Soy, créanme, muy joven aún. No obstante, ya he presenciado varios sucesos históricos: vi caer a mazazos el muro de Berlín a manos de los ciudadanos alemanes; estuve en el mundo antes y después de Internet; estuve antes y después de la clonación; Y atravesé, sin que nada extraño ocurra, un cambio de siglo y de milenio.
Entre estos, y algunos otros acontecimientos, he vivido.
Pero en mi corta vida, también he sido testigo horrorizado de actos funestos desatados por la ignorancia más extrema, que es la intolerancia. El terrorismo mundial, enfermo de prejuicios ignorantes, continúa con sus crímenes espantosos, y en el nombre de sus causas y de sus culturas, se cometen acciones que no tienen nombre.
Sin embargo, no estoy de acuerdo, de ninguna manera, con el presidente Bush hijo, que afirmó, en su discurso, que esto se trataba de “una lucha del bien contra el mal”. Obviemos la discusión sobre si el autor de los atentados representa el mal. ¿Hay alguien que seriamente pueda estar de acuerdo con la idea de que los Estados Unidos es el bien?. ¿Existe acaso un lugar, fuera de las súper-producciones de Hollywood, donde los EE.UU. personifiquen el bien?.
En el atentado sufrido por los estados unidos han muerto miles de personas y eso es doloroso. Pero también es doloroso el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki, el hecho más horrible de la historia; también es penoso ver al pueblo cubano padeciendo un bloqueo inhumano impuesto por capricho; y también es doloroso darse cuenta que en el mundo, cuando se creía lejana la época de los conflictos bélicos –al menos yo, ilusamente lo creía-, el odio injustificado y desmedido -¿acaso puede ser de otra manera el odio?- continúa vigente y amenaza con crear nuevas guerras, nuevos banquetes para los cuervos.
Es probable que no exista otra cosa en la que esté de acuerdo con Fidel Castro a excepción de los fragmentos televisados de su discurso. En ese discurso se “solidariza con el pueblo de los Estados Unidos” y les ofrece “la ayuda humana que sea necesaria, como médicos y cirujanos”. Asimismo, es interesante escuchar lo que dice sobre “la política de muerte” que ejerce el país norteamericano. Insisto, es posible que no exista otra cosa en la que yo esté de acuerdo con el mandatario cubano, pero en esas palabras en particular hay algo de grandeza.
Sólo queda esperar que las cosas no se confundan y que no se cree un fanatismo para combatir a otro fanatismo. En los EE.UU., luego del atentado, se ha registrado la mayor venta de banderas de toda su historia. Ese no es un buen síntoma, eso es, al mismo tiempo, un fanatismo.
No nos dejemos distraer y tengamos en cuenta que el principal sospechoso de atentar contra las torres del poder capitalista, es un demonio engendrado para uso personal por quienes hoy intentan cazarlo.
Los ciudadanos desaparecidos en este hecho repulsivo, sus familiares, el pueblo estadounidense todo, son hoy, víctimas de un terrorismo salvaje, es cierto; pero, además, son víctimas de la metódica intervención en todo; de las decisiones que se toman en lugar de otro; de las decisiones que se toman sin consultar a nadie; y de las decisiones que se toman en contra de quien se oponga, incluso en contra del mundo entero; en fin, son víctimas de gobiernos con políticas imperialistas.
Absolutamente nada justifica un ataque terrorista, nadie hay peor que los asesinos de los que estamos hablando. El infierno sea con ellos y con sus despreciables espíritus.