Historia del plantel educativo
"LIC. ALFREDO V. BONFIL PINTO"
09DPR3101G
"LIC. ALFREDO V. BONFIL PINTO"
09DPR3101G
FECHA DE FUNDACIÓN: 26 DE OCTUBRE DE 1974
La Villa de Guadalupe
El Antiguo Lago de Texcoco y la memoria de Santiago Atzacoalco
La fotografía que acompaña este relato fue obtenida del libro La Villa de Guadalupe, del historiador Horacio Sentíes, editado por el entonces Departamento del Distrito Federal. La imagen corresponde a los primeros años del siglo XX y fue tomada desde el exvoto de El Calvario, ubicado en el cerro Del Guerrero, en cuyas faldas se encuentra actualmente la colonia Gabriel Hernández.
La vista está orientada hacia el oriente y permite apreciar la inmensidad del antiguo Lago de Texcoco, así como diversos elementos que formaban parte del paisaje y de la infraestructura de la época. En la parte inferior izquierda se observa la vía del ferrocarril El Mexicano.
Hacia el lago se distingue la antigua carretera México-Pachuca, hoy avenida Centenario:
La vía del Ferrocarril Hidalgo; el Canal de Santa Coleta, actualmente avenida Eduardo Molina
El Gran Canal, hoy Bulevar Gran Canal, identificado por la línea de árboles que lo acompañaba
Y, finalmente, la ribera del Lago de Texcoco, a la altura de lo que hoy es la avenida León de los Aldama, en la colonia San Felipe de Jesús, lugar que también fue atravesado por un canal.
Con la siguiente narración, tomada textualmente del cronista Mario Moreno Sánchez†, originario del pueblo de Santiago Atzacoalco y titulada "El Antiguo Lago de Texcoco", iniciamos una serie de relatos dedicados a rescatar la historia de Santiago Atzacoalco, del barrio 25 de Julio y de los extensos territorios que antiguamente conformaban esta región.
Estas historias provienen de memorias, testimonios y recuerdos de sus habitantes, preservados tanto de manera escrita como oral y transmitidos de generación en generación. Su difusión tiene como propósito contribuir a la conservación del patrimonio histórico y cultural de esta importante zona del norte de la Ciudad de México.
La caza se realizaba mediante las llamadas 'armadas', un conjunto de cañones cargados con pólvora y municiones que se disparaban simultáneamente cuando una gran parvada se reunía, llegando a abatir cientos e incluso más de mil patos en una sola descarga. Otras personas utilizaban rifles o escopetas de chispa para cazarlos.
Los patos formaban parte de la alimentación cotidiana y se preparaban de diversas maneras, especialmente en pipián o en caldo, platillos muy apreciados por su sabor.
Otra ave acuática que llegaba al lago por miles era el chichicuilote. Arribaba durante el mes de julio y permanecía hasta principios de octubre. Se trataba de un ave zancuda de aproximadamente diez centímetros de altura, de pico largo, lomo pardo, pecho blanco y un canto muy característico.
Al igual que los patos, los chichicuilotes eran cazados mediante armadas o con escopeta. Posteriormente se vendían tanto en la Ciudad de México como en los pueblos cercanos, generalmente por docenas, formando pequeños atados para quienes no practicaban la caza.
De esta tradición surgió uno de los pregones más conocidos de la ciudad: '¡Compren los chichicuilotitos, marchanta!'.
Estas aves eran muy apreciadas por su sabor y se consumían hervidas, fritas o preparadas en diversos guisos.
Además de patos y chichicuilotes, llegaban al lago..."
La historia de la iglesia de la colonia 25 de Julio, perteneciente a la zona urbana ejidal de Santiago Atzacoalco, en la entonces Delegación Gustavo A. Madero del Distrito Federal, está estrechamente ligada al nacimiento y desarrollo de esta comunidad.
El domingo 15 de abril de 1956, en la escuela de Santiago Atzacoalco, se llevó a cabo una asamblea presidida por un representante del entonces Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización. Durante esta reunión se realizó el sorteo para la asignación de los lotes urbanos destinados tanto a los ejidatarios como a los avecindados de la nueva colonia, establecida sobre terrenos pertenecientes al ejido de Atzacoalco.
En aquel entonces, el terreno se encontraba completamente baldío, lo que permitió realizar una planeación ordenada del asentamiento. A cada uno de los 67 ejidatarios se le asignó un solar de 1,000 metros cuadrados, mientras que a los avecindados les correspondieron lotes de 500 metros cuadrados.
Además de los espacios destinados para vivienda, la colonia fue proyectada con áreas para el desarrollo comunitario, reservándose terrenos para un mercado, un campo deportivo, un jardín, una escuela, la oficina del Comisariado Ejidal y tres lotes contiguos de 25 metros de frente por 40 metros de fondo cada uno, que en conjunto conformaban un predio de 3,000 metros cuadrados destinado a los servicios públicos que la comunidad pudiera requerir en el futuro.
Una vez que las calles recibieron su nomenclatura, este terreno quedó delimitado al norte por la calle Primero de Mayo, al sur por la avenida Ejido, al oriente por terrenos ejidales y al poniente por la entonces calle del Estudiante, hoy Benito Juárez.
