Al igual que cuando nació Emma, un cartelito estaba esperando la llegada de María.
Cuando nos dijeron que nos íbamos a paritorio nos cogimos de la mano. ¡Había llegado la hora!
Avisamos a nuestras familias y a la gente que estaba rezando por María para que siguiesen pidiendo: Fuerza para María y luz para el equipo médico.
Como ya estaba dilatada de 2 centímetros y María era tan pequeñita pensábamos que el parto iba a ser inminente. A nuestra llegada a paritorio nos contaron que no tenía que ser necesariamente así. Normalmente, en esta semana de gestación, 24+4, intentan mantener al bebé dentro todo el tiempo posible. Pero como ya se le podían tocar los pies, y eso era una vía de infección abierta, decidieron ponerme oxitocina.
Las contracciones no eran muy dolorosas pero yo estaba agotada. No te lo he dicho antes pero debido al covid estábamos con mascarilla. Llevábamos con mascarilla desde el momento del ingreso. Normalmente no me molesta, pero en ese momento me molestaba todo. Me molestaba la mascarilla, el tensiómetro, el sensor de saturación de oxígeno que te ponen en el dedo. ¡Todo, todo, todo! Estaba desesperada. Me daba "vergüenza" pedir la epidural pero necesitaba descansar. Era como si mi cuerpo quemase por dentro, no había postura en la que estuviese cómoda. Hoy echo la vista atrás y veo que el componente psicológico estaba teniendo mucho peso. Habían sido muchos días de tensión, nervios y miedo. Aunque sabía que para María hubiese sido mejor aguantar más, ya viéndome en paritorio, egoístamente, solo quería que terminase ya.
En cuanto tuve ocasión, serían sobre las 9 de la mañana, pedí que me pusiesen anestesia. Vino el anestesista para que firmase el consentimiento y prepararlo todo.
En este intervalo de tiempo cambió el turno de guardia y vino a verme la ginecóloga que entraba. Al explorarme vio que no había dilatado más y me dijo que ella consideraba que en la semana de gestación que estaba suponía más riesgo para María provocar el parto que arriesgarse a una infección. Así que decidió parar la oxitocina. "esperaremos a que te pongas de parto de forma natural, eso puede ser hoy o dentro de unos días".
¡Dios mío!, ¡No podía ser! Otra vez mi egoísmo (o la molestia que sentía) solo me permitía pensar que iba a tener que seguir aguantando dolores por tiempo indefinido, porque claro, sin oxitocina y con tan poca dilatación todavía no me ponían la epidural. Seguramente manifesté mi desespero en voz alta porque recuerdo que me dijeron que no me preocupase, que al retirar la oxitocina los dolores serían más llevaderos. Me retiraron la oxitocina y la doctora se fue.
Justo cuando ella salió por la puerta le dije a Quintín que avisase a mi hermana de que al final no me provocaban el parto. Había que esperar. El registro de llamadas muestra que esa llamada se hizo a las 10:05. Mientras Quintín hablaba con Ángeles sentí un dolor inmenso, como muchas ganas de ir al baño, y se lo dije a la enfermera. Realmente me dolía mucho, ¡necesitaba ir al baño ya! O eso creía yo. "Voy a llamar a la doctora porque puede ser que hayas dilatado" dijo la efermera. Gimiendo le dije que no podía ser, ¡1 minuto antes estaba de 2 centímetros! Entran la ginecóloga y otro chico, no sé si era matrón o ginecólogo. Me explora el chico y dice "dilatada completa". ¡No me lo podía creer! 7 horas de oxitocina y no había dilatado ni medio centímetro y al minuto de retirarla se completaba la dilatación.
"Ahora sí estás de parto" me dijo la doctora, "cuando sientas el dolor empuja".
En ese momento ya se había llenado el cuarto de personal. El MARAVILLOSO equipo de neonatos, que habían estado durante la noche preparándolo todo, ya estaba allí esperando a María.
"Sentimos que tengas que dar a luz rodeada de tanta gente, intentaremos molestarte lo menos posible", me dijeron. "No se preocupen", resoplé, "en este momento no veo a nadie y me alegro mucho de que estén aquí".
Un par de pujos y salieron los pies, otro y salió el cuerpo. La cabeza estaba dentro. ¡No! Esta cabecita no va estar dentro ni un segundo más, pensé, y agarrada a la mano de Quintín, que no dejó de animarme y quererme ni un momento, y apretando un Rosario que el día anterior me había regalado mi amiga, la hermana Inma, empujé con todas mis fuerzas.... salió la cabecita de mi segundo pequeño gran amor.
¡Ya estaba! 10:32 y María había nacido. No lloró, o yo no la oí. Pero era lo que me esperaba. Como también me esperaba que se la llevase pitando el equipo de neonatología, pero no fue así. Me la pusieron encima. ¡Eso sí que no me lo esperaba! Pensaba que la urgencia por salvar su vida haría que tuviese que ser asistida inmediatamente. Por eso, al ver ese "bultito marrón" sobre mí pensé: "ha nacido muerta, no se puede hacer nada por ella y por eso me la dan". No creo que ese contacto durase más de 2 segundos, por eso no me dio tiempo ni de llorar ante mi "sensación".
La doctora Mabel recibió a nuestro tesoro y se puso manos a la obra para conservar su vida.
Yo llevaba 11 días queriendo llorar a gritos y me había controlado para mantener la calma y no perjudicar a María con mis nervios. Siempre había pensado que cuando naciese gritaría y lloraría todo lo que me diese la gana. De hecho, cuando María nació dije: "ahora ya puedo llorar a gusto". Pues... no me salió ni una lágrima. Una parte de mí quería llorar. La otra me decía "no llores, Luci, que todo está bien" Miraba a Quintín que, cabizbajo, no dejaba de mirar qué hacía la pediatra. Desde mi posición solo conseguía ver que le estaba dando oxígeno a "una cosita pequeña" que estaba metida en una bolsa de plástico. Para ser sincera, María era tan pequeñita que yo solo veía a la doctora y la bolsa.
Cuando nos atrevimos preguntamos si la estaban reanimando. Cuando nos dijeron que no, que no lo había necesitado, que había nacido con latido y que le estaban le estaban poniendo oxígeno porque le costaba oxigenar. En ese momento sí que lloré. ¡Nuestra niña había nacido viva!
Con este mensaje compartimos la noticia con nuestra gente: "Holaaa. María nació con latido y respirando, les costó un poquito que oxigenase bien pero ahí está. El pronóstico sigue siendo complicado pero el primer paso ha salido todo lo bien que podía salir. Muchas gracias por vuestras oraciones"
Estábamos felices.