Salida 5 de noviembre 2025
Bonita circular al monte Boalar desde el cruce de Atarés. Subida paralelos a la carretera por el norte del monte de Boalar en dirección a Santa Cruz, para girar luego a la izquierda adentrándose en el bosque. El descenso comienza después por la cara sur, por un sendero con zetas fáciles y bien marcadas y bonitas vistas a la Torre del Moro. El bosque, dominado por los caxicos y pinos silvestres estaba otoñal creando mosaico de colores.
Un tocón en el bosque me recordó la curiosidad de que un árbol talado puede estar muerto y vivo a la vez. Se ha observado que algunos tocones de árboles en el bosque sobreviven y no se pudren. Está científicamente probado que por medio de las micorrizas los árboles son capaces de aportar nutrientes a aquellos que ya no pueden hacer la fotosíntesis, ya sea porque el hombre los ha talado, porque son pequeños descendientes y no les llega el sol o por estar enfermos.
Esta colaboración sucede mucho con las Hayas, Fagus silvatica, en el bosque de hayas los adultos llegan a tamizar completamente la luz y pocas especies pueden sobrevivir debajo - excepto el Boj, Buxus sempervivens, que como vemos en nuestros bosques pirenaicos se ha adaptado perfectamente a sacar el máximo provecho de la luz en otoño e invierno, cuando las hayas han dejado caer sus hojas. Las hayas reconocen a sus congéneres aportándoles nutrientes y ayudándoles a seguir vivos. Esta situación continuará hasta que eventualmente un haya vieja caiga dejando paso a que algún joven tape esa brecha del bosque. Aquí, el beneficio es tanto para la supervivencia de la especie como para ayudar a generar un ambiente húmedo y beneficioso propio de estos bosques.
Pero, ¿qué pasa con los tocones?, ¿para qué mantenerlos vivos?, ¿qué aportan a la comunidad del bosque?. La respuesta reside en el suelo, en el gran entramado de raíces y micorrizas que como una gran red colaborativa se usa para transmitir información, nutrientes, etc. Si un individuo de esta red muere afectaría negativamente al resto, por lo tanto al bosque le interesará mantener vivo a sus miembros, facilitando el flujo de información y nutrientes. Resumiendo entonces, aunque exista una fuerte competencia en el bosque por la luz y el espacio vital, imperando la ley del más fuerte, también hay ayuda y colaboración. Como afirma Peter Wohleben en La vida secreta de los árboles:
"Pero ¿por qué los árboles son seres sociales?, ¿por qué comparten sus alimentos con ejemplares de su misma especie y miman a sus competidores? Las razones son las mismas que en la sociedad humana: porque juntos funcionan mejor"