Ceuta y Melilla, ciudades españolas y africanas, representan un caso singular dentro del territorio español. Frente a las reivindicaciones de soberanía marroquí cada día más insistentes, las dos ciudades españolas se consideran, desde la Península, como lugares de conflictos y pues como sitios en los que el elemento militar es preponderante. Las particularidades económicas que siguen vigentes después del ingreso de España en la Unión Europea promueven la aparición de otro rasgo que viene a formar la imagen de Ceuta y Melilla : la de dos ciudades sinónimos de contrabando y tráficos ilegales. En estos últimos años por fin, lo peculiar de ambas ciudades se encontró reforzado por el crecimiento importante del número de habitantes oriundos de Marruecos. Su participación reciente en la vida política de las nuevas administraciones autonómicas es un elemento que marcó aún más esta especificidad de Ceuta y Melilla en el Estado español.
Todos estos elementos han contribuído sin duda alguna a crear una imagen original –y a menudo negativa- de las dos ciudades españolas. Igualmente, la llegada a las puertas de una Europa rica, de inmigrantes clandestinos procedentes de todo el continente africano, no pudo mejorar, ni mucho menos, la imagen estropeada de los dos enclaves españoles. Sin embargo la representación que las dos ciudades dan de sí mismas, podría no ser tan negativa : en efecto el eslogán de la convivencia de las cuatro culturas está haciéndose realidad y van cambiando la imagen e incluso la vida en Ceuta y Melilla.
Al fin y al cabo, los retos con los que las dos ciudades tienen que enfrentarse, van más allá de la cuestión de la soberanía de los territorios reivindicados. Se trata, en efecto, de encontrar respuestas originales y concretas a las fracturas que afectan nuestro mundo y, en cierta medida, Ceuta y Melilla pueden llegar a ser hoy verdaderos "laboratorios" de convivencia, dinámicos y novedosos.