Día de playa con Emma
El día que rompí aguas , la foto que nos hicimos los "4 juntos"
Cuando escribí sobre el día que rompí aguas en el embarazo de María, mencioné de forma especial mi vestido blanco y negro. Ese vestido será de esos que nunca tiraré. Te cuento su historia, es una chorradilla, ya verás, pero en casa le tenemos cariño.
Ese vestido lo compré hará, por lo menos, diez años, en una tienda que tenían una promoción "la segunda prenda a 1 euro". Lo vi y me gustó, pero era muy ceñido y yo no veía mi cuerpo muy preparado para ese tipo de vestidos, la verdad. Pero bueno, el vestido me gustaba y era solo un euro... "ahora no me lo voy a poner, pero me lo llevo para cuando adelgace".
Como la mayoría de prendas que la gente compramos en ese momento "para cuando adelgace", el vestido blanco y negro se pasó años en el armario, sin estrenar.
Ironías de la vida, en vez de ponérmelo al adelgazar, me decidí a estrenarlo justo cuando empezaba a engordar: en el embarazo de Emma. Me encantaba tener barriguita y me apetecía lucirla, así que ese era el mejor momento, para mí, para ir ceñida con mi vestido "nuevo".
El día que rompí aguas en el embarazo de Emma, no sabía qué ropa ponerme para ir al hospital y pensé que, al estar perdiendo líquido, sería más cómodo ir en vestido que llevar pantalón y que se fuese mojando. Así que me puse ese vestido. A partir de ese momento empezamos a llamarle el vestido "de ir a parir".
Pasados casi 3 años, el 11 de octubre de 2022, cuando embarazada de María empecé a encontrarme mal y decidí ir al hospital me lo volví a poner. No por nada en concreto, simplemente porque era el que tenía más a mano. Cuando Quintín me vio me dijo "¿en serio te vas a poner el vestido de ir a parir?". Yo, que no soy nada supersticiosa, sin pensarlo le contesté "Oh! si sale la cosa como la otra vez que me lo puse, ni tan mal", él se rió y me dio la razón. Como digo, no soy supersticiosa, pero Quintín se queda con esas cosas. Por eso, dos días después, cuando rompí aguas, me insistió en que me lo pusiese. Y así fue, el vestido blanco y negro me acompañó al hospital, por segunda vez, a traer a una hija al mundo.
Esta semana, 11 meses después de habérmelo puesto por última vez, un día me lo puse para ir a la playa con ella. Cuando me vio se le abrieron los ojos como platos y me dijo ilusionada: "Hala mamá, con ese vestido tenías a María dentro de la barriga y fuiste al hospital a que te la sacaran".
Para Quintín y para mí ya tenía un significado sentimental especial y Emma me demostró que ella también lo relacionaba con el nacimiento de su hermana. Y ahora ya sí que sí, será para siempre el vestido de ir a parir.