Hay que recordar que hasta la Guerra de África de 1859, Ceuta y Melilla tienen esencialmente un papel militar y de presidio. Sólo a partir de esta fecha –y más precisamente a partir de 1863 cuando se las declara puertos francos- se puede hablar de una actividad económica en las dos ciudades. Se trata entonces de transformar los antiguos presidios en ciudades portuarias que desarrollen un comercio intenso con el "vecino del sur".
Es lo que ocurre a lo largo del siglo siguiente y hasta el final del Protectorado en 1956 ya que Ceuta y Melilla se desarrollan de modo excepcional gracias a su nuevo papel de "puertas" de la zona de influencia española en Marruecos. Ceuta se vuelve entonces uno de los mayores puertos españoles ; en cuanto a Melilla, la explotación de las minas de hierro del Rif fomenta su increíble desarrollo en el siglo XX.
Sin embargo, privadas de su "retropaís" después de la Independencia de Marruecos, van a declinar rápidamente, víctimas de las condiciones naturales medianas de su territorio : escasez de suelos libres, falta de recursos de agua, separación de la Península, son los frenos que impiden un desarrollo industrial deseado. Se orienta pues naturalmente su actividad hacia el comercio.
Con el cierre de la "verja" de Gibraltar en 1969, Ceuta y Melilla adaptan su actividad económica hacia el comercio de bazar : ofreciendo productos baratos importados de Asia, van a atraer un turismo de consumo procedente de la Península. Unos quince años más tarde, nueva transformación de su actividad : el abastecimiento en productos de primera necesidad de la población del norte de Marruecos –zona particularmente deprimida- lo que tendrá como consecuencia directa una hipertrofía del sector terciario que ocupa hoy el 90 % de la población activa. También crecen los intercambios transfronterizos con lo que llaman el "comercio atípico" y que es, en realidad el contrabando.
Sources : photo personnelle (2001). Contrebande au poste frontière de El Tarajal à Ceuta
Con motivo de fomentar el desarrollo económico de Ceuta y Melilla, el Estado español imaginó soluciones particulares para las dos ciudades : la Ley de Base de 1955 precisa las diferentes exenciones de impuestos de que gozan sus habitantes. Además de la exención de impuestos sobre mercancías que entran o salen de sus puertos, el impuesto IRPF se reduce en un 50 % y sobre todo no se aplican en Ceuta y Melilla el IVA ni los impuestos sobre alcoholes e hidrocarburos.
Por fin, las dos ciudades cobran un impuesto propio –el IPSI[1]- que constituye la mayor parte de sus ingresos.
Pero sin ninguna duda, fue la Unión Europea la que tuvo la mayor influencia sobre el desarrollo de las ciudades de Ceuta y Melilla : en efecto, a pesar de situarse fuera de la unión aduanera, de la política agrícola común y del IVA, reciben fondos europeos (FEDER, FSE, FEOGA) que han permitido durante estos últimos años la modernización de las infraestructuras de las que carecían casi por completo. Por fin, en el año 2001, la modificación de las reglas relativas a su exclusión de la unión aduanera –se trata de las nuevas Reglas de Origen[2]- abre perspectivas hacia un futuro desarrollo industrial de Ceuta y de Melilla.
[1] Impuesto sobre la Producción, los Servicios y las Importaciones.
[2] Estas nuevas normas precisan cuál tiene que ser la transformación necesaria para que un producto elaborado en Ceuta o Melilla sea exportado libremente hacia la Unión Europea como si fuera un producto comunitario.