En agosto de 1961, con motivo del cambio de autoridades ejidales, fueron electos como presidente, secretario y tesorero los señores Juan Camacho García, Joaquín Arellano Fiesco y Pedro Gallo Alarcón, respectivamente. Cabe mencionar que, al momento de redactarse este testimonio, los dos últimos ya habían fallecido.
Fue precisamente esta nueva mesa directiva, junto con varios ejidatarios de la colonia, la que tomó la decisión de destinar el lote número 99, manzana 11, con una superficie de 1,000 metros cuadrados, ubicado en la esquina de avenida Ejido y calle del Estudiante, para la construcción de la iglesia de la colonia. Este acuerdo se tomó alrededor del mes de marzo de 1962.
La propuesta fue recibida con el respaldo unánime de los ejidatarios, quienes, siendo en su mayoría de religión católica, reconocían la importancia de contar con un espacio para la vida espiritual y la convivencia de la comunidad.
Con gran entusiasmo y de acuerdo con las posibilidades económicas de cada familia, los habitantes comenzaron a aportar recursos para hacer realidad este proyecto. Gracias al esfuerzo colectivo fue posible construir una capilla provisional, con una estructura sencilla y techo de lámina de cartón, de aproximadamente 15 metros de largo por 7 metros de ancho.
En este modesto recinto comenzaron a celebrarse las primeras misas dominicales, oficiadas por diversos sacerdotes que, de manera solidaria, acudían a atender espiritualmente a la naciente comunidad. Entre ellos se recuerda al padre Bernardo, de la colonia Nueva Atzacoalco; al padre Santa María, del pueblo de Santiago Atzacoalco; al padre Alfredo, quien posteriormente fue trasladado al estado de Querétaro; así como a otro sacerdote que viajaba desde Xochimilco para celebrar la Eucaristía.
Con el paso del tiempo también brindó su apoyo el padre Nicolás, primer párroco de la parroquia de San Felipe de Jesús. Asimismo, acudía un sacerdote de origen español, de apellido Padilla, quien colaboraba estrechamente con el padre Jesús López Casillas, sacerdote que años más tarde sería párroco de esta comunidad y que, en aquella época, se desempeñaba como párroco de la colonia Vasco de Quiroga.
Aquellas primeras celebraciones religiosas, realizadas en una sencilla capilla construida con el esfuerzo de los propios vecinos, representan el origen de la actual iglesia "Señor de la Cañita y Santiago Apóstol", símbolo de la fe, la solidaridad y el trabajo comunitario que distinguieron desde sus inicios a los habitantes de la colonia 25 de Julio.
La historia de una escuela no puede comprenderse sin conocer la historia de la comunidad en la que se encuentra. Cada colonia, barrio o pueblo conserva acontecimientos que explican el origen de sus instituciones y la forma en que sus habitantes han construido un sentido de identidad y pertenencia. La Escuela Primaria "Lic. Alfredo V. Bonfil Pinto" forma parte de esa historia, ya que desde hace varias décadas ha acompañado el crecimiento de niñas, niños y familias de la Colonia 25 de Julio, ubicada en la Alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México.
Conocer los antecedentes de esta colonia permite comprender cómo un antiguo territorio ejidal se transformó en una comunidad urbana organizada, donde la participación de sus habitantes hizo posible la construcción de viviendas, calles, espacios públicos, centros religiosos y escuelas. Entre estas instituciones destaca la Escuela Primaria "Lic. Alfredo V. Bonfil Pinto", que desde su creación ha contribuido a la formación académica y humana de varias generaciones.
Mucho antes de que existiera la Colonia 25 de Julio, este territorio formaba parte del antiguo pueblo de Santiago Atzacoalco, considerado uno de los asentamientos más antiguos del norte del Valle de México.
El nombre Atzacoalco proviene del idioma náhuatl y puede interpretarse como "lugar donde el agua se detiene entre los zacates". Este significado refleja las características naturales que tenía la región hace varios siglos, cuando estaba rodeada por lagunas, canales y extensas áreas cubiertas por vegetación propia de los humedales.
Durante la época prehispánica, los habitantes de esta zona desarrollaron actividades relacionadas con la agricultura y aprovecharon los recursos naturales que ofrecía el entorno lacustre.
Después de la conquista española, los frailes franciscanos iniciaron la evangelización del pueblo y construyeron el templo dedicado al apóstol Santiago, motivo por el cual el lugar recibió el nombre de Santiago Atzacoalco.
Durante varios siglos, la población conservó una forma de vida principalmente agrícola. Las familias cultivaban maíz, frijol, haba y diversas hortalizas, además de criar animales para el consumo familiar.
Estas actividades permitieron el desarrollo económico y social del pueblo durante gran parte de su historia.
Después de la Revolución Mexicana, el reparto agrario permitió que numerosas familias recibieran tierras para su cultivo. En Santiago Atzacoalco se constituyeron importantes ejidos que fueron trabajados durante muchos años por campesinos de la comunidad.
