THE FINAL COUNTDOWN (CHALLENGER 1986)

El rugido del motor principal a su máxima potencia ensordeció a los siete tripulantes cuando se encendió, a seis segundos del despegue. La décima misión del Challenger está siendo lanzada algunos minutos después de las once y media, luego de dos aplazamientos por problemas técnicos. Ahora que todo está en marcha, que el ruido y la concentración son extremos, nadie parece recordar el hielo en la plataforma que preocupó durante la fría mañana; esos bloques de hielo que no parecían oportunos.

Ahora estamos alejándonos del planeta, y ya no es el hielo lo que nos comprime el estómago, sino todo lo demás, todo lo que puede preocuparnos, y la inercia colaborando en la opresión.

Hemos superado la barrera del sonido, han sido los 36 segundos más largos de mi vida y sin embargo nunca jamás he recorrido una distancia semejante en tan corto tiempo. Las pruebas y los exámenes para medir la resistencia a la fuerza G y todo lo que implica un viaje como éste no me resultan, ahora, ni siquiera parecidos a lo que estoy padeciendo.

…¿Qué era aquello que habían advertido a la NASA los fabricantes de los cohetes impulsores?... Algo relacionado con las juntas de goma y las bajas temperaturas…No sé por qué me distraigo en pensamientos… debería acaso disfrutar de lo que me está ocurriendo, a pesar de la incomodidad. Mi familia está observando desde el mirador, mis alumnos, estarán felices imaginando mi felicidad.

El Challenger oscila gravemente en su ruta de vuelo, un viento violento nos impacta de costado, el sistema guía de navegación y control de a bordo comunica la desviación y ordena compensar la variación a los sistemas de potencia de los impulsores. Desde el control indican máxima potencia y el comandante de la misión repite antes de ejecutar “máxima potencia”. La tensión aerodinámica está en su punto máximo. El trasbordador lleva volando setenta y dos segundos y por una serie de detalles, que luego investigaran, está despedazándose y envuelto en fuego. Ya no sé si he sobrevivido a la explosión, pero de todos modos ninguno de mis compañeros ni yo sobreviviremos a la presión aerodinámica. Creo haber escuchado un grito del piloto, nadie ha podido decir nada por radio. La cabina está cayendo sobre el océano atlántico, pero ya no me preocupa, hace un rato he dejado de preocuparme, que no siento la panza comprimida… que no pienso en el hielo.