Por Ana Sampaolesi
LUNA VONO
Luna es estudiante de la Licenciatura de Artes Visuales de la UNA y compañera de varios de los integrantes de ARS. Desde comienzos de este año participa de la revista en el área de redes y difusión. Su especialidad es la comunicación, especialmente a través de imágenes. Su obra recorre múltiples lenguajes, donde lo constante es la experimentación con distintas técnicas y materiales.
Hace doce años incursionó en la fotografía, en un comienzo digital y luego analógica. Sus fotos rápidamente nos transportan a lugares íntimos donde el tiempo se detiene y queda atrapado en la imagen. Luna relata que para ella la fotografía y la pintura son disciplinas muy distintas, pero que en este tiempo descubrió una vinculación interesante. La pintura refiere generalmente a la creación de una imagen desde cero, en la hoja en blanco a partir de la cual se construye una realidad nueva. En cambio, en la fotografía las escenas se le presentan, son imágenes que están ahí y ella elige tomar.
Según sus propias palabras: “siento que en la foto la obra ya está acabada, no necesita nada más. Entonces me resultó siempre aburrido y sin sentido replicar esas fotos en la pintura”. Siguiendo esta reflexión y después de trabajar mucho tiempo con imágenes ajenas, comenzó a utilizar sus propias fotografías como referencia inicial y disparadoras para pintar.
Allí descubrió algo nuevo: no estaba pintando sus fotos, sino las sensaciones que esas imágenes le producen y el recuerdo de esos momentos. Su proceso se vincula estrechamente con lo vivido, la experiencia y las imágenes que se imprimen en nuestra memoria. En sintonía con esta búsqueda sus trabajos no pretenden repetir una imagen fotográfica, sino que se encuentran atravesados por aquello que la fotografía le recuerda, como testigos de un lugar y un tiempo.
Encontramos en sus obras realizadas en tinta un reflejo de esto que nos relata. La esencia imprecisa e incontrolable del agua le permite jugar con lo incierto, creando imágenes borrosas que se asemejan mucho a la manera en que se imprimen los recuerdos. Ya que la memoria muchas veces no guarda imágenes fijas, sino impresiones confusas manchadas de color y luz. Estas obras juegan con lo azaroso y la nostalgia de reconocer momentos que se van diluyendo, donde ya nos cuesta identificar rostros y detalles.
Recorriendo su obra, llegamos al libro Azul nostalgia el cuál se asemeja a un álbum de fotos. Es un verdadero relato donde descubrimos paisajes, detalles del interior de una casa, siluetas sumergidas en el agua o la naturaleza. Vemos la superposición de capas, texturas y manchas, y la elección del color azul en la mayoría de sus trabajos no es casual sino que agrega un sentimiento melancólico.
El agua y la tinta se mezclan con algunos trazos mas definidos en tiza pastel, la cual en algunas oportunidades también humedece creando un registro del pigmento muy singular. Reconocemos a Luna en toda su obra, su línea tan particular que además de una búsqueda gráfica, refleja su forma de hacer y construir imágenes. Comenzar con algunas manchas que se van fundiendo con líneas, texturas que van intercalándose con elementos figurativos más reconocibles. Se trata de recuerdos fragmentados que se van componiendo de múltiples recursos plásticos, cuya intención es remitirnos a una imagen que aún no está construida en su totalidad permitiéndonos completarla como espectadores...