Salida 26 de noviembre 2025
Subida circular desde el cruce de Navasa hacia Orante por la colina divisoria y vuelta por pista paralela al Canfranero.
Refrescaba pero enseguida nos calentó el sol. La subida por la divisoria se hizo fácil y agradable. El suelo escarchado con abundante vegetación mediterránea, aliagas, tomillo y erizones, crepitaba y se dejaba progresar bien, el barro helado dejaba el suelo firme. En la parte alta vimos que no quedaban bellotas debajo de espectaculares Caxicos, Quercus faginea, que desplegaban largas ramas horizontales en busca de orientación sur, jugando al equilibrio y resistencia. Seguramente los jabalís habrían hecho limpieza, sobre ellos había abundante líquenes, que sería uno de los temas de la salida.
Los líquenes no son un solo organismo, sino una simbiosis perfecta entre un hongo (que da estructura y protección) y un alga o cianobacteria (que realiza la fotosíntesis y aporta alimento). Son los primeros en llegar a la roca desnuda donde nadie más puede vivir.
Se dividen principalmente en tres grupos según su forma:
Crustáceos: Son esas manchas de colores variopintos (naranjas, grises, verdes) que parecen "pintadas" o pegadas a la piedra. Son imposibles de separar de ella sin romperla.
Foliosos: Tienen forma de pequeñas hojas o lóbulos que se despegan ligeramente de la superficie.
Fruticulosos: Parecen pequeños arbustos o barbas colgantes, como el famoso "musgo" de los árboles que en realidad es un liquen.
¿Cómo fabrican suelo?
Los líquenes crustáceos realizan un trabajo esencial de meteorización durante millones de años. Degradan la roca mediante sus hifas (los filamentos del hongo que penetran en las microfisuras) y mediante la segregación de ácidos liquénicos. Este proceso rompe la piedra físicamente y la disuelve químicamente, creando las primeras partículas orgánicas: el inicio del suelo.
Una vez que los líquenes han creado una mínima capa de sustrato y retenido algo de humedad, aparecen las briofitas. Estas plantas son muy sencillas, no tienen raíces verdaderas ni vasos conductores complejos.
Musgos: Forman densas alfombras que actúan como esponjas, reteniendo el agua de lluvia.
Hepáticas: Plantas verdes y planas que suelen crecer en zonas muy húmedas y sombrías de las rocas.
Con el suelo creado por líquenes y musgos, la vida da un salto de gigante:
Plantas Rupícolas: Son especialistas en vivir en las grietas (como el té de roca o las coronas de rey que vemos por el Pirineo). Sus raíces aprovechan el escaso suelo acumulado en las fisuras.
Plantas Vasculares: Finalmente, helechos y plantas con flores más grandes pueden asentarse. Sus raíces terminan de romper la roca, acelerando la formación del bosque que vemos hoy.
Estrategia de dispersión (La estepa): Su nombre, "corredor", se debe a una ingeniosa estrategia de supervivencia. Al morir y secarse en otoño, el tallo se vuelve quebradizo y se rompe por la base. Gracias a su forma esférica, la planta rueda con el viento por los campos de Jaca, dispersando miles de semillas a su paso. A las plantas que utilizan este método se las conoce técnicamente como estepicursores.
La flor: Lo que parecen flores individuales son en realidad umbelas muy apretadas que forman una estructura compacta y protegida por brácteas espinosas para evitar que el ganado se las coma.
¿Simbiosis o parasitismo? A diferencia de los níscalos (que ayudan al pino), la seta de cardo es en realidad un parásito débil o saprófito de la raíz del cardo corredor. El hongo aprovecha las raíces del cardo cuando la planta empieza a debilitarse o morir para alimentarse de su materia orgánica.
¿Dónde buscarla? Por eso, nunca encontraremos setas de cardo en un bosque cerrado. Debemos buscarlas en terrenos abiertos, pastizales y bordes de caminos donde el cardo corredor sea abundante.
Identificación: Tiene un color que va del marrón claro al crema, láminas que bajan por el pie (decurrentes) y una carne blanca y firme con un olor fúngico muy agradable.