y descansar un poco. Cuando él no estaba en el hospital me autorizaron a que viniese mi prima Lara, que por suerte vive en Tenerife. Al estar en época covid no se permitían visitas pero sí tener un acompañante. Mi prima fue para mí un soplo de aire, además de ayudarme a mantener mi reposo me regalaba momentos de pensar y hablar de otras cosas. Tanto Quintín, Lara como yo, disfrutamos muchísimo esos días de las pataditas de María. Cada patadita nos recordaba que seguía allí, viva y con "ganas de lucha". Gracias a Dios, salvo el día 14 que no sé si por nervios o por qué no la notaba y me temí lo peor, María no dejó de hacerse notar.
El día 22 pedí que me visitaran los pediatras de la UCIN, que serían los que recibirían a María y la tratarían si nacía con fuerzas para luchar.
Nunca olvidaré esa visita. El tacto de la Doctora Nayra y la Doctora Iris. Su amabilidad, sus miradas de comprensión.
Justo cuando vinieron Quintín había ido a casa y yo estaba sola pero les pregunté si les importaba que llamase a Quintín para que escuchase lo que nos tenían que decir.
Casi puedo decir que nada de lo que me decían era bueno.
Nos dijeron que para su formación era muy importante aguantar dentro todo el tiempo posible pero nos explicaron los riesgos que tenía por estar tanto tiempo en una bolsa sin líquido. Además de los problemas pulmonares, la falta de líquido podría provocar malformación en sus extremidades por falta de espacio para moverse.
Nos contaron que aunque estuviese viva había muchas probabilidades de que naciese sin latido por el estrés del parto, en ese caso, éramos nosotros los que teníamos que decir hasta cuándo queríamos que intentasen reanimarla. Nos explicaron que sin latido su cerebro estaría sin oxígeno y que estar más de 5 minutos sin oxígeno la llevaría a sufrir unos daños cerebrales muy graves.
Quintín y yo ya habíamos hablado de esto. Nosotros queríamos que María viviese, e íbamos a luchar para que tuviese la posibilidad de hacerlo, pero no podía ser a toda costa. Por eso manifestamos que si nacía sin latido queríamos que se intentase reanimar hasta el momento que los doctores considerasen "seguro".
Nos hablaron también de las parálisis cerebrales, de problemas pulmonares (estos, casi asegurados al 100%), de corazón, de vista... Imagínate cómo es estar escuchando tan malas noticias sobre tu bebé e intentar mantener el tipo para facilitar un poco el trabajo de quien tiene que pasar por el trago de contarle esto a unos padres atemorizados. Pues como pudimos, lo hicimos. Las lágrimas salían de mis ojos sin permiso pero asentía serena a todo lo que me contaban. Quisieron hacernos conscientes de que aunque María naciese con latido y respirando podría no adaptarse a la vida. O sea, que podría llegar el momento en que nos dijesen que María se mantenía con vida solamente porque tenía soporte, en ese caso habría que desconectarla, aplicarle medidas de confort y "dejar que la naturaleza hiciese su trabajo".
En algún momento de la conversación les pregunté si podía ser también que saliese bien. "Sí, aunque incluso en el mejor de los casos va a pasar por momentos muy duros". Volví a preguntar: "pero ¿puede llegar a ser una persona autónoma?". "Sí, puede ser", dijo la doctora. "Bien, entonces quedémonos con eso". Si hay un rayito de esperanza hay que aprovecharlo. Aún así, agarrada a la esperanza, cuando las doctoras se fueron lloré desconsoladamente.
Mi cabeza era una contradicción. Por una parte tenía la certeza de que María iba a nacer viva y luchar, pero por otra tenía miedo de estarme convenciendo de algo que parecía "imposible".
La verdad, nunca fuimos derrotistas, pero como el desenlace fatal podía pasar, quise "planear" algunas cosas. Una de ellas fue comprarle ropita a María. Si se me iba no quería que se fuese envuelta en una manta. ¿Dónde se encuentra ropa para un bebé del tamaño que podría tener María? Vi en internet una tienda que hacía ropa para muñecos reborn por encargo, hablé con ellos y me dijeron que tardarían alrededor de 15 días en confeccionarla más el tiempo de envío. Si las cosas no iban bien igual no tenía tanto tiempo.
No encontraba otra opción que no fuese la ropita de muñeca y así fue. Echando mano de mi cuñada Yésica, que trabaja en una juguetería, escogimos una muñeca del tamaño que creíamos que podía tener María y que tenía puesto un conjuntito muy bonito. Gracias a Dios, no la hemos tenido que utilizar. El día que María salga del hospital se la devolveremos a su muñeca.
Todas las noches le daba el "parte informativo" a la gente que estaba pendiente de nosotros. Solía ser algo así como: "Un día más, María sigue dentro y yo bien, sin molestias". Pero el día 22 ya no pude decir eso. Las molestias habían llegado. No eran muy fuertes pero ya tenía contracciones, además estaba soltando el tapón mucoso. Todo parecía indicar que María se acercaba.
El 23 por la mañana mi flujo tenía un color extraño y yo tenía febrícula. Me dijeron que podía deberse a una infección. Que yo tuviese una infección era sin duda malo para María 😔😪. Me dijeron que si yo me ponía mala habría que provocarme el parto. Había que priorizar mi vida. Me contaron que el provocarme el parto podría ser malo para el bebé. Yo entendía y asumía los riesgos y, por si con eufemismos teníamos algún malentendido quise aclarar: "Entiendo que si yo me pongo mala hay que velar por mi salud y que eso puede entrañar riesgos para María. Si algo va mal y María se muere dentro daré a luz a mi bebé muerto. Si ella se muere tendré que sufrirlo, pero NO se me va a poner nada a mí que acabe con su vida. Eso lo tenía claro, tenía asumido que mi hija podía morirse dentro de mí o al nacer, podía aceptar que se me fuese pero NUNCA haría nada para ser yo la que lo provocase.
Fueron pasando las horas y seguía con contracciones, como no eran ni muy fuertes ni muy seguidas decidí esperar para avisar a las enfermeras.
A las dos de la mañana, cuando Quintín ya se había dormido, las contracciones empezaron a ser más dolorosas y con menos tiempo entre ellas. Llamé a las enfermeras, vino la matrona, me exploró. "Estás dilatada de 2 centímetros, puedo tocarle un pie. Nos vamos a paritorio".