Salida 8 de octubre 2025
Seguimos con tiempo muy seco y soleado para octubre. Desde el paseo de La Cantera pasamos por el Camino de Santiago y por nuestra Ermita de San Cristobal, antiguo patrón de los caminantes, ahora de los conductores. Actualmente es propiedad privada y fue mandada construir en 1756 por Francisco Villanúa y Lafuente, un acaudalado maestro tintorero de la ciudad. Se incendió en la Guerra de la Independencia siendo reconstruida hacia 1860. Y como dato curioso esta ermita sustituyó a otra mucho más antigua, conocida como San Cristobal el Viejo.
Cruce del río por el puente Las Grajas y subida en dirección a Grossín girando luego hacia Jaca, hasta donde comienzan su descenso los tubos de la hidroeléctrica. Edificio emblemático de la Jacetania en forma de icosaedro y construido en 1970. Luego la senda continúa hasta los depósitos de agua de Asieso, marcando el camino de vuelta a Jaca.
Las Turbiditas: El "Sandwich" Geológico
Paralelo a la pista, durante el primer tramo de la subida, fuimos observando las capas del Flysch. Se trata de una formación geológica con estructura de "sándwich", compuesta por la alternancia de materiales duros (areniscas) y blandos (margas). Esta estructura es muy llamativa y similar a la que se fotografía habitualmente en la costa vasca y cántabra.
Aprovechamos una parada para reflexionar sobre el origen de estas rocas, que los geólogos denominan actualmente turbiditas. Recordamos que las rocas se clasifican según su origen en ígneas, metamórficas y sedimentarias. Las turbiditas pertenecen a este último grupo: son antiguos fondos marinos que se elevaron debido al choque de las placas tectónicas durante la Orogenia Alpina. En este colosal proceso, los sedimentos del antiguo Mar de Tetis se plegaron y emergieron para formar los Pirineos, "retirándonos la playa" definitivamente.
El nombre de "turbiditas" proviene de su origen en las corrientes de turbidez: avalanchas submarinas de lodo y arena. La diferencia de grosor entre las placas se debe a la intensidad de estos eventos; una mayor actividad sísmica o grandes tormentas arrastraban más sedimentos al abismo marino, creando capas más potentes.
Icnofósiles: Las huellas del pasado
No solo vimos rocas; en muchas de estas placas apreciamos icnofósiles o fósiles de traza. No son restos orgánicos directos, sino las huellas fosilizadas de la actividad de invertebrados (túneles, galerías y rastros de alimentación) que habitaban la calma de los fondos marinos antes de ser sepultados por la siguiente avalancha de arena.