Por Rubén Parra
Objetivo:
Animar a los hermanos a reconocer las bendiciones dadas por Dios en su vida y ser motivo de bendición para los que los rodean.
Texto base:
Salmos 103,1-5
«De David.
Bendice al Señor, alma mía, alabe todo mi ser su santo Nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios
El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias
rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura,
satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como el águila»
Hemos estado reflexionando estos en días anteriores, sobre las tres virtudes teologales que hemos recibido desde nuestro bautismo, la fe, la esperanza y el amor, el día de hoy reflexionaremos a la luz de la Palabra de Dios y en la experiencia de vida de cada uno que somos bendecidos para bendecir.
En todo tiempo, dice el Salmo 34 que debemos bendecir al Señor (cf. Sal 34,1). Y ¿Qué significa bendecir?, según el diccionario bendecir significa que la palabra bendecir proviene del latín benedicĕre, que significa "decir bien" o "hablar bien”, es por ello que bendecir al Señor, es reconocer lo que Él ha hecho, es hablar bien del Señor, por ejemplo: Dios es amor, Dios es bueno, es compasivo, misericordioso, poderoso, Él es grande, admirable, magnífico, Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente, etc. Como dice el Salmo 145,3: “Grande es el Señor, muy digno de alabanza, y no puede medirse su grandeza.”
Entonces primeramente es reconocer los atributos del Señor, lo que él es, para después reconocer lo que él ha hecho en nosotros.
En este momento, de manera espontánea y en el espíritu, bendice al Señor, ahí en dónde estás, reconoce lo que Él es, más allá de lo que él ha hecho en tu vida
En el Salmo 103 el rey David nos habla de una manera sublime de cómo reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros; leámoslo y reflexionemos estos versículos:
Salmos 103,1-5
«De David.
Bendice al Señor, alma mía, alabe todo mi ser su santo Nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios
El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias
rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura,
satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como el águila»
Si reflexionamos cada uno de estos versículos del Salmo 103, podremos reconocer que el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros.
Aquí el salmista nos vuelve a recordar e invita a que nuestra alma bendiga al Señor, que bendiga su santo Nombre y nos invita a no olvidar ninguno de sus beneficios, ¿Cuáles son esos beneficios?, en tu vida mi hermano, hermana, ¿reconoces lo que el Señor ha hecho por ti? ¿nos hemos dado cuenta de que aún en momentos de dificultas, Él está cuidándonos?
Reflexionemos que dice el salmo:
1. El perdona todas nuestras culpas
a. Él es bueno y misericordioso, perdona nuestras culpas, cuando confesamos nuestros pecados, es promesa de Dios que nos perdonará.
b. El único pecado que no se perdona, es el que no se confiesa, el que no se reconoce
c. En un momento de silencio, reconozcamos nuestras faltas, y Dios que es rico en misericordia nos perdonará, así lo dice su Palabra en Efesios 2,4-5: “Pero Dios es rico en misericordia: ¡con qué amor tan inmenso nos amó! Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia ustedes han sido salvados!”
2. El cura todas tus dolencias
a. El Señor es nuestro sanador, así lo reconocían en Moisés ante su pueblo, Éxodo 15,26: Y dijo: «Si de veras escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy Yahveh, el que te sana.»
b. En este momento en oración pongamos nuestras dolencias a los pies de Cristo
c. En este momento de manera espontánea, pon ante el Señor todas tus por sus dolencias, tus sus enfermedades y él que es bueno, nos sanará.
3. Rescata tu vida de la fosa
a. En momentos de angustia y adversidad el Señor nos rescata, porque él es nuestro refugio y salvación, por eso nada debemos temer.
b. El Salmo 27,1 nos dice: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré?”
4. Te corona de amor y ternura
a. Así como el hijo pródigo (cf. Lc 15) cuando nos volvemos al Padre, de igual manera, Papá Dios a nosotros nos recibe y nos corona de amor y ternura, esto quiere decir, que nos devuelve la dignidad de hijos e hijas de Dios.
b. Dejémonos abrazar por el amor inagotable del Padre que tiene para cada uno de nosotros
5. Satura de bienes tu existencia
a. ¿No te ha pasado que, en vez de tener pensamientos de bendición, estamos saturados de pensamientos negativos, pensamientos de angustia, pensamientos de catástrofe y calamidad?
b. Bueno, el Señor tiene pensamientos hacia nosotros de manera muy distinta a la nuestra, mira lo que dice Jeremías 29,11: “que bien me sé los pensamientos que pienso de ustedes; pensamientos de paz, y no desgracia, y un porvenir lleno de esperanza”
c. Sometamos todos nuestros pensamientos a los pies de Jesús, a los pies de su cruz
6. Renueva tu juventud como el águila
a. Los que confían en el Señor, dice su Palabra, renovarán sus fuerzas como las del águila, Isaías 40,31 nos dice: “los que en El confían recuperan fuerzas, y les crecen alas como de águilas. Correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse”
b. Nuestra fuerza está en el Señor, si queremos bendecir a nuestra familia, en esos momentos de desesperación y angustia, recobremos fuerzas en el Señor, que él nos dará las fuerzas para seguir adelante, confiemos en él.
Efectivamente, primero que nada, para bendecir a otros, es necesario primeramente bendecir al Señor en todo tiempo y reconocer lo que Él hace por nosotros, así de esa manera nuestra vida estará llena de bendición para otros, otros verán que aún de las pruebas cotidianas, en el Señor confiamos y somos bendecidos por él.
Bendecir y no maldecir a aquellos que nos han engañado, a aquellos que nos han defraudado, a aquellos que nos han hecho algún mal, pero será que nosotros ¿no hemos engañado a nadie?, será que ¿no hemos defraudado a nadie? Que ¿no hemos hecho ningún mal a nadie?
Es necesario que, de ahora en adelante, aunque nos cueste, bendigamos y no maldigamos, oremos y bendigamos a todos aquellos que creemos nos han hecho algún daño y nos han ofendido, así como pedir perdón al Señor por haber ofendido (maldecido) a otros.
Oremos con este pasaje bíblico:
Tobías 12,6
Pero el ángel, tomándolos aparte, les dijo:
«Bendigan a Dios,
denle gracias y proclamen su grandeza
ante todos los vivientes por lo que hizo en favor de ustedes.
Conviene bendecir a Dios,
celebrar su Nombre y revelar sus obras.
No demoren en darle gracias»