Sin embargo, el crecimiento de la Ciudad de México provocó que estas tierras comenzaran a transformarse gradualmente en zonas habitacionales. Muchas familias buscaban un lugar donde establecer su vivienda, mientras que las autoridades impulsaban nuevos proyectos de urbanización para atender el crecimiento de la población.
En este contexto surgió la necesidad de organizar el aprovechamiento de los terrenos ejidales y planear la construcción de una nueva colonia.
Uno de los acontecimientos más importantes ocurrió el 15 de abril de 1956, cuando ejidatarios, habitantes y autoridades participaron en el sorteo de los primeros lotes destinados a formar la nueva colonia.
Este momento representó el inicio formal de la comunidad. Cada familia recibió un terreno donde posteriormente construiría su vivienda. Desde el principio también se destinaron espacios para servicios públicos indispensables, como escuelas, áreas verdes, mercados, zonas deportivas y edificios comunitarios.
La nueva colonia recibió el nombre de 25 de Julio en honor a la festividad de Santiago Apóstol, patrono del antiguo pueblo de Santiago Atzacoalco, cuya celebración religiosa se realiza precisamente el 25 de julio de cada año. De esta manera, el nombre de la colonia conservó el vínculo histórico con las raíces del pueblo originario.
Los primeros años de la colonia
Las primeras familias encontraron un lugar muy diferente al que hoy conocemos. La mayor parte del terreno era de tierra y aún no existían calles pavimentadas, alumbrado público, drenaje suficiente ni servicios urbanos completos.
Los vecinos participaron activamente en la construcción de su comunidad. Mediante jornadas de trabajo colectivo y cooperación vecinal abrieron calles, mejoraron caminos y gestionaron ante las autoridades la instalación de agua potable, energía eléctrica y otros servicios básicos.
Poco a poco comenzaron a establecerse comercios, centros de salud, espacios recreativos y escuelas. Cada nueva obra representaba un logro colectivo que fortalecía el sentido de pertenencia entre los habitantes.
Desde los primeros años de vida de la colonia, las familias comprendieron que la educación sería uno de los pilares para el desarrollo de las nuevas generaciones.
El aumento constante de la población infantil hizo necesario construir más escuelas públicas que permitieran atender a todos los niños de la comunidad.
La educación representaba una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de las familias y fortalecer el crecimiento de la colonia.
Por ello, las autoridades educativas planearon la creación de nuevos planteles que respondieran a las necesidades de una población en constante crecimiento.
Dentro de este proceso de expansión educativa surgió la Escuela Primaria "Lic. Alfredo V. Bonfil Pinto", cuya apertura administrativa quedó registrada el 26 DE OCTUBRE DE 1974
La escuela fue creada para brindar educación primaria a las niñas y niños de la Colonia 25 de Julio y de las comunidades cercanas. Su establecimiento permitió acercar el servicio educativo a cientos de familias, evitando largos desplazamientos hacia otros planteles.
Desde sus primeros años, la escuela se convirtió en un espacio de aprendizaje, convivencia y participación comunitaria. Generaciones completas de estudiantes han pasado por sus aulas, fortaleciendo los vínculos entre la institución y la comunidad.
Con el paso del tiempo, el plantel ha experimentado diversas mejoras en infraestructura, organización y servicios educativos, siempre con el propósito de ofrecer mejores oportunidades de aprendizaje a sus estudiantes.
La escuela lleva el nombre de Lic. Alfredo V. Bonfil Pinto, una figura reconocida por su compromiso con el desarrollo del campo mexicano y la defensa de los derechos de los ejidatarios.
Su trabajo estuvo orientado al fortalecimiento de las comunidades rurales y al impulso de políticas que favorecieran a los productores agrícolas.
Debido a su destacada trayectoria, numerosas instituciones educativas y espacios públicos adoptaron su nombre como reconocimiento a su contribución al desarrollo social del país.
La elección de este nombre guarda una relación significativa con la historia de la Colonia 25 de Julio, ya que ambas tienen su origen en antiguos terrenos ejidales que formaron parte del proceso de transformación urbana de Santiago Atzacoalco.
A lo largo de más de cuatro décadas, la Escuela Primaria "Lic. Alfredo V. Bonfil Pinto" ha acompañado el crecimiento de la comunidad. No solamente ha sido un espacio para la enseñanza de conocimientos, sino también un lugar donde se fortalecen valores como el respeto, la solidaridad, la responsabilidad y la participación ciudadana.
Miles de estudiantes han iniciado aquí su formación académica y posteriormente han continuado sus estudios en distintos niveles educativos, llevando consigo los aprendizajes adquiridos durante su paso por la institución.
La participación constante de madres, padres de familia, docentes, personal de apoyo y directivos ha permitido consolidar una comunidad educativa comprometida con el bienestar de la niñez.
Parte de la información contenida a sido recopilada por personas que viven en la colonia y ex estudiantes y trabajadores, asi como información obtenida de https://colonia25dejulio.wordpress.com/ . Si tienes una historia que aportar, fotografía o incluso imagenes de libretas, libros... escribenos a bonfilpintoredes@gmail.com y envianos el aporte que te gustaría fuera publicado en nuestra página y se parte de la historia